Penumbra

09.05.2015 02:38

   Penumbra

Nuevos hombres tal vez heridos por el fracaso, se acercaron a las puertas del monte donde estaba asentado el reino de la soledad, y observaron que por la superpoblación, muchos de sus habitantes debían dormir en sus calles y parques.

 

Viendo que no podían quedarse y agotados de tanto andar, se decidieron a fundar un pequeño pueblo al pie del monte, al cual llamaron “Penumbra” luego construyeron un muro frio y alto, que acorralaba la ciudad, buscando que aquel que escape del reino vecino, no cruce por sus tierras y quiera intentar traerles esperanza alguna. Presurosos se dispusieron a buscar nuevas leyes para su pueblo. Todos estaban de acuerdo en que se abandonarían a la miseria del alma, intentando que esa decisión, los vuelva uno solo con el dolor que arrastraban por dentro. Grandes tempestades por momentos salvajes, sacudían la tierra y acompañaban sus días y noches, llenando las alcantarillas de penas y ayudando a completar el olvido.

 

Algunos de ellos se dirigieron hacia los bosques, cuyos arboles parecían cadáveres secos por el paso del tiempo, buscando hacer prisioneros a todas las aves, logrando de esta manera que cuando llegue el alba, el silencio lo domine. Otros se inquietaban si veían que el invierno se alejaba.

 

Deshabitados en sueños, ya no reparaban en ausencias que como huecos llenaban la memoria.

Los meses e incluso años siguientes, terminaron de borrar las agujas doradas que marcaban las horas en los relojes. Hasta que una noche, la tormenta poco a poco se fue disipando, descubriendo al cielo y su población de astros nocturnos. Sin intentar alzar la vista en ningún momento y preocupados, retornaron hacia sus moradas. Hasta que una luz que comenzó a derrotar a la obscuridad les llamó la atención, obligándolos después de tanto tiempo pasado, a mirar por primera vez hacia arriba y asombrados vieron como ese haz de luz, se propagaba por el espacio infinito y atravesaba el firmamento por delante de la maraña de estrellas que coronaban y llenaban en resplandor, la hermosa imagen que se sucedía ante ellos.

 

Luego que el haz de luz se perdiera en el horizonte y desarmados ante tanta belleza, se quedaron envueltos en un profundo silencio contemplando a las brillantes estrellas, que parecían estar casi al alcance de sus dedos. Mientras las veían se dejaban mecer por el suave viento, como si fueran un inmenso campo de girasoles. Sentían en sus corazones, como la tormenta definitivamente se alejaba.

 

Algunos se llevaron la mano hacia la boca, quizás recordando el roce sensual de unos labios y su sabor a miel, o quizás el aroma de una mujer, ese que siempre queda dentro tuyo y te ayuda a no sentirte perdido. Otros vertían lágrimas congeladas de alegría en sus ojos encendidos, quizás recordando el abrazo ligero de un niño, pero todos se dieron cuenta, de que aún estaban vivos. Extrañaron ver su huella en el viejo camino andado y comprendieron que el recorrido hacia el mañana, siempre se hace con besos y promesas. Ya no deseaban entregarse al destino, sin ser ellos, los dueños de la pluma con la que se escriba su futuro.

 

Levantaron sus brazos y estallaron en júbilo al escuchar cómo caía con fuerza, el primer ladrillo del alto y frio muro que los separaba de la soledad y rápidamente antes de que llegue el alba, soltaron a los pájaros que mantenían cautivos, para qué con su canto, pudieran despertar a los habitantes del reino contiguo y luego, se abrazaron y rieron celebrando con canciones de amor al calor de las hogueras, al darse cuenta que si crees en ti, la esperanza siempre te aguarda, esperando que tú la llames. Fue así como al día siguiente todos ellos decididos a regresar, abandonaron sin mirar hacia atrás, aquél lugar llamado “Penumbra.”

 

F I N

 

© Claudio Alejandro Castro