Almas torcidas
Almas torcidas (parte 1)
-No hay orden sin desorden- la nota estaba enmarcada encima del pizarrón, donde acostumbraba a enlazar hilos de color rojo que cruzaban de un lado hacia el otro atravesando las pistas encontradas para terminar uniéndose una a una ayudando a determinar posibles sospechosos mientras desarrollaba las investigaciones, como el de hace un año que aún, viendo hacia la fotografía en blanco y negro del cadáver de una mujer con sus ojos bien abiertos ahogada bajo el agua de una bañera, lo atormenta por no haberlo podido resolver. Su padre, comisario retirado, repetía esa frase sin cesar cuando el detective era apenas un niño.
Con los años entendió sus palabras, el orden era la gente común y el desorden era traído por todos los criminales.
"Toda muerte antinatural en cierta forma encierra un acto criminal, quizás algo de la infancia, quizás algo turbio y enfermo de adulto. Pero unidos en un mismo y escabroso destino." También decía su padre.
Lejos de tener un aire caballeresco como Sherlock Holmes el Detective se entregaba todas las noches, entre una melancolía absoluta, a las seductoras garras del alcohol y despertaba todas las mañanas envuelto en una terrible resaca sosteniendo una vieja foto en una mano y el vaso vacío en la otra. Cargaba con la angustia de tener una hija a la cual casi no veía.
Culpa de vivir en una casa solitaria para poder estimular el pensamiento criminal ¿Quien en su sano juicio comete crímenes y se junta con personas que no lo entienden? El detective tiene que ser como el gato y cada criminal el ratón por atrapar. Debe poseer una rutina diferente a otros que lo ayuden a comprender esa encrucijada mental de alguien mucho más inteligente que cualquier otra persona y para lograr ese efecto debe dejar atrás la luz del día y sumergirse en el territorio de las sombras donde los criminales caminan tranquilamente. Donde se alimentan de víctimas inocentes, dónde pueden erigir sus propias reglas y descifrar esos perversos enigmas, ocultos en la perpetua oscuridad de sus ojos.
Por eso no lo sorprendió cuando, a través de la gentil operadora de Unión Telefónica, sonó su teléfono sin disco. Porque el sistema moderno aceptado como orden siempre tiene una falla, una horrible y a veces sangrienta adulteración, llamada desorden, que alimenta las páginas de los diarios con largas crónicas policiales sin respetar épocas del año, como este diciembre, tan cercano a la Nochebuena.
Ahora era totalmente diferente, era sobre una desaparición ocurrida hace más de veinte años.
Un excéntrico millonario, sabiendo que la investigación por su pequeña hija secuestrada jamás avanzó en el tiempo, ni tampoco encontró algún responsable directo, temiendo que la policía sea corrupta, decide contratar a un detective privado para poder terminar con su condena de continuar la vida sin tener noticias sobre ella.
El detective llegó al Castillo, de los pocos que quedaban en el país, ubicado en las afueras de Buenos Aires, cerca de Luján y descendió del auto. Cruzó el umbral de la puerta y luego de subir por las amplias escaleras se encontró con largos pasillos adornados con cuadros y estatuas de mujeres japonesas casi desnudas y fastuosos salones con pisos de mármol con motivos romboidales, que, a pesar de ser el mediodía, estaban casi entre completas penumbras. Espere aquí - dijo el mayordomo de ojos orientales y lentes redondos para luego retirarse.
Intuyendo que no estaba completamente solo, corrió las pesadas cortinas buscando iluminar el lugar con los agónicos rayos del sol y se encontró con una persona ciega cuyos ojos eran totalmente blancos quien estaba sentada en una silla de trono antigua tallada en una fina madera con dragones de alto relieve a los costados.
-Al fin, - dijo la voz del anciano con poco pelo quien antes se ocultaba en la oscuridad y continuó hablando - alguien que es un símbolo, más que un hombre cualquiera, un representante del razonamiento del orden. Gracias por haber venido a perturbar mis sombras. -
El mayordomo interrumpió en ese momento trayendo una bandeja con un par de cuencos redondos de porcelana color azul y una tetera y le sirvió una taza de té a cada uno.
Mientras bebía su primer sorbo el anciano dijo quebrando el silencio con su voz calma -¿Sabe? Soy un amante de la cultura japonesa. Fui embajador en esa tierra y enamorado de su cultura trajimos junto a mi esposa muchos recuerdos de nuestros viajes. Ella murió a los meses de haber nacido mi hija a causa de la peste bubónica. Pero ¿Cómo supo usted que había otra persona en la sala? -
El detective habló mientras examinaba todo a su alrededor. - Pude escuchar su respiración, pero, sobre todo, lo delató el aroma cítrico de su perfume que es muy penetrante, algo que grita muy fuerte "¡Estoy aquí!" -
El anciano de cuerpo encorvado por la edad, dijo - impresionante. Por favor acompáñeme a visitar el cuarto de mi hija. -
Salieron los tres de ese enorme salón de recepción y se dirigieron hasta la puerta de la habitación de la niña desaparecida. El anciano sacó una llave de su bolsillo y abrió de par en par la puerta de acceso.
Todo dentro de esa habitación parecía atorado en una navidad sin final, un fuerte olor a humedad estaba impregnado en las decoraciones y en los muebles.
-Desde ese fatídico día nadie entra aquí. -dijo el anciano - Solo una vez la policía cuando comenzó la investigación y después nadie más lo hizo -
-Si me pide mi primera impresión - dijo el detective mientras tomaba con la mano un oso de peluche vestido con ropas verdes y sombrero de duende que estaba lleno de polvo - elegiría a su mayordomo como primer sospechoso - agregó mirando al hombre de lentes redondos quien se hallaba en ese momento con sus brazos estirados intentando correr las cortinas para poder iluminar todo el cuarto - pues trae puesto un reloj por demás elegante en su muñeca y muy elevado para un sueldo como el suyo ¿O me equivoco? Pero tranquilo, su baja estatura lo vuelve un tanto torpe como para mover a una niña de la edad que tenía su hija en ese momento. Por lo que por ahora lo absuelvo de ese delito. Demás está decir que dicho reloj es mucho más grande que su muñeca por lo que intuyo que sea de su colección y, dado que es su empleado de confianza, si lo hubiera tomado sin su permiso, usted hace tiempo lo habría notado por lo que me arriesgo a pensar que haya sido un regalo, pero no cualquier regalo. Lo veo más como un regalo de los que se le hacen a los amantes. Pero no vine aquí con la intención de cuestionar su sexualidad. -
Con mirada de asombro y apenas pudiendo dar crédito a todo lo oído el anciano dijo - por eso lo elegí, usted es el mejor. Jato es el nombre de mi mayordomo. -
El detective sin preocuparse en lo más mínimo continuó revisando el cuarto, sobre el escritorio había una cajita musical y viejos dibujos de Mariposas en diferentes tamaños e inclusive una enorme y hermosa pintada en una de las paredes. El detective tomó nota de todo lo que veía en su anotador y también dibujó la mariposa de la pared.
-¿Podría decirme cuántos empleados había ese día en el castillo? - preguntó el detective.
El anciano pensó por un momento antes de hablar - solo tres personas son los permanentes. La cocinera, el chofer y Jato, mi mayordomo. Los jardineros y el personal de limpieza ese día por ser previo a la Navidad, se habían retirado al atardecer. -
-Debo visitar sus habitaciones de ser posible, pero necesito que esté presente cada uno de ellos para someterlos a un interrogatorio. -
-Por supuesto, de inmediato, vendrán todos- exclamó el anciano viendo hacia su mayordomo.
-Era de madrugada. - El anciano venía relatando algunos pormenores sobre lo sucedido mientras caminaba junto al detective en dirección a los dormitorios de los empleados, el mayordomo se había adelantado buscando avisarle a cada uno de ellos para que puedan estar presentes - Luego de los festejos navideños nos fuimos todos a dormir, pero horas más tarde los gritos de la niña parecían proceder del exterior del castillo, la puerta de su habitación estaba abierta pero no la encontramos allí y fue el mayordomo el primero de mis empleados en informar su desaparición después de regresar de buscarla. Lo que recuerdo es que entre mis sueños antes de escuchar los gritos de miedo de mi hija pude percibir una extraña voz como de hombre extranjero, quien pronunciaba palabras, aunque no pude distinguirlas bien, creo que eran una entonación de idioma alemán y español y parecía hablar con alguien.
La policía demoró en llegar, pero ya era tarde y esa fue la última vez que pude escuchar la voz de mi hija. La quiero de vuelta y pagaría mucho por cualquier noticia suya. -
Terminó diciendo mientras un mar de lágrimas recurrió a sus ojos ciegos.
El detective revisó minuciosamente cada habitación y tomó nota de la declaración de los testigos sobre los movimientos de las personas que tuvieron contacto con la niña en los días anteriores y preguntó si tenían conocimiento de la existencia de enemigos del millonario que puedan pretender secuestrar a una persona, pero no había indicio alguno que lo ayude a aclarar la misteriosa desaparición.
La última campaña del desierto había alejado la frontera india a muchos kilómetros de distancia. Motivo por el cual hacía más de 4 décadas que no había noticias sobre incursiones indígenas acercándose a las quintas de buenos aires.
Eso dejaba fuera la idea de un secuestro por parte de los indios.
Bajó en soledad a la parte posterior del castillo, donde había un patio pavimentado que comunicaba con la zona de servidumbre, por lo informado por los testigos ese era el punto desde dónde provenían los gritos de la niña. El más próximo a esa zona de todos los dormitorios curiosamente era la ventana del mayordomo. Desde donde podía saltar sin problemas de lastimarse. Pero en su declaración dijo que la poca iluminación nocturna no le había permitido ver nada raro.
Camino de regreso a Buenos Aires el detective iba tejiendo redes con hilos rojos en su mente conectadas a cada posible sospechoso. Pasaron 20 años por lo que de seguir viva ahora la niña secuestrada sería toda una mujer.
Eran tiempos de cambio y el mundo victoriano iba dejando buenos aires y la corriente europea hacía tiempo había comenzado su eco en la transformación a un pujante modelo de país más industrializado, dónde los primeros autos a explosión de gasolina comenzaron a desfilar frecuentemente por sus calles, que eran la mayoría asfaltadas y otras solo empedradas. La iluminación nocturna pasaba a ser con lámparas eléctricas de filamentos de carbono. Iba cambiando la geografía cotidiana junto a los tranvías.
La música de tango y el fútbol inundaban las antenas de todas las radios a transistores. Algo de moda en esos días, como la vestimenta obligatoria de traje y sombrero con corbata o moño para los masculinos y la colorida falda y chaqueta con sombreros todavía grandes, pero con menos decoraciones para algunas mujeres, aunque otras preferían seguir usando los tradicionales vestidos de falda y mangas largas.
Debido al aumento de habitantes los nuevos edificios de seis pisos iban reemplazando a las casas bajas de dos pisos y también las primeras excavaciones donde más tarde algo llamado: la primera línea subterránea, recorrerá algunos kilómetros bajo tierra buscando descongestionar el tráfico fluido del centro.
Pero tanta obra trajo aparejado más inundaciones y eso generaba el peligro latente de nuevas pestes. Era un verano muy caluroso y lluvioso. Los balnearios municipales ubicados por la zona de Costanera desbordaban de familias utilizando bañadores que cubrían todo el cuerpo dejando los tobillos descubiertos, quienes asistían generalmente luego del trabajo o en sus días de franco buscando escapar del calor.
La zona de los puertos era por donde ingresaban, después de una aventura muy arriesgada de viaje en el mar, los futuros trabajadores llamados inmigrantes. Hasta esa zona manejó el detective. Debía revisar los padrones antiguos puesto que toda persona que baje de los enormes barcos extranjeros primero tenía la obligación de quedar registrado con su nombre y apellido antes de poder cruzar con total libertad las puertas de la aduana.
Buscaba el historial de 30 años de barcos inmigrantes de los cuales le interesaban solamente los alemanes. Para su suerte solo dos habían llegado en todo ese tiempo.
Una vez obtenidos los nombres precisaba la ayuda de una sola persona, alguien que por su poderosa posición conocía hasta los secretos más oscuros de la ciudad.
Se dirigió a la parte más al sur de la ciudad mientras las últimas luces del atardecer se iban extinguiendo. Detrás de la gran carbonera, por el lado de la ribera del riachuelo, más conocido como la Boca, era donde estaban ubicados los conventillos y entre sus coloridas casas de chapa corría sin ningún tipo de restricción el alcohol y la prostitución, pero, como todo en la ciudad creciente, los frecuentados por los obreros y peones se diferenciaban de los sectores preparados especialmente para los visitantes de la alta aristocracia conformada por hacendados, políticos y jueces.
La polaca, de quién nadie sabía su nombre real, era una mujer gorda y bastante corpulenta de cabello rojo y enrulado como de 50 años quien usaba habitualmente un corsé negro muy ajustado y una pollera color amarillo, por eso era más conocida como la "reina abeja" pero, toda su experiencia en prostitución y contactos con la elite porteña, al hablar cinco idiomas con total fluidez, la volvían una poderosa madama. Con un plantel de más de 30 bonitas mujeres europeas, su burdel se volvía el preferido diariamente por la más selecta clientela masculina y a sus oídos llegaban todos los secretos de los personajes más importantes de la época los cuales ella guardaba bajo 7 llaves. Ninguna de sus chicas tenía permitido comentar ni sus nombres ni que se hablaba durante los encuentros sexuales. Las reglas de juego eran muy claras, nada podía salir del prostíbulo sin la aprobación de la "reina abeja" y si eso llegaba a suceder, lo pagaban con su vida.
El detective se quitó el sombrero y luego subió por una escalera caracol con pasamanos color dorado decorado con guirnaldas navideñas en compañía de una de las chicas del plantel. La Reina abeja informada de su visita lo aguardaba en su oficina. El lugar estaba repleto de gente y sus voces se escurrían por todos los rincones. Como los gemidos de los clientes teniendo sexo con las prostitutas en las habitaciones cercanas. Una orquesta en vivo ambientaba con violín, piano, bandoneón y penas de tango.
-¿Ginebra con dos hielos como siempre? - Invitó con generosidad en la voz al verlo ingresar a su oficina mientras se abanicaba.
-Por supuesto- Respondió el detective con una sonrisa en su rostro.
Luego de servir los tragos la reina abeja con un vaso en su mano y el abanico en la otra se acercó hacia el enorme ventanal desde donde podía vigilar todo el prostíbulo, dándole la espalda a su visitante.
-Necesito información...- dijo el detective sacando su libreta de notas.
Ella levantó la palma de su mano como deteniendo la conversación y luego habló llevando un tono menos amable que antes.
-Hoy se cumple un año desde que se fue "La Gringa" y vienes aquí por información. -
El detective dejó de sonreír y en silencio bajó la vista hacia el vaso medio lleno de Ginebra mientras en su mente recordaba la fotografía que tenía colgada en su pizarrón.
-Mírate - prosiguió hablando sin dejar de quitar la vista del salón. - eras un policía igual que tú padre, pero ahora torciste tu destino al volverte un detective. Pero aun sigues siendo una persona terca, obstinada y fiel al orden. -
Y agregó con cierto sarcasmo en su voz -Por si no lo sabes, cada vez que suena un teléfono detrás de esa comunicación hay una trabajadora que conecta las llamadas, alguien que es madre y a veces precisa más leche para su hijo o generalmente saber si su marido visita mi prostíbulo. Siempre alguien necesita información como tú y recurren a mí. Así fue como me enteré del llamado del millonario pidiéndote que te hagas cargo de su investigación. Cuestión de deducir que muy pronto ibas a aparecer por aquí. -
Una de las chicas del plantel, de cabello moreno y ojos claros muy llamativos ingresa en ese momento trayendo un cuaderno de notas entre sus manos. El vestido corto color violeta que llevaba puesto era totalmente transparente y no usaba ropa interior debajo. Su bello rostro angelical tenía unas pronunciadas cicatrices. La reina abeja giró su cuerpo y abrió ambos brazos para poder recibirla.
-Te presento a Natacha o más conocida como la Tana, - dijo poniendo ambas manos sobre sus hombros - como podrás observar fue víctima de un cliente que decía estar muy enamorado, pero al ser rechazado, llegó al día siguiente blandiendo un cuchillo con el cual terminó tajeando sus mejillas al grito de "por no aceptar su amor, en el futuro nadie iba a enamorarse de ella".
Con ayuda de un comisario tardamos un mes en encontrarlo, estaba escondido en una de sus quintas. Usando el mismo cuchillo que ese día dejó tirado en el suelo, cuando huía como todo un cobarde del prostíbulo, La Tana lo faenó en varios pedazos, cómo se faena a un cordero en el matadero, abriéndolo en vida hasta matarlo. Luego tiramos sus restos a los chanchos, que fueron elegidos como responsables de su muerte.
Por eso, como te darás cuenta, aquí tenemos nuestra propia ley y orden y puede que te parezca que merecemos algún tipo de castigo por creernos tan impunes. Pero observa todo a tu alrededor ¿Acaso ves algo aquí dentro que siga las reglas del orden que tanto defiendes? -
Después de besar con pasión en la boca a la Reina Abeja, la Tana se retiró dejándolos nuevamente solos. El cuaderno que antes traía quedó apoyado sobre el escritorio.
-No perdamos más tiempo y volvamos al principio de nuestra conversación - dijo la Reina acercándose al Detective y tomando la libreta de notas revisó los nombres alemanes.
-Muchos apellidos han sido cambiados para ayudar en la pronunciación. En eso las autoridades estuvieron todas de acuerdo debido a los altos índices de analfabetismo. -
Señaló hacia las notas del detective y dijo - por ejemplo, Fritzenberg cambió a Fretes y así con la mayoría de los nombres. -
-Note como si hoy a la distancia - preguntó el Detective - una mujer bastante parecida a la Tana al volante de un auto gris me siguiera, cosa que ahora podría llegar a confirmar, puesto que además de ver el mismo auto estacionado afuera, sin terminar de comentar que precisaba ayuda con los nombres alemanes, tú ya sabías de antemano de cual tema hablaría ¿Acaso? -
En ese momento interrumpiendo la pregunta alguien silbó como si fuera una especie de señal esperada ansiosamente por la Reina.
-El tiempo apremia y quiero enseñarte algo antes de entregarte el cuaderno que hace unos minutos trajo la Tana. -
El detective, asomado al ventanal, no se sorprendió mucho al ver al hombre que en ese momento estaba entrando al prostíbulo quien presuroso se dirigía a la barra de alcohol cruzando entre la gente reunida y las prostitutas.
De hombros pequeños y lentes redondos, el oriental miraba sin ver algún rostro en particular a su alrededor.
-Un hombre tan pequeño como Jato difícilmente pueda asesinar a otra persona, - dijo la Reina quién también observaba por el ventanal -pero si aplicas una alta dosis de un relajante muscular que en 20 minutos envenena tu sangre y paraliza todo tu cuerpo, pero no tu función cardíaca y usas el agua de una bañera llena, ese será el método por el cual terminarás ahogándote sin que puedas defenderte o gritar pidiendo auxilio logrando de esa manera cubrir las huellas de tu asesinato. Al ver esta puesta en escena cualquiera lo primero que pensaría es: típico, una prostituta cansada de su vida de perdedora se suicida.
-Tienes pruebas de todo esto? - interrogó el detective.
-Esa noche La Tana, - comenzó a relatar la Reina -quien se encarga del cuidado de las chicas, al notar que el último cliente había permanecido solo 10 minutos y luego se retiró de la pieza, entró para revisar si estaba todo bien y fue la primera persona en encontrarla muerta y desnuda en la bañera. Silbó fuerte para dar aviso y nosotras comenzamos con nuestros métodos internos de vigilancia buscando no levantar alguna sospecha mientras ella tomaba el cuaderno íntimo donde la Gringa tenía una lista de clientes y anotaciones sobre su vida personal y lo escondió de la policía. Luego en la calle siguiendo a Jato, el último cliente suyo, lo vieron descartar una pequeña botellita de vidrio como las utilizadas para los remedios. Llevada a analizar por un experto boticario encontramos que la misteriosa sustancia utilizada era Curare, el elemento que utilizan los indios para sus flechas de caza fue con lo que asesinó a la Gringa. -
La Tana sin perder tiempo partió para rosario, donde tengo una hermana gemela que tiene otro prostíbulo y estuvo un año, un largo año esperando que todo se tranquilice sabiendo que la idea del suicidio seria la tomada por la policía, por tener a un integrante de la fuerza en cierta forma implicado en el asesinato. -
El detective toma el cuaderno con sus manos y comienza a leerlo, tal como decía la Reina había nombres y fechas anotados. Algún que otro comentario sin relevancia sobre sus clientes, pero lo más llamativo era cuando hablaba de su pasado entre dibujos de mariposas. De quien era su supuesto padre y quién pensaba ella que era el verdadero. Una persona ciega que durante años estuvo buscándola sin perder sus esperanzas.
-Alguien que estuvo aquí antes le dejó un sobre a su nombre- continuó relatando la Reina -Por supuesto mis chicas pudieron leer lo que decía en el interior y volver a cerrarla. Cómo te dije no hay secreto que pueda escaparse. Hizo una cita para medianoche en el balneario municipal que está por detrás del Hipódromo Nacional y quién dejó la nota tenía un pronunciado acento alemán mezclado con nuestro español. Lo sé porque un día antes le dejamos en su puerta una nota anunciando el nombre de quien asesinó a su hija, algo que desconocía hasta esa mañana. Se trataba de alguien que sabiendo la verdad sobre su secuestro durante todos estos años lo estuvo extorsionando pero que nunca supo que estuvo implicado en su muerte.
La noche ha llegado- dijo ella volviendo a abanicarse - y no es una noche cualquiera, hoy el ojo derecho cortado de la luna que asoma entre las nubes está teñido en color rojo y clama por venganza y quiero justicia por mis caídos, ahora que tienes reunida la información que buscabas solo te queda el último paso para meter presos a los culpables. -
Jato terminaba de leer la nota y en ese momento comenzaba a buscar la puerta de salida del lugar.
El detective corre y enciende el auto, manejaba a una distancia de 100 metros por detrás del auto del sospechoso. Se dirigían hacia el bajo Belgrano, dónde luego de atravesar por las vías dormidas del tren Mitre se encuentra ubicado el Hipódromo Nacional cuyas tribunas de madera en los tiempos de esplendor supieron colmarse de apostadores y sudor de caballos, hoy sus instalaciones están abandonadas y totalmente en ruinas. Pasando esa zona se encuentran las playas de arena, desiertas a esa hora tan cercana a Nochebuena, del balneario municipal, las cuales se colman de gente durante los días calurosos de diciembre y enero.
Mientras manejaba el Detective continuaba revisando el cuaderno de la Gringa sin perder de vista el auto de Jato. Entre sus hojas había una copia del informe policial de ese día dónde decía que: "Al no haberse hallado alguna sustancia tóxica ni tampoco señales extrañas en el cuerpo se declara cómo motivo de muerte: suicidio". Tenía la rúbrica del jefe de la morgue de Buenos Aires. Un tal Fretes. - Fretes es Fritzenberg cambiado por la pronunciación. - pensó el Detective - El alemán que secuestró a la niña hace 20 años quien para evitar quedar implicado en la investigación policíaca que desemboque en si es o no realmente su verdadero padre, firma el suicidio callando la verdadera razón de la cruel manera en que asesinaron a una pobre víctima inocente. -
Lo que aún no le quedaba claro era el motivo por el cual secuestró a la niña y nunca pidió al menos algún rescate. Ni cuántas almas iba torciendo hasta ese momento el orden. Pero tenía la esperanza de que, antes que termine la luz de la Nochebuena, iba a lograr averiguarlo.
La entrada de la mayoría de las casas estaba adornada con motivos navideños. Los chicos alegres en las calles giraban virulanas generando miles de chispas a su alrededor. Un incendio en un edificio de 4 pisos era controlado por una unidad de bomberos quienes festejaban con muchísima emoción en el rostro por haberle ganado a las llamas. El humo y el olor de madera quemada podían verse y percibirse en el aire a varias cuadras.
-Falta menos distancia para el lugar de encuentro- pensó el detective al reconocer que estaba cerca de la zona de Barrancas de Belgrano. Pero más adelante al cruzar por la calle pampa tuvo que maniobrar su auto para evitar chocar con un tranvía que, al faltar menos de media hora, su chófer venía muy apurado buscando no perderse el momento del brindis navideño. El auto se detuvo y no volvió a arrancar. - Al menos son más de 15 cuadras - pensó antes de tomar su arma y su sombrero y echarse a correr por las calles mientras maldecía de saber que, por la desdicha de la mala suerte, quizás se le podrían escapar los culpables de la muerte de la Gringa.
Encontró el auto vacío de Jato que estaba estacionado en la ribera de las playas municipales cuando escuchó el claro estampido seco de dos detonaciones, al buscar con la mirada de dónde provenían observó a una persona con gabardina oscura y sombrero escapando con un arma en su mano y a otra tirada en el suelo arenoso.
Sacó su arma y gritó la voz de alto antes de abrir fuego, pero el cansancio por el esfuerzo de la corrida sumado al sudor que bañaba su frente no le permitieron apuntar bien y las balas sólo lograron rebotar levantando partículas de arena alrededor del sospechoso.
Después de observar cómo inevitablemente se perdía a lo lejos decidió acercarse al otro hombre quién aún respiraba con mucho esfuerzo.
-Se que moriré pronto. - dijo Jato escupiendo mucha sangre por la boca. Su pecho presentaba dos orificios de bala y su sangre manchaba la arena por debajo suyo- estamos muy lejos de la ayuda por eso se aseguró de citarme en este lugar-
-Antes de que eso suceda ayúdame a entender, por favor- dijo el Detective.
-Soy un espía y al igual que muchos que estamos desparramados por el mundo, al no existir tratados internacionales de repatriación, hacemos todo lo posible para poder recuperar las piezas de arte que usted mismo observó en su castillo y otras más que el millonario esconde las cuales fueron robadas de mi país y luego adquiridas en el mercado negro.
Al quitar a su hija del camino pude ganarme la confianza del viejo y creer que podría heredar las obras de arte. Pero como ella comenzó a intentar acercarse a su verdadero padre, por eso tuve que silenciarla. -
-¿Pero, el médico forense que tiene que ver en todo esto? - Interrogó el detective mientras iba recuperando el aliento.
Jato con sus últimas fuerzas palpo su bolsillo derecho, el Detective luego de revisarlo encontró una carta escrita por el japonés.
Las luces de los fuegos artificiales indicaban que era medianoche. La hora exacta en que la Nochebuena entre brindis y saludos sumados a los buenos deseos dan paso a la navidad y sus potentes luces iluminaron por breves momentos el cielo nocturno. Jato había muerto, pero con esas luces momentáneas el Detective pudo observar a lo lejos al jefe de la morgue subiendo a su auto.
Corrió hacia el auto del mayordomo que estaba estacionado en la entrada del balneario y comenzó una persecución por las calles de Buenos Aires.
Sacó la carta de Jato y la leyó. Era una especie de confesión por si algo llegaba a pasarle y hablaba sobre la historia previa al secuestro.
Fritzenberg estudiaba medicina y a la vez trabajaba sin cesar para poder mantener sus estudios, pero, su jefe, el anciano, lo despidió de la fábrica de zapatos sin motivo alguno. Sin embargo, tiempo después logró recibirse con los mejores promedios académicos y se casó y tuvo una hija que con los años enfermó de peste bubónica al igual que su esposa y como casualmente la hija del millonario era igual a ella. Decidió raptarla con la ayuda de Jato y luego hacerla pasar por su hija ya que ser el jefe de la morgue le permitió fraguar el certificado de defunción ocultando su muerte. Sin esposa, pero con su hija reemplazada continuó manteniendo el oscuro secreto durante todo este tiempo. Al menos esa explicación ayudaba a cerrar el círculo sobre el alemán y el motivo del secuestro.
Mientras el Detective iba alcanzando el auto del jefe de la morgue, el invisible final de la investigación comenzaba a vislumbrarse.
Fritzenberg al verlo tan cerca, sacó su arma y comenzó a disparar buscando sacarse de encima al Detective mientras maldecía en su idioma original. Hubo un breve tiroteo entre ambos por la calle Corrientes, que ya había comenzado las tareas de ensanchamiento. Pero una bala rozó el cuello del jefe de la morgue logrando hacerle perder el control del vehículo para luego estrellarse contra las persianas bajas de una pizzería a la altura del cruce de Talcahuano. Murió bajo una lluvia de cristales y con el volante del auto atravesando su corazón y su pecho. En las calles y edificios aún continuaba resonando el interminable eco de los petardos y en lo alto los fuegos artificiales explotaban colmando el cielo de luces de colores y más estrellas.
En los siguientes días la policía dio por terminada la causa de secuestro y posterior muerte de la hija del millonario. Todas las obras de arte y esculturas recuperadas en el castillo del millonario, a quien encontraron ahorcado en la habitación de su hija, fueron confiscadas y devueltas al gobierno japonés.
El Detective abandonó el alcohol y el insomnio fuerte y pudo hablar con su exesposa quien le permitió visitar nuevamente a su pequeña hija.
Algunos meses después su hija y todas las chicas del prostíbulo junto a la Reina abeja estuvieron presentes cuando el Detective, bajo un aplauso cerrado y sombreros volando, recibió el primer reconocimiento creado especialmente por las autoridades municipales para homenajear a los personajes más distinguidos y sobresalientes: La llave de la Ciudad de Buenos Aires.
Pero, en las siguientes semanas de febrero, una sensación de piedra en el zapato que no te deja caminar comenzó a invadir sus entrañas. Al ser ahora un famoso detective y que su rostro ocupaba la primera plana de todas las ediciones de los periódicos, su teléfono sonaba constantemente hasta incluso en altas horas de la noche, pero, lejos de ponerlo contento, terminaba descolgando el auricular buscando que nada pudiera perturbar sus pensamientos, fue muy fácil cerrar ese caso y eso lo dejó algo intranquilo. Regresó a la comisaría a buscar la prueba principal: el cuaderno de la Gringa.
Días después, durante una tarde lluviosa de semana santa, regresó al prostíbulo para visitar a la Reina Abeja, el lugar estaba vacío de clientes y de chicas que habían regresado a su pueblo de origen a visitar a sus parientes y por los días festivos, a diferencia de otras épocas del año, el olor a sexo, alcohol y tabaco no invadía el ambiente. Salvo el constante tintineo de las chapas bajo la intensa lluvia todo lo demás estaba envuelto en un silencio absoluto.
-¿Ginebra con dos hielos?- preguntó ella al recibirlo en su oficina.
-Gracias, pero esta vez no voy a tomar alcohol - dijo el Detective sacándose el sombrero antes de sentarse en una silla.
Ella igual se sirvió un trago y bebió un sorbo antes de hablar. -no creo que simplemente el motivo que te trajo sea una visita a tu vieja amiga, adelante dime a qué viniste. -
-Creo que… - dijo el detective poniéndose de pie y caminando de un lado al otro mientras movía sus manos al explicar lo que pensaba - …Creo que falta algo, verás es una pregunta simple que no la hice al principio, pero, si tú nunca nombraste a Jato con antecedencia entrando y saliendo de este lugar, entonces ¿Cómo fue que se enteró de que la Gringa volvía a hablar del tema de su verdadero padre sin haber tenido algún tipo de contacto entre ellos dos en todo este tiempo?-
La Reina sin sobresaltos en la voz dijo -es una buena pregunta la tuya, pero ¿Estás seguro de que sólo eso te movilizó hasta aquí para poder hacerla? -
-La segunda y las más importante de las dos es, si el Curare demora 20 minutos en hacer efecto, algo de lo que quizás Jato no estaba realmente enterado porque, tal vez, el veneno haya sido suministrado por otra persona, quien por una razón personal cambió la condición del efecto reduciendo la información sobre el tiempo a la mitad. Siendo que tú me habías dicho que la Tana lo vio salir de la pieza 10 minutos después de que había entrado. Entre todo el revuelo de activar el protocolo de seguimiento por las chicas quedan 10 minutos sobrantes en los cuales ella aún mantenía latidos en su corazón. -
-Vayamos al grano- dijo la Reina con cierto enojo en su voz - ¿Cuál es la maldita pregunta? -
-Si el protocolo de seguridad de ustedes dejaba el lugar vacío de chicas que sean testigos principales ¿qué hiciste tú exactamente en la soledad de esos 10 minutos? -
-Interesante pregunta - dijo la reina mientras tomaba otro sorbo del vaso y disimuladamente abría un cajón del escritorio donde guardaba un pequeño revólver.
-Ese día creo que en cierta forma terminaste manipulándome al igual que a todos los sospechosos. Con toda la evidencia procurada de tu parte y al mismo tiempo las ganas de resolver el caso inmediatamente, fue lo que no me dio el tiempo suficiente para poder detenerme y analizarlo y para cuando me di cuenta de que algo no cerraba ya era muy tarde. Pero hoy en la mañana, aprovechando que la ciudad estaba semivacía por los días feriados y después de vigilar la zona, pude finalmente encontrarme bajo la lluvia con la Tana, quien visitaba el cementerio de Chacarita y en especial una tumba a la que le llevó algunas flores. Ya sabrás de cuál hablo. -
-No sé a quién te refieres. Pero mejor regresa a tu miserable vida antes de que sea tarde- Respondió la Reina quien comenzó a acariciar el mango de madera del revólver buscando poder acomodarlo en su mano.
-Cuando la Tana esa noche ingresó a la oficina y dejó el cuaderno sobre el escritorio tú la besaste con mucha pasión antes de que se retirara. No le di la menor importancia al hecho en ese momento, pero era evidente que entre ustedes dos había una relación y creo que eso fue lo que motivó los 10 minutos que sobraron. Por supuesto la Gringa estaba moribunda, pero, siendo una persona tan inteligente ¿Acaso no tenías el antídoto contigo en el caso que otra persona o incluso tú accidentalmente lo tomarás? Usaste ese tiempo para ver morir tan cruelmente a la pareja de tu futura novia y no para arrepentirte. No para salvar a una de tus chicas quebrando de esa manera los códigos básicos de una Madame en cuidarlas. –
-Por favor, respóndeme algo - dijo la Reina ¿qué fue lo que hice mal para que te des cuenta de todo? -
-Confiar en que podías engañarme y salirte con la tuya. – Respondió el Detective mientras volvía a colocarse el sombrero.
En ese momento la puerta se abrió y apareció la Tana quien estaba parada del otro lado empuñando un arma en una mano y en la otra el cuaderno de la Gringa.
Al darse cuenta de que toda la trama real del triángulo amoroso había salido a la luz, la Reina Abeja se puso de pie intentando apuntar con el revólver, pero la Tana, llevando furia en su rostro, disparó primero logrando darle entre los ojos. El fuerte impacto generado por la bala empujó su cuerpo hacia atrás y abriendo sus brazos atravesó el ventanal y terminó aterrizando sobre la barra de tragos del prostíbulo. Tardó unos momentos en morir.
El detective esa mañana aprovechó el encuentro con la Tana para poder enseñarle algo extraño que había encontrado entre las hojas del cuaderno y que de seguro la Reina Abeja quiso ocultar durante ese tiempo. Dos hojas pegadas las cuales tenían dibujados un corazón con el nombre de la Tana escrito con letra de mujer. Ella confirmó el relato de que Jato se había retirado a los 10 minutos y que la mayoría de las chicas se habían movilizado detrás suyo en los otros 10 minutos restantes en los cuales el Curare hacía efecto total sobre la Gringa. La reina abeja estando enamorada en silencio de la Tana planeó deshacerse de la competencia y luego brindarle sus brazos para consolarla. Mediante un entramado de engaños y pistas que lleven hacia otras personas creía que de esa manera podría finalmente salir impune, nadie sospechaba que previamente había descubierto la relación secreta entre ellas dos y fue quien le dio el dato primero al mayordomo y luego a Fritzenberg desencadenando todas las muertes posteriores.
Mirando hacia la Tana el Detective dijo - con los dos sospechosos principales muertos y el asunto aparentemente resuelto no habría razón para que un fiscal reabra una causa que dejaba a muchas personas felices por la manera en que se resolvió. Quédate tranquila aquí no pasó nada y creo que el lugar necesitaba una renovación por lo que mucha gente a quién la Reina Abeja comprometía estará muy contenta de no volverla a ver. Detrás del prostíbulo hay un corral con muchos chanchos que pueden limpiar la evidencia. Que tengas mucha suerte. -
-Antes de irte, por favor ¿Dime, cúal es tu nombre?- Preguntó con curiosidad la Tana.
-Eri, mi nombre es Eri.- Respondió
Luego salió por la puerta principal del prostíbulo, subió a su auto con una sonrisa de satisfacción y nunca más regresó a ese lugar. Dicen que la Tana comenzó a dirigir el negocio como la nueva Madama con otros tipos de códigos y más derechos para las prostitutas. Cómo darles una especie de sindicato con muchos beneficios para todas ellas y que la ciudad le tenía preparados más crímenes al Detective. Pero esa es otra historia.
El orden volvía a prevalecer sobre el desorden.
F I N
© Claudio Alejandro Castro
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