La Huída
La Huída
El hombre alto y de ojos brillantes, subió al autobús, que a esa hora se encontraba abarrotada de personas aburridas, las cuales regresaban del trabajo duro y pesado. De rostros opacos y miradas perdidas e indiferentes, los pasajeros no levantaban la vista del suelo, por lo cual no se percataron enseguida de su presencia.
-Buenas Noches… – dijo con voz enérgica, algunos levantaron la vista, otros seguían perdidos en sus fantasmas. –Buenas Noches…- dijo aún con más energía en su voz, logrando llamar la atención de adultos y niños. Al ver a todos los pasajeros observándolo, continuó hablando – Buenas Noches…vengo a robarle unos pocos minutos de su amable atención… – dijo. Algunos intuyendo el comienzo de alguna clásica venta callejera, volvieron a la lectura del diario que tenían en sus manos, dejando de prestarle atención.
El hombre alto y de ojos brillantes, sabiendo que sus primeras palabras siempre lograban que algunos le pierdan importancia, siguió igualmente hablando -…Vengo a ofrecerles por muy pocos o casi diría por ningún tipo de inversión monetaria, una huida.
Aquella huida que precisa la figura cansada, reflejada en su espejo todas las mañanas. – Dijo y se quedó en silencio por unos momentos, mientras revisaba con la mirada a todos los presentes.
Acarició la cabeza de un pequeño que estaba en brazos de una madre que se hallaba sentada y sin dejar de mirarlo fijo a los ojos, agregó – a veces regreso a mi casa contando monedas y sin tener certeza de que vamos a cenar esa noche. Mi mujer me espera en el hogar y con la sonrisa que me recibe, ella me ilumina y me recuerda que el trabajo ya me arrancó las horas que necesitaba y la rutina sumó su parte. Pero encontrarla a ella y besar sus labios frescos, me devuelven la justicia y el amor. Me llena las manos de planes y promesas y me ayuda a darme cuenta de que esa es la razón de la vida.
Nada sale como siempre se sueña y de tanto tropezar, las heridas te duelen todo el tiempo, pero más te duele entregarte al fracaso y esa noche dormimos abrazados, dejando que el amor nos encuentre unidos como siempre y entonces me duermo con paz en mi corazón y de esa manera, logro dejar entrar en mi la sensación de que afuera llueve y que yo soy parte de esa lluvia que renueva el mundo. Acepto que los sueños algún día la vida me los entregará, pero yo debo tener la paciencia para esperarlos, aunque poco a poco lleguen. – Cuando quitó la mirada del niño, observó que todos los pasajeros presentes atentos lo miraban y entonces, sus ojos iluminaron el autobús por completo. Se dirigió con tranquilidad hacia el fondo y luego descendió en la parada que lo dejaba a metros de la puerta, donde su única mujer y esposa con una hermosa sonrisa y la cena preparada, lo aguardaba. Todos los que viajaban en el autobús lo siguieron con la mirada y lo envidiaron por un momento, porque ese hombre alto y de ojos brillantes, jamás se dejó devorar por los miedos que nos quitan el destino y la felicidad.
Como cada noche el hombre cenó y luego se fue a dormir junto a su esposa, afuera el mundo ahogaba el rugido diario y daba paso a la paz nocturna que trae la esperanza. Mientras la suave lluvia llenaba de ovillos de plata las alcantarillas.
F I N
© Claudio Alejandro Castro
