La Misión

29.04.2018 17:10

La Misión

 

Bajo la lluvia torrencial el poblado totalmente mudo se parece a un paciente que agoniza sabiendo pronta su muerte y llora.

Silbidos en el aire que se multiplican en miles cantan una canción macabra, la tierra gruñe sacudida por millones de toneladas de explosivos. Arriba, en la superficie, todo se convierte en barro, fuego y enormes columnas de humo que tocan el cielo oscurecen aun más esa mañana de otoño. Mientras nada queda en pie bajo el suelo escondidas en una red de túneles subterráneos especialmente acondicionados para ocultarse del enemigo extranjero, la mayoría de las personas junto a algunos animales logran salvarse.

Los pacíficos aldeanos entre lágrimas de rabia comprenden que luego de ese día, las consecuencias de la guerra ni siquiera en mil años abandonarán sus húmedas calles.

 

Tomó una toalla después de una refrescante ducha mañanera y comenzó a secar su largo cabello moreno, luego en silencio la mujer se sentó sobre la cama y por unos minutos observó la pequeña maleta abierta y su estuche de violín que estaban sobre una silla de madera, sintiendo, al estar a tantos quilómetros de distancia de lo que consideraba su hogar, como le quemaba sus entrañas una ligera duda sobre si era correcto lo que estaba por hacer, o si debía abandonar su promesa y volver a su ciudad de origen.

Encendió un cigarrillo y se acercó a la ventana para poder ver como en ese momento caía la lluvia.

Unos ruidos de pasos provenientes del pasillo la fueron alertando sobre la posible llegada de una visita, quizás la esperada por ella. Los pasos se detuvieron ante su puerta y el insistente llamado con toques cortos, lograron definitivamente interrumpir sus pensamientos.

-Hola, disculpe el retraso.- Dijo la recién llegada quien poseía rasgos orientales y una profunda cicatriz atravesándole su ojo izquierdo el cual intentaba ocultar cubriéndolo con parte de su cabello largo, vestía uniforme militar.

-Está bien, adelante.- Respondió la mujer invitándola amablemente a pasar con su mano.

-Me llamo Loan, que significa…-

-Pájaro de la suerte…- Dijo sonriendo la mujer de pelo moreno -…mi nombre es Marie ¿O debo decir era? Estuve leyendo mucho sobre su cultura por eso lo supe, además de que aprendí a hablar correctamente su idioma. -

- Es un gusto conocerla…- Agregó la mujer oriental para luego continuar diciendo  con un tono más serio en  su voz-…este país fue neutral durante la guerra, por lo que podemos actuar con tranquilidad. Tal cual lo planeado, para poder cruzar la frontera traje papeles con su nueva identidad, los haremos creer que es una ciudadana de este país y de esa forma evitaremos sospechas. Partiremos desde la estación de tren en unas horas ¿Trajo otra vestimenta?-

Si,- respondió Marie – voy a cambiarme ahora regreso. – Tomó un jean y una camisa de la maleta mientras abría la puerta del baño revisando con su mirada el nombre que estaba escrito en el pasaporte.

Luego de unos minutos regresó  y dijo sonriendo -Hola, a partir de este momento debo acostumbrarme a mi nuevo nombre: Tuyen (angel).-

En silencio bajaron por las escaleras y siendo invitada por Tuyen, se sentaron a desayunar en una mesa del restaurante del hotel.

Loan mientras revolvía la taza de té fue la primera en hablar –Tuyen, para evitar esta charla en el futuro permítame decirle que una mina antipersonal fue la culpable.-

-Perdón, pero no pensaba preguntar qué te causó la herida.-

-Fue una de las tantas trampas que quedaron enterradas en algún lugar bajo la tierra después de la guerra, y, aunque han pasado cerca de 40 años desde que terminó, muchas de ellas se encuentran activas. A veces encontrarlas, nos trae graves consecuencias, aun sufro de pesadillas.- Terminó diciendo inundando su mirada con cierta tristeza.

-Lo lamento. Pero por lo que me han hablado de ti, siento que esta herida no logró arrancarte el ala de mariposa. - Dijo Tuyen buscando consolarla mientras con gentileza le tomaba la mano.

-En esos días y siendo una adolescente motivada por querer evitar que en el futuro ningún niño sufra la misma suerte, fue quizás lo que alimentó mis deseos de continuar con la peligrosa tarea de seguir recorriendo las calles, buscando quitar esas trampas mortales escondidas a las miradas inocentes.- Viendo hacia las mesas cercanas notó que la gente a su alrededor la observaba y continuó diciendo –para alguien como yo vivir aquí seria un verdadero calvario.-

-Estamos rodeadas de personas con tantos prejuicios.-Dijo Tuyen

-Nos encontramos en un lugar donde jamás hubo una guerra y sus posteriores consecuencias…- Continuó hablando la mujer oriental -…de donde provengo el solo hecho de continuar con vida y ayudar al prójimo, es algo que uno en sus plegarias agradece día a día y tener una herida visible significa que eres una persona valerosa que combatió buscando sacrificarse para poder salvar a sus hermanos compatriotas. Pero no los culpo, es una cultura muy diferente donde lo material siempre tendrá más importancia a los valores espirituales. Una sociedad con un creciente egoísmo personal que en realidad los divide, dejando que solo una pequeña parte crezca mientras la otra, que es la mayoría, delante de sus ojos pasen hambre y terribles enfermedades ¿La señora le habló de mí?- preguntó intentando cambiar de tema buscando evitar que las lagrimas aparezcan en su rostro.

 -Hablaba todo el tiempo de ti y de tu hermano, los extrañaba mucho. De la historia de cómo los conoció y de cuanto lucharon a su lado rescatando huérfanos y ayudándola a cuidarlos.-

-Era una muy buena persona, mi hermano y yo la amábamos mucho, pero desde su partida tuvimos siempre una pregunta latente en nuestro interior ¿Acaso se rindió y por eso nos abandonó a todos?-

-Los años que compartí junto a ella en el convento me convencieron de que por el contrario, amaba tanto su tierra que se sacrificó sumergiéndose en un viaje hacia el país que en el pasado originó la desdicha de su pueblo. Quizás necesitaba entender algo y eso la llevó a dejar todo atrás. -

-Pero discúlpeme ¿Por qué elegir ese lugar para refugiarse?- Preguntó Loan con duda en su voz.-

Tuyen solo movió su cabeza negando tener una respuesta, llevaba un secreto que no podía revelar hasta llegar a destino. Su misión estaba comenzando a partir de ese momento.

-No debería haber preguntado eso…– dijo lamentándose la mujer oriental –…nunca debería haber desconfiado de ella. Pero me costó mucho poder convencer a mi hermano para que me permita venir aquí y verla a usted, odia a su país por haber querido destruirnos y también la odia a ella por habernos dejado. Mejor pongámonos en camino aun debemos llenar algunos papeles si queremos abordar a tiempo el tren para poder continuar con el traslado del féretro.-

 

Llegar a la frontera lleva una demora adicional, los anchos de vías no son iguales por lo que deben detenerse y, mediante unas grúas y con sus pasajeros dentro, ser elevados y enganchados a otra red vial y así poder seguir su viaje sin necesidad de cambiar de vagones. Mientras dura la compleja operación personal de seguridad revisa rigurosamente todos los pasaportes de los viajeros.

Superado el principal escollo continúan recorrido hacia una ciudad de grandes edificios donde luego deberán embarcarse en un camión militar especialmente preparado con el cual llegaran al poblado.

Un paisaje único de templos y pagodas tan altas como edificios decorados con dragones, son rodeados por vegetación salvaje y montañas empapadas en niebla y en sus cimas enormes terrazas sembradas de arrozales. Cataratas con caídas de 200 metros brindan una mágica y cautivante belleza. Mientras más próximos estaban del pueblo, la presencia de soldados era aún mayor.

Los restos de una antigua muralla que protegían el poblado ubicado a orillas de un rio perfumado por flores de Loto, acompañado de una estatua de Buda sentado en posición de rezo hecho en piedra volcánica de 5 metros de alto, les dan la bienvenida. Un puente rojo era la única conexión con el exterior, soldados patrullaban la entrada y salida.

En sus calles aún claramente podían encontrarse a simple vista señales de la guerra. Un esqueleto totalmente herrumbrado de un helicóptero derribado por las fuerzas defensoras parecía vigilar la zona del centro. En otras, montañas de bombas antipersonales desactivadas dormían apiladas. Era como si una puerta invisible entre el paraíso y el infierno fueran tan solo separados por unos pocos kilómetros de distancia. El atardecer regalaba unos tonos entre rojizos y naranjas. Una gallina asustada corría buscando resguardo  mientras algunas mujeres y niñas sonrientes vestidas en coloridos trajes llevando sombreros cónicos saludaban al paso del camión. Algunos hombres traían unos largos postes ahuecados de bambú utilizados habitualmente para transportar agua del rio. 

-En su momento llegamos a ser la ciudad más deslumbrante de Oriente y el puerto principal…– dijo Loan - …aquí sobre los pies de la montaña descansan tumbas imperiales. Es por eso que, estratégicamente, cuando la invasión comenzó por estas tierras, ocupar nuestra ciudad se volvió el principal objetivo del enemigo. De esa manera controlarían el rio y la salida al mar logrando luego nuestra inevitable rendición. Pero lo que nunca imaginaron es que nos encontrábamos fuertemente preparados para la defensa. – El camión militar se detiene frente a un edificio de dos pisos de alto que se podría llamar un hospital-orfanatorio, así lo indicaba la traducción del cartel que, apenas agitado por el viento pendía tristemente de una sola cadena como esperando por su irremediable caída.

Luego de que ambas mujeres descendieran del camión, unas personas acompañados de algunos soldados se acercan y toman el féretro para descargarlo. Loan continuó hablando mientras señala hacia ellos –los monjes se encargarán de preparar el cuerpo para la ceremonia. Veremos a Thian, seré sincera contigo y debo advertirte que a mi hermano no le agrada tu presencia. –

Tuyen bajó la mirada y resopló por lo bajo para luego agradecer por la sinceridad, le entregó un sobre con letra de mujer dirigido a su hermano y continuó camino hacia el interior del edificio. Adentro, un panorama aun peor del que pudiera imaginarse la esperaba.

 

El paso de los años se notaba bastante en la falta de mantenimiento y de pintura en la estructura del orfanatorio. Atravesaron las puertas y se encontraron a una madre junto a su pequeña hija. Loan las saludó pronunciando su nombre y dijo mirando hacia Tuyen – ambas mujeres a causa del pesticida utilizado durante el bombardeo quedaron ciegas de nacimiento. No son las únicas, aquí dentro encontraremos infinidad de huérfanos quienes por la misma causa sufrieron graves trastornos. –

Tuyen tragó saliva y acompañó a la mujer oriental, subieron un piso por las escaleras y pasaron por los consultorios donde algunos médicos revisaban a los niños, uno de ellos, de aproximadamente 10 años quien era muy flaco y tenía sus labios partidos, pedía agua entre lagrimas.

Tuyen adivina su sed. Imagina su garganta tan seca sintiendo cuchillas clavándose por dentro y le acerca agua fresca de su cantimplora –Despacio, toma despacio…- Dice ella apoyando su mano tan ligera como hoja seca sobre el hombro del infante mientras observa como otros niños perdiendo la timidez se aproximan hasta formar una marea. Loan abriendo un aparador extrae algunas botellas de agua mineral y las reparte entre todos.

-La señora.- Dijo Loan mientras continuaban caminando– era la esposa del líder, una persona muy querida y respetada por todos nosotros, quien junto a ella organizó la defensa de nuestra ciudad y sus túneles, pero padre e hijo murieron en un combate unos días antes del bombardeo. Ella luego de terminada la guerra y en memoria de su familia utilizó su fortuna buscando salvar al pueblo, sin embargo, las personas atemorizadas por los efectos del pesticida terminaron al poco tiempo abandonando la zona, tomando rumbo hacia otras partes del país y dejando atrás a sus hijos con algún tipo de trastorno viviendo solos en las calles. Demoramos semanas en poder reunirlos y traerlos aquí para poder cuidarlos y alimentarlos… – Perdiendo la mirada en el suelo Loan sigue relatando el pasado - …toda la vegetación murió y con nuestros arrozales envenenados, comenzaron a llamarnos la “Ciudad Prohibida”, pasando de ser un pacífico pueblo de pescadores a transformarnos en uno de sobrevivientes de la guerra. Luego de la partida de la señora mi hermano decidió fortificar la ciudad con la presencia de soldados. Nadie puede atravesar el puente rojo sin su autorización, de hecho en todos estos años nadie logró entrar ni salir. Mi hermano no lo permite. La pena de muerte rige para quien desobedezca sus órdenes.-  

Dejando atrás la zona de los consultorios se detuvieron frente a una puerta – Aquí es la oficina de Thian, por favor encuéntrame en el templo que cruzamos camino hacia el orfanatorio, yo hablaré con él y le entregaré la carta de la señora. Mi hermano es una persona luchadora que trabaja incansablemente, pero siento que hace tiempo perdió la fe. Quizás al ver la carta reflexione un poco.-

Tuyen espera un momento y a través de la puerta semi abierta puede observar como Loan se encuentra con un hombre de rostro serio mayor a ella quien momentos antes con un trapo limpiaba el polvo de sus lentes y tomando el sobre de manos de Loan comienzan ambos una acalorada discusión. Colocando una caja de cartón sobre una silla y sin prestarle la más mínima importancia a lo que estaba escrito, arroja dentro la carta. Detrás suyo en la pared, una vieja fotografía de una mujer junto a dos chicos adolescentes conformaba toda la decoración del lugar. Tuyen tomando su maleta y el estuche del violín minutos después abandona el edificio.

En el interior de un templo luego de haber discutido con su hermano, Loan entrena artes marciales bajo la atenta vigilancia de un Buda gordo en posición de rezo. Tenues luces de unos faroles de aceite duplican su sombra en el suelo. Tuyen junto a sus maletas le hacen compañía. A diferencia de otras religiones, las personas con total libertad pueden entregar a imágenes de dioses y demonios, quienes comparten un mismo altar, ofrendas de alimentos e inciensos. Símbolo de que todos conviven en la tierra al mismo tiempo.

Afuera un corral con gallinas se agita, ambas mujeres miran hacia ese lugar. Un lobo de gran tamaño mata una gallina y luego de terminar de devorar a su presa las observa en silencio.

No te muevas que la bestia olfateará tu miedo – dice Loan -. Luego de un rato y ya satisfecho el lobo regresa a la jungla oscura.

Así será siempre… – continúa hablando Loan - …víctimas inocentes contra animales hambrientos de guerras y matanzas. Aunque hagas tu mejor esfuerzo no podrás cambiar la naturaleza que te rodea ni a las personas y caminaremos siempre por el medio de ellas.

Acaba un día y mañana vendrá otro. Mi hermano a veces desborda y explota. Sé que nos mirabas desde afuera de la oficina, pero por favor no lo juzgues, es una buena persona. Uno de los monjes te indicará la habitación donde pasarás la noche. Descansa que en tres días tendremos el funeral.- Termina diciendo.

 

Un escritorio de madera sin sillas, una cama y una estatua de Buda creando una atmosfera de paz y tranquilidad, decoraban la pequeña habitación ubicada hacia una de las esquinas del templo. Un plato de arroz con especias fue su cena.

El sonido de su respiración corta el silencio reinante. Solitaria Tuyen enciende un cigarrillo y fuma dos veces llevando una mirada que parece no ver a ninguna parte. Piensa en los rostros flacos de los niños del orfanatorio a quienes hubiera querido decirles más, pronunciarles palabras de amor que nunca le dijo a nadie. Pero el nudo que acogotaba su garganta no la dejó en ese momento continuar hablando. Luego imagina a los médicos y su gran esfuerzo diario, entre tristezas y alegrías, para poder brindarles asistencia a todos esos huérfanos quienes invisibles durante tantos años sufrieron la indiferencia del mundo entero y luego, desbordada por tantos golpes emocionales vividos a lo largo del día. En la noche calurosa sin luna, ella llora desconsoladamente.

El reloj del tiempo no puede detenerse mi querida amiga…- dijo la anciana recostada en su cama -….pero quiero hacerte una invitación para cuando llegue mi momento, se que responderás que para ti se volverá más una misión, pero necesito cumplir un último deseo.-

¿Cuál es esa invitación?- Interroga Marie con una sonrisa mientras seguía los pasos aprendidos de niña para poder sujetar correctamente su violín. Asentarlo bien sobre su clavícula sin utilizar ningún tipo de soporte y acomodarlo luego bajo la barbilla para intentar ejercer presión sobre el instrumento.

-¿Alguna vez recuerdas a tu madre?- Pregunta la anciana quien se hallaba postrada en una cama.

-Muy poco, vagamente el sonido de su voz cuando sueño pero no su rostro. Mi tía, quien como abadesa dirige este convento y que además era su hermana me trajo aquí luego de su muerte. Era muy pequeña en ese entonces.- Responde Marie.

-El corazón tiene túneles donde secretamente aloja todo lo que nuestro cerebro bloquea. Ciertas cosas, imágenes o generalmente actos que requieran una cuota de valentía de nuestra parte, se vuelven la llave necesaria para redescubrirlos.  A veces quisiera que se haga realidad mi sueño de recibir aunque sea una pequeña noticia de mis hijos adoptivos Thian y Loan.- Dice señalando hacia una foto donde se la veía junto a dos adolescentes orientales ¿Sabes? Una copia de esta foto Thian la conserva en su oficina. Recuerdo el día en que la colocó, dijo que nunca la descolgaría y que pase lo que me pase. Continuaría con mi lucha por los huérfanos hasta su último aliento de vida. – Con algunas lagrimas brotando de sus ojos continuó diciendo - Aunque no me haya respondido ninguna de mis cartas  enviadas durante todos estos años, se que será así, que nunca olvidará todo lo que les enseñé a ella y su hermana y que siempre los protegerá. Espero que el día de mi funeral hagas sonar muy fuerte mi canción favorita. – Su voz se silenció apenas comenzó a escuchar el sonido atrapante del violín.

 

El viento matinal proveniente del rio venía acompañado de un fuerte olor a pescado. Han transcurrido los tres días que exige el ritual funerario o “Rito de paso”.

– Quizás este viaje ayude a rememorar tu infancia y por fin llenes el vacio que tienen tus ojos tristes. -Recordó en sueños palabras de la señora antes de que el golpe a la puerta la despierte.

Cumpliendo un encargo, un monje con su cabeza completamente rapada lleva entre sus manos un paquete envuelto en papel amarillo. Mientras Tuyen tira del moño azul para poder abrirlo, este amablemente le explica que, para rendir un último honor especial a la señora, Loan la escogió a ella como una de las escoltas. El paquete para su sorpresa contenía dentro lo que nunca imaginó recibir, un hermoso vestido blanco ajustado al cuerpo que traía bellos dibujos de flores bordados en hilo dorado.

-No olvide el sombrero cónico, aquí es muy común que las mujeres lo porten todo el tiempo.- Dijo antes de retirarse.

El ritual se compone de dos partes. Una es la ceremonia privada símbolo de la amistad que se desarrolla en el orfanatorio. La otra y final o el principio de la otra vida como suelen llamarla sucede con una cremación a orillas del rio. Apenas se encuentran en el orfanatorio Tuyen llevando el estuche de violín a sus espaldas ensaya una pequeña reverencia flexionando un poco sus rodillas - Gracias por este honor- dice agradeciendo por la invitación para ser una de las escoltas.

Sonriendo Loan responde -es lo menos que podía hacer por ella.-

Antes de comenzado el atardecer, el largo cortejo fúnebre comienza su peregrinación.

Al frente iban varios carros con dos ruedas tirados por personas transportando músicos equipados con instrumentos ceremoniales. Más atrás marchaban a pie monjes ataviados por túnicas naranjas entonando cantos, detrás venían otras personas con inciensos en sus manos. El color blanco símbolo de la pureza predominaba. Otros dos monjes con un mazo hacían sonar una ligera campana redonda la cual estaba sostenida con sus hombros mediante un tronco.

Por último venia un carro de dos ruedas que transportaba el féretro el cual era remolcado al menos por veinte hombres. Tenía en su parte superior una especie de réplica de un templo todo tallado en madera con inscripciones a sus costados.

Tuyen y Loan cerraban las filas caminando por detrás del ataúd. En sus manos sostenían un hilo blanco de seda, símbolo del camino que el espíritu de la señora debe seguir.

¿Estás preparada? Falta poco.- Preguntó Loan.

Nunca tuve el valor para hacerlo ante tanta gente, pero no puedo fallar en mi promesa.- Respondió Tuyen con cierto miedo en su rostro.

Solo cierra tus ojos y piensa en algo lindo, algo que te de felicidad- agregó Loan.

El sol del atardecer poniéndose detrás de las montañas y su mezcla de cielo y colores daban una sensación de paz a la ceremonia que continuaría a un lado del gigantesco puente rojo de hierro que une ambas orillas.

Hileras de señoras sueltan faroles y canastas de papel conteniendo velas encendidas que centellean con sus luces sobre las aguas del rio a modo de ofrenda a los espíritus antepasados.

Una tarima, que formaba una especie de muelle construida en madera apenas elevada sobre el agua, fue el lugar donde colocaron el pequeño templo que contenía en su interior el ataúd de la señora. A un lado Loan y al otro Tuyen iluminadas con el fuego de dos antorchas lo custodiaban, delante de ellas la multitud de personas quienes murmuraban ansiosas de presenciar, tal como lo requiere su costumbre ancestral de utilizar los cuatro elementos de la naturaleza, el acto de cremación dando la bendición a sus cenizas.

Thian vestido con un traje blanco con dibujos de dragones bordados en dorado y con su rostro endurecido, lanzaba miradas de odio que parecían quemar la cara de la mujer extranjera quien ahora sabe que había llegado el momento de comenzar con la parte más importante de su misión, ante la atenta mirada de los pobladores, a quienes no les agradaba mucho las visitas y mucho menos si estos eran extranjeros.

Retiró de sus espaldas el estuche de violín y comenzó con los pasos previos para poder acomodar el instrumento bajo su barbilla.

Lo más difícil para ti – recuerda en ese momento las palabras de la señora – será mirar a los ojos de Thian y saber que es un líder, alguien a quien su pueblo respeta mucho, pero alguien que gobierna desde el rencor y no desde el corazón, porque la diferencia entre odiar y dar amor se basa en la respuesta que vendrá a cambio.-

-¿Algo feliz?- Piensa Tuyen antes de cerrar sus ojos mientras busca ese algo entre sus sentimientos.

Igual a una diminuta esfera saliendo a flote en el agua de la clepsidra que mide cada una de nuestras vidas, tras el humo de la niebla mental. Aparece una cama, en ella su mamá postrada acariciando la cabeza de su dulce pequeña.

Prométeme que serás feliz aunque mañana no me tengas en tu vida y que nunca vas a olvidarme.- Suenan en eco las palabras extraídas de algún cofre aislado. Al costado el estuche de violín. El mismo que ahora ella vuelta una mujer adulta ejecuta con toda maestría. Como cuando antes de dormir utilizaba su mamá para arrullarla.

Salen a la luz cataratas de momentos. La mano de su madre cayendo sin vida y su tía apareciendo enfundada en su traje de monja y lejos, lejos ese cuarto donde esa noche murió, donde respiró tranquila por última vez esperanzada de que su hija cumpla en el futuro su promesa.

La rabia de no recordar ese triste día abrió heridas, quizás Thian también comparta esa misma rabia y sus heridas por eso no sanen.

Cambia en bellas notas sus ganas de llorar y de esa forma contagia en emoción los corazones de todos los presentes. Sus dedos ya sin nervios se deslizan más livianos. Contrae el arco y saca con el fuerte roce en las crines del violín, notas que se transforman en golpes vibrantes, melodías que sacuden como panal de avispas los sentimientos de las personas, quienes apenas sienten el contacto de la música con sus oídos, responden despertando hermosos recuerdos.

Algunos de ellos comienzan a tener memoria de momentos alegres con la señora. Otros de haber recibido palabras de cariño y consejos y, más atrás Thian, quien se ilumina con abrazos del pasado que erizan su piel. Con sonrisas y palabras de amor pronunciadas por ella, la persona a quien, junto a su hermana, amaron como a su propia madre desde que eran unos huérfanos adolescentes perdidos entre los escombros de la ciudad.

Cuando finalizó, Tuyen abrió sus ojos y se encontró con la multitud que la rodeaba compartiendo entre ellos una conexión emocional provocada por su música. Sumergidos en un silencio absoluto que a su vez los conectaba, como si no hiciera falta decir palabras ni ponerse en el lugar del otro para entender cuanto extrañaban a la difunta y lo importante que fue haberse sentido bendecidos con su amistad.

A lo largo de su vida todos los habitantes de ese pueblo terminaran recordando ese funeral, porque jamás volverán a vivir uno igual.

Superada la puerta de prueba Tuyen miró directo hacia Thian, quien conmovido dio la vuelta y trató de alejarse de todo ese silencio.

Thian- Gritó ella a viva voz. El hombre se detuvo y giró levemente su cabeza al escuchar esa voz femenina a sus espaldas.

Mi nombre es Marie – continuó diciendo – y vine aquí con un propósito. Con una misión encomendada por una persona a quien yo, al igual que todos ustedes, quería mucho.

Para ello crucé dos continentes sin importarme todo lo que dejaba atrás, ni mi bienestar y ni siquiera mi nombre. Pero ahora deberás escuchar lo que ella, quien entre lágrimas repetía incansablemente tu nombre durante muchas noches, lo que quería decirte en tantas cartas escritas que nunca leíste. – Tragó saliva y endureció aun más la voz

-Existen madres que pierden sus hijos al nacer, otras que la crueldad de la guerra en un segundo se los arrebata. Pero todas ellas comparten algo en común, al igual que aquellas que en este lugar abandonaron a los suyos, y es el miedo, porque son seres humanos y en eso todos nos parecemos.

Vivian sumergidos en la crueldad de la guerra y llegó un momento en el cual la señora, tu madre adoptiva, tuvo que decidir entre sacar los peor de sí o, de cambiar el mundo.

Y eso fue lo que hizo, quizás no lo entiendas, pero su acto de sacrificio en cierta forma ayudó a tu pueblo.-

Girando su cuerpo Thian pregunta – ¿Y usted que sabe de una guerra si nunca padeció ninguna? Fuimos un pueblo que venció a quien antes nadie venció pero las consecuencias de esa victoria fueron desastrosas para nosotros. Ante los ojos del mundo somos invisibles.-

Tuyen desafiante responde -Por eso mismo, porque no tienes memoria ni siquiera para perdonar a los mismos hermanos de tu tierra, no miras lo que has dejado de hacer por ver lo que los demás antes han dejado de hacer. Dejaste de construir, de reír, de sentir y lo que es peor, dejaste de perdonar en tu corazón. -

Al hablar ella dice palabras que parecen puñales afilados arañando su garganta al salir.

-Volviste esta una tierra de fantasmas en una lucha por volver a que todo sea igual otra vez, pero eso nunca se logra solo. Eso precisa de la ayuda de todas las personas. Cada uno de estos huérfanos quiere alguna vez cumplir su sueño, y es el de volver a ver a su madre y permíteme decirte algo para terminar.- Su voz comienza a suavizarse – las personas a veces cambian y resulta que justamente, hay madres que quieren volver a ver a sus hijos.– Su mano señala hacia la otra parte del puente donde se podía observar a cientos de personas forcejeando con los soldados que intentaban impedirles el paso. – Tú decides si permites que se haga realidad el sueño de estos niños.-

Thian alza la mirada y luego la dirige hacia donde Loan, quien cómplice de la mujer extranjera se encuentra sonriendo. Durante los tres días que duró la preparación del funeral, se dedicó junto a ella a contactar a todas las familias de los huérfanos quienes arrepentidos y al no poder cruzar el puente, habían dejado miles de cartas solicitando el perdón para poder regresar. Pero ella en rebeldía a las órdenes de su hermano, las guardó con la esperanza secreta de que alguna vez pueda ayudarlos en el reencuentro con sus seres queridos.

Sintiéndose en el fondo traicionado por su hermana, pero a su vez comprendiendo de que su voluntad había sido débil y que ella había demostrado una inmensa sabiduría  en sus actos, la que precisa todo líder, Thian caminó hacia la tarima donde estaba el féretro y tomando una de las antorchas preparadas especialmente para el ritual de cremación, miró hacia uno de sus capitanes y moviendo la cabeza aprobó el ingreso de las personas y luego arrojó la antorcha.

Las llamas ardían como el sol en la noche estrellada, intentando no llorar Thian mordió su labio inferior con tanta fuerza que brillaba su sangre. Adiós madre-  dijo en soledad antes de retirarse del lugar en dirección hacia el orfanatorio.  

El resto de la gente haciendo una reverencia de agradecimiento y con marcada felicidad en su rostro, se habían retirado en búsqueda de darles un cálido recibimiento a las personas que cruzaban el puente.

¿Qué harás ahora?- Preguntó Loan, tu misión aquí por lo visto terminó.

No lo sé – respondió Tuyen (Marie) – Quizás haga algún viaje.-

Podrías quedarte – dijo mirándola fijo, - en el futuro vamos a necesitar más ayuda, además de una buena maestra de música. Pero llevando tu verdadera identidad, ya no hará falta esconderse de nadie.-

Gracias por ayudarme a que se escuche su último deseo.- Fue lo último que hablaron antes de que los interrumpa el fuerte ruido del muelle improvisado rompiéndose y en forma de barca, el féretro en llamas comience a navegar hasta sumergirse en su tumba natural en el fondo de las aguas del tranquilo rio de los pescadores.

 

F I N

 

© Claudio Alejandro Castro