Ciudad de Dios
Ciudad de Dios
Con el sonido de la primera explosión la quietud de la mañana de primavera se quebró. Brevemente tembló la tierra con las siguientes. Múltiples descargas de disparos, llenaron de fuertes ecos las paredes de los túneles. Por unos momentos que parecieron eternos, la calma pareció regresar al lugar. Vestidos de riguroso uniforme blanco buscando confundirse con la nieve reinante en la superficie, batallones del comando revolucionario ingresaron a paso apurado respetando una perfecta sincronización militar.
Tomaron posiciones estratégicas siguiendo un plan y, al verse superadas en número, acabaron rindiéndose las fuerzas contrarias pertenecientes al gobierno dictatorial.
Trayendo las noticias esperadas, el auricular del teléfono resonó. – Señor, hemos tomado la última posición, el director se encuentra capturado ¡El penal es nuestro! – Terminó exclamando con júbilo en la voz.
-Estaré ahí en unos momentos – respondió el comandante con su rostro endurecido, mientras el viento gélido corría a gran velocidad por la superficie de la mina a cielo abierto, la cual era utilizada como una gigantesca prisión.
Cuando ingresó en el cuarto de paredes grises, se encontró con varios miembros del comando y uno de ellos, mantenía al director del penal apuntado con su fusil de asalto. Buscando información sobre los detenidos, los demás daban vuelta el lugar. El suelo se encontraba completamente plagado de papeles desordenados.
Antes de comenzar a preguntar, el recién llegado extrajo su revólver plateado de gran calibre y también apuntó al detenido a la cabeza.
-¿Dónde está?- Interrogó con empeño y furia en la voz, mientras a su cabeza llegaban recuerdos de aquel amigo quien terminó convirtiéndose luego en el hermano que nunca tuvo.
-Jamás hubiera creído que lograrías sobrevivir.- Respondió sorprendido de verlo el director mientras tragaba saliva y enseñaba en su rostro dolor, producto de una herida de bala.
-Quizás el ruego de todos los presos muertos durante tantos años, fue lo que me ayudó, ahora que te respondí, dime dónde está.- Agregó el comandante.
-Después de la revuelta, donde tú y otros más lograron fugarse, por haber sido quien dirigió el escape, decidimos confinarlo al “hoyo” -
Imágenes de su esposa y sus hijos muriendo en un incendio provocado por los soldados cuando fueron a detenerlo, inundaban su mente. La oportunidad para descargar toda su ira contenida durante tantos años se le presentaba al comandante en ese momento ¿Cómo detenerse ante ese monstruo negro llamado venganza quien te ciega y se apodera de tu razón? Después de todo ¿Qué le queda a un hombre cuando lo pierde todo?
Finalmente cuando escoge serenar sus latidos dice – Estarás esperando que ayude a terminar esto rápido para ti dejando al odio jalar del gatillo por mí. Pero estoy cumpliendo el sueño de libertad para todos nosotros que traía mi padre y aunque parezca que nada me queda, todavía tengo a Dios. Llévenselo lejos de mi vista y cúrenlo, aun debe ser enjuiciado y pagar por los crímenes cometidos aquí.- Enfundado nuevamente su arma, tomó la radio y se comunicó con los otros miembros quienes hacían guardia en la superficie. – Desciendan al primer nivel donde podrán guardar los vehículos de transporte y armen tiendas de campaña, si llegara a sorprendernos la noche en la superficie y sus bajas temperaturas, las ruedas y el acero se congelarían solo en cuestión de minutos y se quebrarían inevitablemente. A primera hora de la mañana abandonaremos la mina, coloquen todas las cargas de explosivos y ténganlas listas para ese momento. Borraremos del mapa este lugar para siempre y cerraremos de esta manera la operación “Ruido Blanco”.-
Luego de cortar la comunicación salió rápidamente acompañado junto a algunos de sus hombres. Uno de ellos con rango de sargento, traía en sus manos un plano del interior de la prisión.
-En el pasado, muchos presos políticos recluidos contra su voluntad en este lugar…- Dijo con cierta amargura nostálgica el comandante -...pagaron valientemente con su vida por el intento de ayudar a escapar a otros y ya en la superficie, debieron aun luchar no solo contra las inclemencias salvajes de la tierra helada, sino que además, se enfrentaron a una jauría de feroces lobos con fauces que parecían hambrientas de carne y sangre, quienes iniciaron una dura persecución y sin importar el tibio calor del día o la fría y obscura noche, fueron asesinándolos uno a uno, hasta lograr que de veinte, equipados con improvisados cuchillos caseros, solo cuatro casi exhaustos afortunados sobrevivan a su implacable ataque. Arrodillados en la nieve y gritando fuerte con ambos brazos levantados en v, los cuatro que no se rindieron ni tuvieron miedo a las bestias en ningún momento, agradecieron al cielo por haberse salvado y juramentaron el regresar a liberar a los otros presos. Lo sé, porque yo integraba ese pequeño grupo de sobrevivientes y es por eso que conozco cada palmo de esta prisión. Guarde ese plano sargento, no lo precisamos para saber hacia dónde vamos.-
A través de los enormes y apenas iluminados pasillos y de elevadores que descendían interminables niveles, ingresaron en las entrañas del colosal agujero que cuenta con 500 metros de profundidad y un diámetro de 1200 metros de ancho y de donde se extrae un precioso y costoso material llamado diamante azul.
-Señor, permiso para hablar.- Dijo el sargento que antes sostenía el plano en sus manos. Sabiendo que iba a decir el comandante igualmente le permitió hablar.- Este lugar es impresionante. – Dijo maravillado ante lo que veían sus ojos.
- Aquí, en esta antigua mina, yace una verdadera ciudad subterránea…-dijo el comandante-…con enormes pozos verticales y miles de kilómetros de galerías horizontales de piedra maciza, que te llevan de un lado al otro y te conectan con todas partes. Es como si hubieras metido una pala dentro de un hormiguero y estuvieras viendo su corazón abierto, además existen áreas inmensas preparadas especialmente para albergar maquinaria pesada del tamaño de cinco casas, el techo de las galerías es tan alto que el mínimo desprendimiento de roca tranquilamente podría herirte. Nada se detiene durante las 24 horas para extraer los diamantes y mientras un lado descansa unas pocas horas, el otro no lo hace. Solo existía una manera de salir y como te imaginarás era con la muerte, esa era la suerte de los presos quienes injustamente y sin algún juicio previo, eran esclavizados y obligados a trabajar solo por ser opositores al gobierno ¿Te preguntaras también, cómo uno se abriga del frio aquí dentro?- Dijo mirando al sargento directamente a los ojos, quien no quitaba el asombro de su rostro.
-Se sellan las entradas al exterior evitando el ingreso de las fuertes corrientes de viento glaciar y luego se enciende maquinaria, la cual utiliza el agua de un rio subterráneo proveniente de un volcán cercano con temperaturas superiores a los 100 grados, que recorre las cañerías del complejo construidas especialmente para esto y de esta manera, se calefacciona por completo. Una estupenda obra de ingeniería por cierto.-
Continuaron un trecho en silencio y el eco de sus pasos, se asemejaba a un murmullo lento aproximándose. Se toparon mas adelante con otros miembros integrantes del comando, quienes levantaban su brazo para saludar al comandante y enseñaban el puño cerrado en señal de victoria, mientras ejercían el traslado de guardias hechos prisioneros o anoticiaban a presos en su mayoría desgarbados y flacos, producto de la mala alimentación, los cuales vestidos con ropa de trabajo de lona y cazadora de cuero y sangre seca en la piel, continuaban trabajando en forma casi precaria, sin haberse enterado de que ya eran libres y al verlos, lloraban con emoción y los abrazaban iluminando sus rostros sucios de contagiosa alegría.
A medida que se acercaban hacia la zona designada para las celdas, ubicadas muy por debajo del nivel del mar, el polvo del mineral esparcido en el aire, se les impregnaba en los uniformes.
Mientras observaba las herramientas abandonadas en el suelo, el recuerdo del pasado iba desnudando en la memoria del comandante, un dolor que no se olvida.
El ruido del pico y la pala repitiendo continuamente su golpe. Imágenes duras sobre derrumbes y gruesas piedras atrapando a personas que entre suplicas y gemidos más de unas horas no sobrevivían, puesto que no existía ningún tipo de asistencia médica para los reclusos. Su respiración se corta, cuando se encuentra con unas pequeñas vagonetas oxidadas, las cuales en principio se utilizaban para transportar mineral, pero en algunos casos, sin ataúdes ni funerales, se cargaban también con decenas de cadáveres que luego eran desechados como bolsas de basura en los ríos subterráneos. El infierno impuesto por el tirano que gobierna el país y la graciosa muerte con su olor a miedo y rabia, impartiendo su ley.
Pero el recuerdo más intenso en su mente, eran las voces multiplicadas de cientos de presos, quienes en mil lenguas y a distintos libros. Desde lo profundo de un agujero situado en medio de la eterna estepa helada y a pesar de los tiempos difíciles, hincados en el suelo rezaban llevando un deseo de revancha y libertad que se parecía, a un gigantesco mar de botellas brillando. Ese fuerte deseo los ayudaba a cubrir sus corazones atormentados con luz de esperanza y los alentaba a seguir viviendo, a pesar de la enorme distancia existente entre ellos y el lejano firmamento.
Su fe inquebrantable, llenando todos los rincones del penal, los ponía, de la muerte que rondaba a su alrededor, por unos momentos a salvo y les sirvió como motivo suficiente para aguardar pacientemente por otro principio.
Gracias al comando revolucionario, ese glorioso día, un millar fueron liberados tras una sangrienta batalla de apenas unas horas. Pero que se demoró años en llegar.
El comandante detuvo su andar, su rostro se endureció aun más y señalando hacia unas rocas del tamaño de un automóvil, las cuales tapaban la entrada a una galería, dijo mientras una larga niebla de gotitas de agua, que parece humo, salía de su boca. - Una revuelta organizada por los presos, quienes comprendían que el sentimiento democrático del pueblo a manos de un gobierno oligárquico, no debía morir…- El sargento y los demás miembros del comando revolucionario escuchaban en silencio su relato -… fue utilizada como distracción mientras otros aprovechando el momento, nos fugábamos por el cauce seco de un rio subterráneo que pasaba por aquí. Esta información fue traída por una persona, un hermano para mi, quien cruzó la frontera sabiendo que lo iban a detener y para ello, una vez capturado, soportó crueles y duras golpizas, las cuales lo dejaron con una pierna malherida. Cuando finalmente supieron quien era, lo enviaron sin dudar a este lugar.-
-¿Acaso tenía algún motivo personal para entregarse y soportar ese castigo?- Soltó el sargento interrumpiendo el relato.
-Sí, tenía un motivo. Su padre, quien murió en el exilio, era ese su motivo.
-¿Y quién fue el?
-El último presidente elegido democráticamente, quien fue derrocado por el tirano que nos gobierna y nos persigue desde hace bastante tiempo. Primeramente, estuvo alojado en este penal como un simple preso más, pero luego, viendo que a pesar de su encierro, estaba logrando convertirse en una figura a seguir, debido a que era un hombre con un ideal en la vida, alguien que creía firmemente en la justicia de los pueblos y contaba además con mucho coraje y audacia. Fue por eso que decidieron exiliarlo. Su hijo, admirando el empuje y la valentía de su padre y cumpliendo con una promesa de luchar por un pueblo mejor, regresó buscando en su nombre poder liberarnos.
Encontró una gran ayuda en un manuscrito guardado secretamente por su padre, al cual nombró “Ciudad de Dios” en honor a la enorme fe que habita en su interior. Donde descubrió dibujos detallados sobre toda la red de galerías, movimientos de guardias y principalmente, la vía de escape. Algo desconocido para los que estábamos aquí. Pero para lograr su objetivo, primero se entrenó en métodos de supervivencia y por sobretodo, sabiendo que los lobos serian nuestro principal escollo en el exterior, aprendió lucha cuerpo a cuerpo. Más tarde y para no dejar huellas sobre este importante hallazgo, grabó en su memoria todo el manuscrito completo, incluyendo planos y ubicación de entradas y salidas y por ultimo lo destruyó con fuego. Luego ingresó al país con una pequeña esperanza de no morir en el intento al arriesgar su propia vida.
Esta batalla por la liberación de nuestra patria, se viene planeando desde mucho antes de nuestro escape, por eso hoy es un día crucial para nosotros y por supuesto, para el futuro de todos los habitantes de nuestra nación....Hoy haremos valer toda la sangre derramada de cada uno de los presos caídos en este lugar y sumaremos su fe a nuestro coraje y a nuestra voluntad. Hoy no nos rendiremos ni daremos tregua ante nadie.- Terminó diciendo con sus ojos cristalizados.
Alentados por las palabras de su superior, el sargento y los otros miembros del comando levantaron sus armas y vitorearon. -Elías…Elías.-
Mientras escuchaba repetir su nombre, el comandante recordaba palabras que lo marcaron en la infancia y las cuales provenían de boca de su padre: “Las realidades cambian, cuando se lucha con pasión por los sueños…”
Una comunicación entrante por radio los interrumpe. Buenas noticias provenientes de los otros frentes de batalla, motivados por la toma del penal a manos del comando revolucionario, acrecientan la alegría general. Todo indica que el asalto final a la capital del país se encuentra listo. El fin de tantos años de opresión y tormento se hallaban finalmente cerca y a un solo día de distancia.
-Mañana nuestro destino cambiará…-Dice el comandante-…ahora terminemos con nuestra misión para poder encaminarnos en la mañana hacia el lugar de extracción situado a dos horas de este punto, donde subiremos nuevamente a los aviones de transporte.-Luego junto a sus hombres se pusieron en marcha.
La tibia y primaveral luz solar de tan solo cuatro horas de duración se iba despidiendo. Siguiendo las órdenes impartidas por el comandante y ante la próxima llegada de las bajas temperaturas, comenzaron a sellarse las salidas y se encendió la maquinaria utilizada para calefaccionar todo el complejo.
Después de haber recorrido gran parte de la extensión de la mina, al fin podían percibir a simple vista, el área asignada a las cientos de sucias y deshabitadas celdas esculpidas en la misma piedra. A pesar del dolor habitando en cada uno de sus rincones, “Ciudad de Dios” podría ser considerado como una maravilla arquitectónica mas del mundo, ya que cuenta en su interior con una belleza inexplicable y atrapante.
Siguiendo por un pequeño pasaje terminaron accediendo a la zona donde se hallaba la única y más apartada de todo el complejo, conocida como “El Hoyo” por la profundidad donde estaba ubicada, cercana a las tenebrosas entrañas obscuras de la tierra.
Dos miembros del comando custodiaban la entrada y un tercero, uno con rango de médico, se encontraba en ese momento saliendo de su interior. Al ver aproximarse al comandante y la comitiva por detrás de él, dirigiéndose al superior le dijo.-Lo lamento señor, pero no pude hacer nada. Murió por algún tipo de enfermedad contraída durante el tiempo que estuvo encerrado en este sitio tan hacinado. - El comandante quitó el rostro de incertidumbre, agradeció al doctor por su trabajo y luego ingresó en soledad al interior de la celda, mientras los soldados lo aguardaban afuera.
Casi a tientas y doblando ligeramente su cuerpo, ingresa en la minúscula celda bañada en penumbras…donde todo parecía sombras maquiavélicas danzando…su corazón poco a poco se iba helando sabiendo de que era tarde…muy tarde…con su mano temblorosa ajustó mas la linterna del casco militar tratando de revisar el lugar…en la litera también esculpida en piedra…allí con el rostro apacible como el de los ángeles yacía su amigo…en su mano…una cruz de metal plateado reflejaba como una pequeña estrella…la luz brillante de la linterna…más al fondo un inodoro y una maltrecha silla de madera donde descansaba una muleta improvisada…el dolor de no lograr salvar a su amigo araña su alma...toma asiento en la silla, mientras recuerda una charla mantenida por ambos en el pasado.
-¿Crees que la libertad de nuestra gente es posible?- Interroga Elías.
Su amigo mayor en edad, le coloca una mano sobre el hombro antes de responderle con voz sincera. –Voy a utilizar palabras de mi padre: “Si a un pájaro en cautiverio jamás se le caen las alas, entonces mediante la fe en cada uno, puede ser posible la libertad de un pueblo entero. Yo la tengo en ti, tú debes tenerla en otros, pues ganar una guerra demanda muchos sacrificios”. – luego de citar con emoción las palabras de su padre continúa diciendo. - No iré contigo ya que mi pierna no me lo permite, pero debes prometerme de que no regresarás a buscarme ni afligirte si muero aquí, de igual manera seré libre.-
Para informarle a su superior sobre las últimas novedades, el sargento interrumpe el momento de soledad. –Señor, todas las cargas han sido colocadas, debemos comenzar a movilizarnos hacia los vehículos de transporte estacionados en los primeros niveles, si queremos llegar al punto de extracción a la hora señalada.-
Resignándose al destino y sus misterios, el comandante toma entre sus brazos el cadáver de su amigo y sale caminando de la diminuta celda.
Una larga caravana comienza a abandonar las tierras polares. Al norte de su posición, gigantescas auroras boreales moviéndose en espiral con sus espectaculares luces rojas y verdes, parecen despedirlos.
Continuas detonaciones en los niveles más profundos, anunciaron el principio del final para la mina llamada en el pasado “Ciudad de Dios”. Toneladas de escombros fueron obstruyendo el paso de las interminables galerías internas. Cuando el anillo de fuego de enorme magnitud ascendió a la superficie, algunos objetos volaron a gran altura. Luego el inmenso caudal de agua liberada de los ríos subterráneos, pareció tragarse todo a su paso. Un lago congelado de varios kilómetros de extensión, borró toda evidencia de que alguna vez, algo existió en ese lugar.
Un nuevo día nace, pero quizás este sea distinto a cualquier otro, pues el sol de la libertad, asoma por sobre las nubes plomizas de frio eterno.
F I N
© Claudio Alejandro Castro
