El Último Rey
El Último Rey
El canto de algunos jilgueros anuncia la llegada del amanecer y todo el bosque, que siempre estuvo lleno de vida. Agoniza en silencio, como si presintiera aproximarse algo malo.
El jefe de la pequeña tribu vivía junto a su gente en la última e inmensa espesura que quedaba sobre el planeta y recorría el sendero que lo separaba del acceso principal a ella. Camino hecho naturalmente por el paso de los indígenas a lo largo de cientos de años.
- El amanecer y el fin se aproximan – pensó y sintió luego un inmenso dolor que comenzó a mortificar su alma. Evocó toda la historia anterior a ese triste momento y sus vanos intentos buscando evitar pacíficamente la invasión. Pero comprendió luego que su suerte y la de todos los habitantes del bosque, estaban echados de antemano y ya nada podría detener la destrucción de su mundo.
El nuevo gobierno electo democráticamente, prometió defender la ecología, pero jamás puso un pie en ninguna parte del bosque. Todas fueron solamente promesas falsas, buscando conseguir votos mediante mentiras. - El demonio estuvo escondido en palabras seductoras todo el tiempo. – Pensó nuevamente. Lo supo enseguida cuando miró a los ojos por primera vez al hombre que traía un fino traje gris de seda italiana. Ese que abandonando su bosque amado y luego de atravesar a pie los cientos de kilómetros que lo separaban de la gran ciudad. Visitó hace unos días, decidido a rogarle que no destruyera el bosque y así dar muerte al último rey. Se dirigió con esperanzas hacia la mansión del hombre más rico del mundo. – Tiene tanto dinero que compra los sueños de otros para poder destruirlos, porque ya compró los suyos. - Le dijeron los indígenas que habían escuchado la historia de ese hombre poderoso, al cual todos temían, menos el jefe de la tribu.
El hombre de fino traje gris ingresó a la recepción de la gran mansión y se encontró con el jefe que se hallaba sentado en el piso de mármol negro. Luego de tomar asiento en un sillón, lo observó con sus ojos vacios de amor y dijo con tranquilidad en su voz – financié la campaña del actual presidente y también la de los anteriores, es por eso que puedo hacer lo que me plazca. Pierdes tu tiempo aquí, puesto que nada ni nadie impedirán que destruya el bosque y luego instale una planta hidroeléctrica, la cual me hará aun más rico. –El jefe de la pequeña tribu sabiendo que la deforestación destruiría el hábitat de cientos de especies y luego llegaría la desaparición de todas ellas. Contesta con voz enérgica - ¿Que harás cuando te des cuenta que la consecuencia de tus actos del presente, traerán la gran tormenta del mañana y que luego de ella. Todas tus ciudades y tus lujosas mansiones, se volverán parte del fondo del mar? –
-Ese no es mi problema, ya estoy viejo y nada de eso ocurrirá hasta después de que muera. Lo que me tiene intrigado por otro lado, es lo que me dices sobre tu rey ¿Quién es ese rey? Debe ser pequeño porque jamás lo escuché nombrar- dice mientras ríe a carcajadas. El jefe de la tribu responde con serenidad– El último rey, trae la esencia de la vida en su interior y su única riqueza es la sabiduría. La cual comparte siempre con todos los que deseamos aprender de él. Sin su presencia, no existiríamos y cuando el muera, el tiempo para todos nosotros se acabará. Pero el suyo se arrastrará junto al nuestro también.- Luego de escucharlo, el hombre de fino traje gris molesto por las palabras del jefe de la tribu, mandó a echarlo de la mansión. Dándole hasta el amanecer del tercer día para que toda la tribu se retire del bosque y amenazándolos con morir junto al último rey sino lo hacían.
Regresó sintiendo como sus pies descalzos se agrietaban, pero el sabor a derrota era aun mayor que el dolor. La noche previa a la invasión extranjera, fatigado y viendo que ya no le quedaban más recursos pacíficos, ordenó a todos los indígenas que abandonen la pequeña aldea y luego el bosque. Renunciando de esta manera a sus raíces ancestrales.
Sintió en su rostro duro la brisa fresca del amanecer que estaba llegando y se dirigió hacia el comienzo del bosque. Sus dos hijos cumpliendo con su petición, lo ataron con sogas fuertemente y luego entre lágrimas lo abandonaron. Así de esta manera, el podría ver cuando las enormes bestias metálicas lleguen.
Cantó canciones de amor milenarias que hablaban de esperanza y se sintió orgulloso de poder compartir ese amanecer junto al último rey, quien se encontraba a sus espaldas. La sangre que manaba de sus pies, se mezclaba con la tierra y se confundía con el lamento del bosque, que gritaba en silencio a través del viento. Levantó la vista y contempló la tranquilidad del viejo árbol al cual estaba atado. Se alegró de saber que sus espíritus seguirían unidos a esa tierra aun después de sus muertes y lloró cuando sintió el suelo temblar bajo sus pies heridos, al darse cuenta que finalmente las topadoras estaban llegando.
Quizás la fatiga por el esfuerzo de haber recorrido tantos kilómetros para ir a enfrentar al demonio de fino traje gris fue lo que terminó pesando sobre su espíritu guerrero.
Lentamente abrió sus ojos cuando una suave voz femenina lo despertó. – Tranquilo…- dijo -…estamos aquí para ayudarte.-
Mientras hablaba le acercó una cantimplora metálica, el cacique bebió unos sorbos de la fresca agua buscando poder quitar su sed.
-¿Quién eres?- Preguntó con sorpresa en su voz.
Sintió como sus fuertes ataduras eran liberadas, sus hijos se hicieron presentes y con alegría en sus rostros lo tomaron de los hombros y lo ayudaron a sentarse sobre la hierba. Un ejército de personas comenzó a aparecer por detrás de la mujer quien tenía el cabello blanco y unos ojos de mirada muy gentil.
Extendiendo un papel que contenía muchos sellos gubernamentales. La mujer respondió – no tengas miedo, estamos aquí para ayudarte, esto que tienes delante de ti, es una orden de amparo expedida por un juez quien ordenó detener inmediatamente la invasión.
Junto a algunas de estas personas fuimos recibidos en el día de ayer y nos dijo que nos quedáramos tranquilos, que él siempre va a estar del lado de este hermoso bosque.-
-Les doy las gracias...- Dijo el cacique con un poco de esfuerzo en la voz -…pero el demonio de fino traje gris en cuanto pueda regresará.-
Poniendo una mano sobre el hombro del cacique la mujer dijo –buscando evitar eso, aquí dice que lo nombra a usted, al cacique, como el protector de todo este inmenso bosque y para hacerlo de forma legal, le entrega los títulos de todas estas tierras, que van desde las montañas hasta las llanuras donde brotan los rios. Todo esto pasa a ser propiedad de sus habitantes ancestrales, su tribu. De quienes sabemos que siempre con amor han cuidado y protegido la tierra y de quienes podemos confiar en su espíritu de conservación, el cual nunca será reemplazado por el de la codicia y que bajo su generosa protección, no tendremos en el futuro que lamentar, tal como intentó hacerse en estos momentos, la destrucción del ecosistema natural ni de sus especies. – Al comprender las palabras de la mujer, el cacique abrazado a sus hijos no pudo evitar llorar y agradecer con mucha emoción en su voz.
-El viejo millonario al ver los papeles tuvo que tragarse su orgullo y abandonar el lugar a bordo de su limusina, prometió pelea, pero sabe que es imposible enfrentarse a este juez, pues es una persona que no vende su honor ni su dignidad, ni por todo el oro del mundo.- Termina diciendo la mujer de cabello blanco sin dejar de sostener gentileza en su mirada.
El cacique ante tantas buenas noticias elevó sus brazos hacia el cielo y cerró sus ojos y suspiró con alivio y luego recordó a su padre, cuando señalándole por primera vez el árbol que se erguía en la entrada del bosque. Le citó palabras que provenían de sus antecesores. – Toda la belleza del mundo tiene un principio y este viejo árbol que ves aquí, estará unido siempre a nuestra historia y también a nuestro final. El mundo tendrá muchos reyes que pelearan a muerte por sus coronas. Pero el único rey verdadero que no conoce de venganzas o rencores, es este árbol pobre por fuera, pero rico en enseñanzas por dentro. Nunca lo olvides, los tiempos difíciles son como las tormentas, pueden ser crueles y hasta hacerte dudar, pero siempre pasan. Siempre terminan.-
F I N
© Claudio Alejandro Castro
