Los Nadies...
Los Nadies
Sin importarle encontrarse sola en una zona casi marginal y mientras el sol se hacía pequeño en el horizonte, rentó por una noche en un modesto hotel, el cuarto más accesible al poco dinero guardado en sus bolsillos. Una mesa pequeña y una silla de madera muy deterioradas, eran todo el confort con el cual contaba la habitación. Cerca de la cabecera de la cama se hallaba el baño. El suelo estaba cubierto por una alfombra bastante desgastada por el andar de los anteriores visitantes y sus paredes, revestidas con papel tapiz de color oro. Entró apresurada y, utilizando el pasador metálico, trancó la puerta y corrió las cortinas grises tratando de oscurecer el lugar. Quitándose los lentes de sol, se recostó sobre la cama intentando dormir algo. Ya entrada la noche despertó envuelta en pesadillas. Desorientada al principio buscó a tientas el interruptor para poder iluminar el cuarto que se hallaba completamente en penumbras. Luego tomó un largo baño y mientras revisaba las dolorosas marcas de su cuerpo, escenas como destellos breves pero intensos, sobre lo que había ocurrido esa mañana en su hogar, inundaron su mente…el recuerdo de un florero conteniendo magnificas magnolias rosadas estallando contra la pared, y ella golpeada cayendo al suelo mientras su marido gritaba con ojos enloquecidos culpándola por su violencia, desató una catarata de lágrimas en sus claros ojos verdes.
El teléfono móvil colocado sobre la cama, vibró un par de veces avisando de la llegada de un nuevo mensaje. Como si ella lo estuviera esperando, salió rápidamente de la ducha y envolviendo su cuerpo con un toallón blanco, se acercó a leerlo mientras secaba su largo cabello rubio y lacio: Sé que me amas y por eso voy a olvidar tu intento de abandono. Prometo si regresas no volver a levantarte la mano bajo ninguna circunstancia. Aunque trates no puedes vivir sin mí, nadie te querrá más ni te cuidará tanto como yo y tengo por seguro, de que no deseas pasar más de un día fuera de nuestro hogar.
Desarmada ante lo que leía, se sentó sobre la cama y durante unos minutos solo lloró, luego revisó su billetera encontrando que el dinero sólo le alcanzaría para un par de días de hotel y comida. Cansada de los maltratos, era la primera vez en la cual se animaba a intentar abandonarlo, pero se sentía una inútil pues ella jamás había trabajado y su marido era el único sustento del hogar, además no tenía la suficiente fuerza para dejarlo. –Quizás esto pase pronto y se haya dado cuenta de cuánto me ama.- Se dijo como conformándose. -Tal vez yo le haya fallado y sea solo mía la culpa. Podría… - continuó pensando - …darle una hermosa sorpresa y no llamarlo antes para avisarle de mi regreso.- Decidida se vistió nuevamente y colocándose los lentes de sol, cubrió el moretón de su ojo derecho y abandonó más tarde el modesto hotel con lo poco que había traído, su ropa puesta y su cartera.
A pesar del pánico que le daba salir a la calle sin la compañía de su marido, Se aventuró y caminó un par de cuadras sin mirar hacia los costados. La noche era fresca, sin luna y de claras estrellas parpadeantes. Las luces de los autos comenzaban a ser más fluidas, colocó una chalina sobre su cabeza intentando que cubriera casi todo su rostro y, buscando alguno que la acercara a su hogar, se quitó los lentes para poder ver mejor los recorridos de los autobuses. Reconoció una calle de su barrio en uno de los postes, y apretando la cartera decidió esperar...la calle se tornó sigilosa por unos momentos, tanto que su mente hasta ahuyentó todos los pensamientos que la embargaban. Sintió dentro de ese silencio una voz diciéndole...-Buen día-...lentamente miró a su alrededor, y se encontró con una señora mayor quien con una gran sonrisa la miraba. -Buen día- repitió otra vez...Juanita desconcertada, ya que muy pocas veces alguien extraño la saludaba de esa forma tan dulce, atinó a decir -buen día...espero el colectivo 104 ¿Y usted?-
-Puedo tomar ese o la otra línea, ambos me dejan cerca...no tengo apuro por llegar, pues nadie me espera.- El silencio volvió a flotar entre las dos mujeres. Las primeras luces del amanecer asomaban mientras el aire matinal perfumaba las calles. Aquella mujer le traía a Juana vagos recuerdos de su niñez en casa de su abuela...y quizás una necesidad imperiosa por averiguar más le hizo preguntar -¿Usted no tiene familia?- La voz de la mujer al responder declinó un poco - no, nadie, mi hijo está en el extranjero y el que era mi marido al final logré que me dejara tranquila.-
-¿Qué pasó? -Murmuró Juana, mientras entre sus pensamientos incorporaba la idea de que otras personas también como ella, sufrían por culpa del amor en el mundo. La mujer se acercó y con su mano suavemente levantó un poco la pañoleta con la cual cubría parte del rostro su interlocutora -¿Quien te lastimó así?- Dijo mientras Juana colocaba nuevamente los lentes buscando ocultar su ojo morado, luego contestó rápidamente -nadie...nadie...no es nada, solo llevé una puerta por delante-.,.La mujer volvió a sonreír, y agregó -justamente eso pasaba ...la nada ...mis golpes siempre eran justificados por diversas caídas o tropezones inventados ante quienes preguntaban-...la mujer observaba como Juana sudaba y temblaba. En un gesto como el de una abuela a su nieta, puso su mano en su brazo y dijo…- no dejes que te venza, uno siente que nadie ayuda, pero a su vez, no dejas a nadie hacerlo. El miedo a perder lo que pensamos una familia y la vergüenza, no nos permiten dejar entrometerse a ninguna persona. Pensamos en que la última será realmente la última vez y que todo volverá a ser como al principio-...Juana atentamente escuchaba a aquella mujer. Por momentos sentía sus palabras como bofetadas, sin embargo su voz interior le decía -sigue escuchando-...y uno que otro latido fuerte de su corazón le gritaba...-¡Ella no es nadie, no es nadie!- la mujer la tomó de la mano y prosiguió diciendo...-no temas.... estoy aquí para ayudarte, no soy nadie y no me conoces, pero a mí me ocurrió lo mismo, la frase “no temas, estoy aquí para ayudarte” la escuché semiinconsciente cuando una mano se aferraba a la mía y mientras me subían a una ambulancia. Ese día...las personas que no conocía…”Los nadies” a quienes siempre les mentía con mis caídas, pasaron a ser mi fortaleza. Esos “nadies” en los cuales ahora puedo fiarme, ellos fueron quienes me indicaron mi nuevo camino.
Confiando en mi pequeño, pero suficiente valor, los seguí y comencé de nuevo y pude con el tiempo, aprender a valerme por mi misma.-
-No sé si pueda ser valiente.- Dijo Juana con su voz completamente resignada. -Tú lo eres…-dijo la misteriosa mujer con tranquilidad y confianza en su voz -…solo que nunca te permitieron tener la suficiente confianza en ti, y te enseñaron que siempre debes depender de una persona para poder vivir, sin importar siquiera como te trate o cuantos puñados de sueños traigas guardados en tus bolsillos. Pero ese amor, no te hace bien y te lastima por dentro y por fuera.-
-¡Yo tengo lo que me merezco!- Agregó enfurecida Juana, buscando que la mujer se calle y deseando ver llegar pronto el autobús necesario para alejarla de ese lugar. Pero fuera de sus deseos ella siguió hablando.-No, no tienes lo que te mereces, pues si así fuera no esperarías la aprobación suya para todo lo que hagas o quieras, ni tampoco arrastrarías, en tu bello rostro joven con infinitas pecas, esa mirada triste como la de un preso ¿Acaso recuerdas cuando fue la última vez que sin vergüenza, estallaste en carcajadas sin importarte la presencia de gente extraña? ¿Entonces si vives de esa manera, con el señuelo de que alguna vez todo cambiará, como sabrás si la vida te tiene grandes planes guardados?-
El silencio absoluto fue su respuesta. Ansiando que sus palabras hayan tocado el corazón atormentado de Juana. La misteriosa mujer le entregó una tarjeta y le rogó imperiosamente que no dude en llamarla si alguna vez necesitaba ayuda. Entre dientes agradeció y luego suspiró aliviada de verla tomar el autobús mientras ella continuaba sentada aguardando por el suyo. Miró la tarjeta y encontró que era voluntaria en un centro de ayuda, pero lo más llamativo fue la frase colocada debajo de todo el texto: “Eres alguien cuando dejas de ser nadie.” Simplemente decía, pero esa frase logró disparar rápidamente sus pensamientos y la asaltó en ese momento una duda. Si su vida luego de tantos años de matrimonio en ningún momento llegó a cambiar como la de esa mujer, quien cansada había abandonado a su marido ¿Por qué lo haría ahora? -Mejor pienso…-se dijo para ella misma-…en que voy a cocinarle de rico al mediodía a mi esposo para buscar reconciliarme con él, por haber pasado la noche fuera de nuestro hogar.- Pero enseguida recordó algo de lo dicho por la gentil mujer quien minutos antes había partido en un autobús -” ¿Cómo sabrás si la vida te tiene grandes planes guardados?”- De pronto el teléfono pareció despertar como respondiendo a su pregunta y ella sabiendo que su marido era el único poseedor de ese número, ya que jamás le había permitido tener amigos, demoró en responder.
-Cómo pasa el tiempo, ya casi tres años.- Le comentó Juana a la señora mayor en edad y cabello blanco que se hallaba frente a ella. Conociendo su doloroso pasado la mujer enseñó una amplia sonrisa y respondió.-Esta noche tienes clases y como es el último año del colegio de adultos, debes pensar en cual carrera universitaria vas a continuar cuando termines. Te imagino el día de tu graduación universitaria...lo que te propongas lo lograrás.-
-He traído varios folletos de universidades y quisiera que usted, tal como lo hizo ese día en la parada de autobuses, me ayude a elegir alguna.- Agregó Juana con tono alegre en su voz, quien luego de haberse armado del valor suficiente para no atender el teléfono esa mañana, escuchó finalmente el “sálvate” de su voz interior.
F I N
© Claudio Alejandro Castro
