Dos Mundos...
Dos Mundos
El asesina con fuego el almanaque seguro
de que ya no necesita ver como sus días se desangran,
Ella se levanta sin ganas de volar
y guarda en la mochila que acarrea, sus alas remendadas.
El como acostumbra, con música alta en los oídos
del mundo salvaje y duro se encierra,
Ella maldice el tiempo dos veces
y sale rápidamente de su casa,
El toma un tren atado a la sucia rutina
que poco a poco te mata,
Ella sube en la siguiente estación sin deseos
de llegar al destino y solo piensa en la hora de salida,
El revisa hacia el fondo con la mirada
y luego baja su cabeza, aburrido sin encontrar nada,
Ella busca un lugar cerca de la ventana
pero nota que asientos ya no quedan,
El sentado mira por la ventana
mientras el silbato anuncia la partida,
Ella resopla resignada y saca un libro viejo
que habla del misterio de un alma intranquila,
El escucha canciones que le recuerdan
una triste despedida al alba,
Ella hojea las páginas del libro ajado
y no entiende sus bonitas palabras,
El gira la mirada y se detiene cautivo
ante ese bello rostro veinteañero,
Ella levanta la vista por sobre el libro
y nota esos ojos que pintan el cielo,
El trae a sus labios, versos silenciosos de Neruda
que al amor te despiertan,
Ella vuelve al libro pero
piensa en esos ojos que la inquietan,
El tímido duda por la anciana sentada a su lado
y ahoga en su pecho la poesía,
Ella continúa pensando en esos ojos y se olvida
por un instante del libro y sus heridas,
El agradece por haber entregado su costilla e imagina
la cálida primavera huída, en esa boca que trae urgencia de besos,
Ella sabe que desciende en la próxima estación y apresurada,
anota un pensamiento en el libro antes de cerrarlo,
El escucha el canto de los pájaros
y observa por la ventana los jilgueros,
Ella junto a la anciana a la puerta de salida se acercan
y suspira al recordar esos ojos que sus sueños renuevan,
El lamenta verla irse pero descubre sobre el asiento vacío a su lado
ese libro viejo abandonado y al abrirlo, encuentra un teléfono apuntado,
Ella camina fuera de la pequeña estación mientras su sonrisa se enciende
y alegre comprende, que solo el amor puede, entre risas y miradas cómplices
renacer dos mundos solitarios.
© Claudio Alejandro Castro