Príncipe valiente
Príncipe valiente
Cuenta la historia de aquel apuesto genio de la lámpara dorada. Quien cansado de ser esclavo y habiendo concedido a su malvado amo, con el dolor más profundo, su deseo de tener un reino sin límites donde con mucha tiranía y miedo sobre todos los pueblos, pueda gobernar. Quebrantando su juramento, robó sus dos deseos y marchó luego de pedir conocer el amor verdadero.
En su camino cruzó inmensos mares y reinos abatidos por su cruel amo.
Cuenta la historia que, llegando a un bosque lejano y fantástico, conoció duendes, gnomos y mágicas hadas. Sobre la vera de un río de piedras blancas y aguas de manantial cristalino fue donde la encontró. Solo una mirada suya le bastó para invitarlo como una hoja seca a volar alrededor y, con la suavidad de su piel, lo hizo sentir parte de este universo, llevándolo a lo más profundo de sus nuevos sentimientos, y la bella doncella en sus generosas manos lo recibió.
Cuenta la historia que esa misma noche la luna azul y las estrellas se fueron a dormir temprano, dejando que sus cuerpos se fundieran en pasión y ella con sus besos llenó de agua fresca los ríos secos de su interior y con sus caricias logró hacerlo sentirse totalmente amado. La primera lucecita de Aurora los encontró juntos y el genio, con un brillo distinto en sus ojos claros, partió a buscar lirios de las montañas para su amada.
Cuenta la historia que su fuga llegó a oídos del amo, quien, molesto por sus deseos inconclusos y sabiendo que ese ser era el último de todos los genios de una lámpara, dio la orden a sus siniestros magos de buscarlo por los escombros de los reinos destruidos. Ellos, cumpliendo su mandato con ojos de odio mortal, recorrieron los cielos en el día y, en las noches con ojos de búho negro, hasta que esa mañana dieron con la muchacha junto al río.
Cuenta la historia que uno de ellos, el anciano de horrible aspecto y un ojo tuerto, le preguntó sobre el genio y ella negó conocerlo, pero la lámpara que yacía cerca de las piedras blancas y que las criaturas del bosque corrieron rápidamente a esconder, dio cuenta de su mentira. De inmediato la condujeron al Palacio del Miedo, que era como lo llamaban en esos tiempos.
Cuenta la historia que, sin soltar una lágrima, soportó crueles torturas. Pero, aunque apenas podía mantenerse en pie, ella nunca habló y, pronunciando su nombre, la bella doncella murió. Un hada esmeralda que recorría el cielo en ese momento, con un velo de tristeza en sus ojos, llevó la noticia al bosque lejano. El genio, apenas enterado, dejó atrás su rostro risueño y alegre para volverlo en uno muy agriado y duro; tomó una espada y, junto a un séquito de las criaturas más variadas del bosque fantástico, montó en un hermoso caballo de sangre árabe y de gran velocidad y partieron luego bajo un cielo totalmente amarillo a buscar venganza.
Cuenta la historia que, en su camino, conociendo su idioma, sumaron a los elfos a sus fuerzas, llegando hasta el borde del palacio del miedo ubicado sobre las dunas del desierto infinito. Divulgada la noticia de la rebelión, los beduinos de los oasis, portando sus turbantes y sables curvos, montaron en camellos y se les unieron y juntos combatieron contra los ejércitos tenebrosos compuesto de seres de piel de arena y ojos rojos y malignos, entre los exuberantes jardines con palmeras y flores de múltiples colores. El genio, haciendo uso de sus poderes, diezmó fácilmente a sus adversarios y quebró con su magia los conjuros de los siniestros magos, logrando llegar hasta su objetivo final: el majestuoso aposento residencial.
Cuenta la historia que, luego de atravesar esa puerta, encontró a su antiguo amo, quien, usando un arco y flecha, temblaba en ese momento viendo cómo el genio, llevando un semblante amenazador, transformaba en piedra a sus feroces leones de pelaje blanco y rayas negras con enormes mandíbulas y dientes afilados. Luego de esto fue cuando, a pesar de que sus oídos se llenaban de promesas de joyas y de regalos magníficos por tan solo detenerse, el genio hizo uso del único deseo vigente, el de volverse una persona simple.
El amo, mientras sentía cómo su cuerpo estaba siendo completamente invadido por el miedo al ver esos dos ojos que no dejaban de mirarlo con fuerza y decisión, disparó una flecha que silbó en el aire y con la cual terminó atravesando el noble corazón, ahora humano, del genio.
Ya todo se fue transformando en paz y recordando la dulce imagen de la doncella de belleza radiante, quien, a orillas del río de aguas de manantial cristalino, lo salvó con su amor de la esclavitud eterna; cayó de rodillas y, en el fin de la vida, sonrió sintiéndose libre antes de cerrar sus ojos claros para siempre. Su muerte terminó volviendo polvo la lámpara mágica y eso finalizó con el primer deseo concedido. Las criaturas del bosque lejano pudieron capturar al malvado rey a quien, sin escuchar sus lamentos de misericordia, lo mandaron a encerrar en los calabozos bajos junto a las alimañas y ratas que vivían allí.
Tiempo después fue desterrado hacia el interior del desierto infinito vestido solamente con su corona de joyas brillantes, y nunca más tuvieron noticias suyas.
Cuenta la historia que los reinos fueron nuevamente levantados y las hadas nombradas reinas, quienes, junto a los hombres, con sabiduría y orden llevaron sueños cargados de esperanza hacia los sitios más lejanos antes azotados por la oscuridad, sin jamás olvidar a la bella muchacha y al valiente genio.
Aquí termina la historia sobre la búsqueda del último genio de una lámpara dorada, quien respondió una pregunta que alguna vez nos hacemos todos. Vale la pena vivir siendo un esclavo? Y que forjó una crónica distinta a la sus antepasados y que aún hoy en día, esa historia de cómo uno mismo, si se lo propone, como una mariposa dejando su capullo atrás, puede cambiar de adentro hacia afuera. Esa crónica llena de valor y coraje aún logra escucharse entre el sonido del viento caliente de las arenas del desierto, una maravillosa leyenda que habla de un príncipe valiente.
F I N
© Claudio Alejandro Castro
