Regreso a Odisea

25.07.2019 21:05

 

Regreso a Odisea

                                        PARTE 2

 

-¿Lara, estas lista?- Preguntó el muchacho de rastas cortas luego de colocar el arnés de seguridad, sus lentes espejados de forma redonda brillaban contra el sol. Un detalle que cuando subí a la baranda del viejo puente metálico del ferrocarril parecía tan minúsculo esa tarde de cielo completamente despejado y de calor veraniego. Abajo el tranquilo y pequeño río de aguas cristalinas parecía no ser muy profundo. Pájaros con bastante curiosidad observaban desde los pentagramas de los cables de alta tensión.

-No- respondí –pero creo que ya no importa- la adrenalina circulaba muy rápidamente por toda mi sangre que con mis 25 años parecía hervir de valentía y ganas de divertirme.

Quizás en nuestros genes cometer locuras todo el tiempo sea algo inevitable. En un mundo donde hay cierto orden tendemos a luchar por sobresalir sin pensar en algún momento en las consecuencias y como dice el dicho debes enfrentar todo aquello que más te de miedo y más cuando jugas una apuesta. Ese día estaba plenamente dispuesta a enfrentarlo.

-Es sencillo- agregó con voz calma mientras rascaba su barba algo desprolija –con este viento liviano que no desequilibrará tu caída y sujeta de los tobillos con una soga elástica, tendrás un salto controlado y con tan solo estirar tus brazos vas a poder elegir si tocas o no el agua. Luego se acercará una embarcación que te traerá hacia la costa. Vivirás una experiencia única y sin riesgo.-

Lo siguiente fue el sonido de la cuerda acompañando mi caída y el posterior silbido del viento que despeinó mi pelo por completo (encima esa mañana no había tenido mejor idea que asistir a la peluquería). El puente desde donde salté había quedado muy atrás.

No sé porqué pero en ese momento buscando algún recuerdo que tranquilice mis latidos apareció uno de mi madre y su relato de Odisea, el pueblo invadido por espíritus, recalcando que esa noche había hecho conexión con uno de ellos. La verdad era tan pequeña que no retuve memoria alguna de ese día.

A medida que te acercas al agua y la soga de color verde se va tensando, uno puede observar como su imagen se va agrandando. La luz del sol crea efectos sobre el agua divididos en tres partes: Absorción, una parte es absorbida en calor. Refracción, son la parte de los rayos que la atraviesan y desvían el agua y Reflexión, la cual se comporta como espejo y es la que nos permite vernos nítidamente reflejados en la superficie, al igual que el paisaje a nuestro alrededor los cuales naturalmente se conjugan para poder regalarnos bellas fotografías mentales.

Viendo que me aproximaba al río, decidí seguir el consejo del guía de salto y quedando como una flecha en el aire, estiré ambos brazos para poder tocar el agua. Mi reflejo copiándome también hizo lo mismo, pero, al ingresar mis brazos como unos 20 centímetros y mientras el agua parecía iluminarse aun más, fue cuando sucedió algo totalmente extraño y diferente a lo esperado.

Podría jurar que sentí como si mis manos se hubieran convertido en plomo. El arnés de seguridad no logró soportar tanto peso y terminó rompiéndose. Sin darme tiempo a reaccionar caí como piedra hacia el interior del rio. Del miedo ante lo desconocido cerré mis ojos y sin que nada pudiera evitarlo me sumergí en la profundidad de sus aguas.

Cuando escuché que me susurraban al oído abrí mis ojos creyendo que era mi madre. Pero no encontré a nadie cerca de mí. Tampoco había señales del rio sino que me hallaba a la ribera de un pantano de aguas turbias. Tosí varias veces y luego escupí agua de mis pulmones. Revisé la zona con la mirada pero no logré divisar el puente metálico del cual había saltado ni montañas alrededor, la vegetación era seca y muy distinta al clima verde y veraniego del cual provenía. No había animales y el silencio reinante, sin gritos de pájaros, era parecido al de una sala de biblioteca. Una neblina de un color verduzco cubría todo y no permitía siquiera ver el cielo, aun seguía atardeciendo y los arboles desvestidos de hojas daban un aspecto algo tenebroso.

Un poco desorientada me puse de pie y pude percibir a lo lejos ruidos como de altavoces y sin dudarlo hundí mis pies en el fango y me dirigí hacia ese lugar buscando averiguar dónde me encontraba.

Estaba muy lejos de mi tiempo dentro de un escenario muy cambiado. Mi teléfono celular no funcionaba por lo que ya no me servía. 

La oscuridad me atrapó sin saber si en el cielo había luna llena o no, mientras bajo la neblina  la temperatura había descendido como diez grados haciendo mucho más espeso el frio de la noche, me detuve a descansar entre las enormes raíces de un árbol cuando me aproximé al borde de una carretera.

De algún lugar entre las inmensas sombras surgieron unas siluetas de diferentes estaturas que se fueron duplicando en cantidad, unos seres de aspecto siniestro y abominable parecidos a hombres lobos de grueso pelaje y ojos negros cruzaban por el bosque en ese momento. Cuatro de ellos, los últimos, detuvieron su marcha y parándose en sus dos patas traseras lanzaron gruñidos y olfatearon el aire como si hubieran encontrado algo que les llamó la atención. Pero no demoraron mucho en mirar hacia mi lado y luego comenzar una veloz carrera hacia el terreno elevado donde me encontraba escondida.

Para ser sincera nadie se prepara para algo como esto, en el poco tiempo que tengo  antes de que las feroces bestias lleguen analizo opciones. El fuego espanta a los animales pero no fumo ni tampoco traigo fósforos conmigo por lo que lo descarto. Teniendo en cuenta su velocidad y rapidez de movimientos, correr no es para nada una buena idea ya que no podría hacerlo más rápido que ellos. Como dijo mi madre hay que enfrentar tus miedos para poder vencerlos y esa era la única opción posible entre todas las barajadas. Buscando entre mis ropas encontré mi vieja navaja de niña exploradora la cual siempre llevo encima.

Conociendo el origen de la causa no me interesaba dejar que el efecto me atrape estando quieta y muerta de miedo. Cerré mi ojos por un momento y cuando calculé que estarían lo bastante cerca salí de mi refugio empuñando mi diminuta navaja pero para mi sorpresa algo inesperado sucedió.

Su cruel ataque estaba dirigido a un rebaño de ovejas quienes se convirtieron en sus víctimas. Con cada golpe de sus poderosas garras era como si una línea de 5 hojas de sierra fuera a la vez  despedazando carne, huesos y entrañas, llamando a la muerte entre despiadados aullidos. Precisaron solo unos pocos minutos para poder descuartizar a las inocentes ovejas.

Realmente no era el momento para jugar a ser valiente pues habría corrido peor suerte, regresé a mi refugio espontaneo entre las gigantescas raíces del árbol. De lo que estaba segura era que debía moverme pronto de ese lugar siendo a la vez muy cautelosa, pero escuchar nuevamente la voz diciendo –espera, aún no– cambió mi decisión. Un silbido como el que se usa para llamar a un perro se oyó deteniendo en seco la matanza. Los 4 hombres lobo inmediatamente giraron la mirada y se dirigieron hacia donde provenía el llamado. Sus peligrosas garras se encontraban totalmente ensangrentadas

En mitad de la carretera se encontraban varios hombres vestidos con hábitos de monjes color bordó que estaban atados a la cintura con un largo cordel de color blanco quienes parecían custodiar una especie de vehículo antiguo de cuatros ruedas, portaban mascaras equipadas con filtros de aire a los costados que no permitían ver sus rostros.

-Hermanos míos vengan, debemos prepararnos. Esta pequeño paraje es solo el comienzo, vamos a expandirnos hasta conquistar el mundo– dijo utilizando el micrófono que estaba conectado a los altavoces del vehículo una criatura muy llamativa de aspecto robusto quien asomaba por una de las puertas del vehículo. Lucía un atuendo oscuro y un sombrero parecido al que utilizan los vaqueros, su piel era muy blanca y tenía ojos negros que demostraban frialdad y sádicamente sonreía enseñando sus dientes perfectamente afilados. Una peculiar cicatriz con forma de herradura cubría parte de su ojo izquierdo. Como la peor pesadilla de monstruos que teníamos cuando niños, el engendro poseía una  boca y una nariz de gran tamaño sobresaliendo hacia el frente como si se tratara de una especie de eslabón perdido entre el lobo y el humano y bastante parecido a los que normalmente vemos pintado en los muros de algunos templos egipcios.

Una vez que estuvieron todos reunidos se retiraron a través de lo que se asemejaba a la entrada de un pueblo.

Tarde un largo rato en reponerme por el encuentro con esos seres mientras pensaba que de no ser por la voz que me detuvo quizás me hubieran descubierto. Por cierto la voz me resultaba algo familiar ¿Acaso esa voz, la de mi despertar aquí y la de hace un momento tendría algo que ver con mi viaje? Otra voz pero juvenil que sonó lo bastante cerca interrumpió mis pensamientos.

Hola, no te asustes- dijo con amabilidad y agregó –estamos buscando sobrevivientes de la batalla, vinimos a ayudar- al asomarme del escondite me encontré un grupo de chicos y chicas de aproximadamente 20 años, en total eran 10 pero solo uno parecía alegre de verme. Todos traían puesto lentes de sol, pero, aunque parecía un detalle bastante curioso y después de todo lo vivido esa tarde, no me pareció para nada asombroso, por eso no quise hacer algún comentario al respecto.

-¿Quienes son ustedes y de cual batalla estás hablando?- Pregunté con cierto nerviosismo.

El muchacho de piel amarilla y ojos pequeños con rasgos orientales pareció desconcertado por mi pregunta y agregó –intentaron recuperar la iglesia pero fue imposible. Las criaturas a las cuales llamamos “peludos” acabaron con casi todas las personas. Ven acompáñame. -

Los chicos se pusieron en marcha y los seguí a corta distancia, por el momento era mejor evitar andar sola.

-Mi nombre es Kwan y perdona por mi curiosidad- dijo el muchacho que me había encontrado –pero ¿Tú no eres de aquí verdad?-

Mientras rascaba mi cabeza sin algo acertado para responder tuve que preguntar -¿Puedes definir aquí por favor?-

Odisea ¡Aquí es Odisea!- Exclamó y al escucharlo mi rostro se fue desencajando. Quise hablar, poder decir algo pero lo siguiente que hice fue doblar mi cuerpo tomando ambas rodillas con mis manos.

¿Estás bien?- Preguntó Kwan con preocupación.

Si, si… - respondí medio entre risas nerviosas envuelta en una gran perplejidad, volví a erguirme y agité mis brazos –…es que solo necesito un minuto para reponerme.- Giré y caminé hasta alejarme un poco del grupo - “¡Estoy en Odisea!”- Me repetía mentalmente una y otra vez -¿Qué demonios hago aquí? ¿Quién me trajo?-

Aunque parecía una ironía del destino todo encajaba: Una voz, espíritus sobrenaturales, Odisea. Eran piezas de un rompecabezas ensamblándose, terminando de encajar en lugar y tiempo.

Los chicos haciendo silencio pacientemente esperaron y cuando pude recuperar el aire regresé con ellos. Debía obtener más información y solo así podría saber la razón por la cual me encontraba nuevamente en ese lugar.

-El progreso llegó a Odisea. Pero la muerte…la muerte jamás nos abandonó – dijo Kwan intentando explicarme lo que sucedía en ese lugar - todavía no está claro como se originó todo, primero fue la niebla y algunos niños enfermando, luego cuando comenzaron las primeras transformaciones ellos, la secta, llegaron y se adueñaron del pueblo. Teníamos un futuro muy prospero y luego la catástrofe sobrevino, aunque parezca una locura puedes ver su color verduzco en todas partes del pueblo y en ninguna. Algo imparable - Hizo una pequeña pausa y tragó saliva para luego continuar hablando – las líneas telefónicas están cortadas y los caminos cerrados. Hemos sido completamente aislados y por lo que notamos, el general, ese ser abominable que se comunicaba a través de los altoparlantes y su secta, ejecutan un macabro plan de invasión.- Un largo silencio parecido al de una mañana de domingo nos acompañó el resto del camino.

No pude evitar en ese momento volver a pensar en mi madre y en lo que ella me diría si estuviese presente; En primera medida cálmate, alterado nadie puede pensar claramente, segundo un espíritu no te hará daño a menos que tu se lo hayas provocado antes y tercero y por qué no lo más importante, siempre sé una persona valiente ya que será la única manera de poder encontrar la respuesta a todas tus preguntas.

Las dos efigies hechas en piedra que daban la bienvenida a Odisea parecían pálidas y tristes. Cientos de perros yacían muertos por las calles de cemento gris y su olor fétido impregnaba el aire por momentos.

-Nuestro pasado nunca nos permitirá cambiar del todo las cosas. Los niños de este maldito pueblo una y otra vez pagaremos por los pecados de los adultos.- Dijo Kwan con mucha rabia mientras caminábamos. –Aquí…aquí  es…llegamos – Agregó señalando hacia adelante.

Una oleada de calor interno me inundó el cuerpo al ver donde estábamos, como si mis entrañas, una por una, en ese momento se hubieran encendido en fuego.

Primero como marcando un tétrico paisaje venían los tenebrosos arboles retorcidos con ramas raquíticas que se encontraban colocados en línea, y luego, al final, la entrada de la escuela donde mi madre en el pasado había rescatado a la niña poseída por un espíritu.

Sin despegarme del lado de Kwan cruzamos las puertas de metal y enseguida un panorama mayormente desalentador y dramático se hizo presente. A modo de un improvisado hospital de campaña muchos de los heridos se encontraban recostados en el suelo sobre frazadas, sus rostros demostraban un dolor inimaginable. Un poco más alejado había madres con señales de cansancio y sus niños totalmente despreocupados de lo que sucedía a su alrededor, correteaban de un lado al otro sumidos en juegos infantiles. Pero algo totalmente extraño sucedía en ellos. La porción blanca del ojo estaba cubierta de un extraño color rojo brillante.

-Es el comienzo del cambio, - dijo Kwan apenas corriendo sus lentes de sol para permitir que vea sus ojos - luego tu sabes cómo termina, una hermosa bestia peluda que se vuelve una preciosa máquina de matar. - De esa manera despejó toda mi duda sobre por qué  los traía puestos siendo de noche, aunque muy en lo profundo se lamentaba de saberse sentenciado.

-¿Cuánto tiempo te queda antes de la transformación?- Interrogué mientras un sudor frío erizaba mi piel al ver como al centro de sus ojos le quedaba muy poco para volverse completamente oscuros.

-Mi madre está por allá, acompáñame - kwan buscó cambiar de conversación y señaló a una pequeña oficina ubicada detrás de un gran patio al que se podía acceder luego de esquivar decenas de ataúdes de madera de diversos tamaños.

En el interior de la oficina la iluminación era muy escasa – ¿Hijo, eres tú?- Una voz de mujer preguntó. -Hola mamá, aquí estoy- respondió el muchacho cuando reconoció a su madre.

La mujer de largos cabellos canosos se hallaba solitaria, sentada en el suelo de espaldas a la puerta de acceso y tapada a medias con una frazada, vestía ropas de iglesia y tenía muchos rosarios colgando de su cuello adornados con incrustaciones de oro y de plata. Sus ojos eran de un color totalmente blanco. -Tantos años sin el sentido de la vista – dijo - me enseñaron a reconocer otro tipo de sonidos como el de pasos o el poder comprender el estado emocional de las personas a través de su respiración. Esta vez es raro puesto que en el ambiente solo hay un perfume a piel  y es el tuyo, pero siento otra presencia ¿Estás con alguien más o lo estoy imaginando? - Como leyendo la habitación giró su cabeza hacia donde me encontraba.

-Me llamo Lara.- Dije a modo de presentación –mi madre es policía y estuvo aquí durante el incidente del juez-

-La recuerdo a ella y le estamos muy agradecidos – dijo – y también recuerdo como en ese tiempo maltratábamos a los forasteros siendo que somos un pueblo fundado en la antigüedad por forasteros. Ella sin darse cuenta además de ayudarnos a descubrir al culpable escondido entre nosotros, nos enseñó una gran lección. – Su voz se volvió algo temblorosa y frágil.

-¿Madre donde está la gente que estaba cuidándote cuando me fui?- Preguntó Kwan amagando a irse del cuarto en su búsqueda.

-Estás preocupado por mi salud hijo –dijo ella tomándolo del brazo y tosiendo varias veces. -Pero hay muchos heridos y no pueden encargarse exclusivamente de mí, por eso les dije que me dejen. Sólo necesito descansar un poco nada más. - Su respiración era entrecortada.

-Lo peor – agregó  -es llevar por dentro este dolor infinito de saber lo que le ocurrirá a cada uno de nuestros hijos. Bajo el efecto de esta niebla irremediablemente se transformarán en esos despiadados hombres lobo.-

-¿Cuánto tiempo le queda a Kwan?- Pregunté.

-Unas horas quizás...hoy es noche de luna roja- respondió con lamento su madre y continuó hablando - La ciudad puede haber cambiado, el miedo y el terror no. Claude Wolford, el maldito ser de alma oscura, justamente hoy es una fecha importante para él…para ese general quien es mi hijo…hoy cumple años.-

-Mama ése animal no puede ser tu hijo ni mucho menos mi hermano-Dijo Kwan sorprendido.

-Perdona hijo, pero lamentablemente lo es. Era muy joven y bella en ese tiempo y fue producto de una relación extramatrimonial. Conocí a su padre durante una misión de la iglesia, un hombre muy seductor al que no le importaba si yo era una mujer casada. Vivía en una gran ciudad cosmopolita ubicada a una enorme distancia de aquí. Pero tu padre aunque me encontraba embarazada de otro hombre, logró hacerme recapacitar y volver con él. Tiempo después nació un niño y desde el primer momento sentí maldad en su mirada. Me avergonzaba de su físico y lo trataba como a un monstruo, un castigo de Dios al haberlo concebido mediante el adulterio. Fue por eso que ambos en el más absoluto secreto decidimos corregir mi error enviándolo lo más lejos posible y el destino elegido para ello fue un monasterio perdido entre las montañas.- Hizo una larga pausa, inspiró hondo y frunció el seño antes de continuar con su relato-y años más tarde embarazada de ti fue cuando ocurrió el accidente donde tu padre falleció y yo perdí la vista. Pero ahora tu hermano volvió para completar de esa manera el circulo trágico que nos une y no desaprovechó su oportunidad cuando casi me mata durante la embocada.- Su voz se puso un tanto apagada y todos por un momento nos quedamos sumidos en el mayor de los silencios. Afuera una solitaria hoja casi marchita, quizás la última de todo el bosque, voló hasta posarse sobre uno de los ataúdes aún vacíos. -Creo que entre tanta oscuridad reinante, al fin encontré un vestigio de luz- Dijo la anciana agonizante haciendo un gran esfuerzo.

-Déjame revisar tus heridas-  dijo Kwan inclinándose hacia adelante cuando pudo reponerse de la increíble historia que había escuchado de labios de su madre. Al quitarle la frazada podía observarse a simple vista como sus piernas presentaban feas heridas y estaban totalmente ensangrentadas. Pero nos dimos cuenta que ya era tarde cuando volvimos la mirada hacia ella. Murió con su cabeza apenas reclinada hacia la derecha y sus ojos completamente abiertos.

-Adiós madre, vengaré tu muerte – dijo Kwan vencido por la rabia y con el rostro inundado en una gran pena mientras le cerraba compasivamente los ojos a su madre. - Estábamos preparándonos para atacarlos cuando fuimos sorprendidos por el ser junto al ejercito de hombres lobo, de esa manera él pudo comprobar su fidelidad al lograr que ellos sin piedad alguna atacaran a su propia gente.-

-Lamento la muerte de tu madre- dije –y no desesperes que ya habrá tiempo para eso, yo misma te ayudaré a encontrarlo, pero con las líneas telefónicas cortadas debemos buscar algún lugar desde donde podamos enviar un mensaje a mi madre informando la situación aquí ¿Sabes donde podríamos encontrar alguna radio de onda corta que podamos utilizar?-

-Solo hay una en todo Odisea – respondió mientras se ponía de pie – pero para llegar primero debemos armarnos ya que el sitio donde está ubicado se encuentra detrás de sus líneas defensivas-

-¿Y donde conseguiremos esas armas?-

-En el mismo lugar donde fuimos emboscados, el cementerio del pueblo. Las armas que habíamos preparado para nuestra defensa quedaron dispersas por todo el lugar y es por eso que debemos regresar a buscarlas...-

-Sam- interrumpí el relato cuando finalmente recordé el nombre del  bombero amigo de mi madre quien en el pasado trabajó junto a ella para poder esclarecer el incidente del juez. – Sé que aún vive aquí y quisiera verlo ¿Sabes dónde puedo encontrarlo?-

-Sé donde está- respondió Kwan y enseguida nos reunimos con las demás personas quienes sin tomar descanso alguno resolvieron salir a buscar las armas para luego atacar la base de la secta con todo lo que tenían. Situada al otro extremo, el lugar donde tiene origen la creciente niebla verduzca que inunda todo el pueblo.

 La historia volvía a repetirse. Un habitante de Odisea usaba a los niños para poder perpetrar una oscura venganza contra su propia gente.

Kwan enseñó la palma de su mano buscando detener a la muchedumbre con antorchas que nos seguía –tengan cuidado- dijo –tomen todas las armas que puedan, no volveremos a tener otra oportunidad como esta. Sígueme- agregó mirándome. Entre penumbras fantasmales el cementerio del pueblo se hallaba delante de nosotros. Caminamos por un sendero  plagado por un lado de tumbas y monolitos y por el otro de cráneos y huesos  humanos. Abrí mis ojos con espanto cuando pude divisar los cientos de cadáveres de los pueblerinos mezclados con los de algunos hombres lobo, el rostro de Kwan estaba muy tenso recordando la matanza que había vivido aquí, tal vez por el miedo experimentado durante ese triste acontecimiento. Un silencio aterrador cubría todo el lugar.

Nos acercamos por el lado sur totalmente rodeados de neblina verde y a medida que avanzábamos nos íbamos tropezando con algunas personas quienes envueltas en lágrimas se dejaban caer de rodillas cuando encontraban los restos de algún familiar muerto. Otros tomaban cuchillos, machetes filosos y lanzas todas hechas en hojas de plata. Elemento indispensable para poder acabar con las bestias. Aunque ello implique que para poder sobrevivir tengas que matar al hijo de algún conocido o inclusive a los tuyos.

Me detuve cuando volví a escuchar el susurro en mi oído de una voz que cada vez se me iba volviendo más familiar – es por aquí – dije girando mi cuerpo -¿Cómo lo sabes si nunca estuviste en este cementerio?-  Preguntó Kwan con incertidumbre.- Sólo sígueme luego te explico –insistí. Delante nuestro un campesino yacía clavado en unas rejas, parte de sus entrañas colgaban expuestas.

Tardamos unos minutos más en ubicarlo, dos “peludos” muertos lo cubrían, al moverlos encontramos debajo a Sam quien presentaba heridas en su cabeza y parte del tórax.

Al verlo enseguida lo asocié con esa voz, desconocida al principio, que me susurraba al oído desde mi llegada a Odisea. Una voz amiga, alguien del pasado quien en varias oportunidades visitó a mi madre y de quien tengo un muy buen recuerdo de mi infancia y por eso una gran alegría me invadió al encontrarme con alguien conocido. Pero no duró mucho. El abuelo de Kwan, vestido con ropas orientales en colores claros, se acercó a revisarlo.

-Unos campesinos junto a mi abuelo lo llevaran hacia la escuela para que puedan atenderlo mejor- dijo Kwan al ver que no reaccionaba. –Creo que está en una especie de coma, estuvo mucho tiempo desangrándose.-

Próximas a Sam se encontraba un arco de madera que tenía sus bordes filosos bañados en plata a modo de arma secundaria y un cilindro de piel utilizado generalmente para transporte de flechas.

-¿Sabes cómo se usa?- Preguntó Kwan mientras las tomaba.

-Sam me dio algunas clases de pequeña. Así que digamos que estoy familiarizada con el uso.- Respondí.

-En este pueblo hasta los más pequeños se especializan en arquería mientras van creciendo. Mi abuelo, quien además es médico, nos entrena de pequeños. Sam también fue uno de sus alumnos. Ahora debemos movernos rápido.- Agregó Kwan –no tardaran mucho en darse cuenta que estamos aquí y en venir nuevamente a cazarnos.-

Una vez obtenidas todas las armas el siguiente paso fue reunirnos y repasar el plan de ataque utilizando el ejército improvisado de aldeanos.

-No tenemos nada de guerreros – Dijo Kwan hablándole a todos los presentes con una voz positiva y firme a pesar de ser tan joven y al ver que sus vecinos en ese momento reflejaban temor en sus rostros –sólo somos granjeros o trabajadores del cuero que apenas aprendimos a leer y escribir y para colmo la mayor parte pereció o tiene esta maldición encima, pero eso no impide que los que aun quedamos en pie no podamos usar nuestro valor para defendernos de los invasores. La primera prueba a la que nos enfrentaremos será poder llamar su atención; la segunda y más difícil será sobrevivir a su reacción teniendo armas tan débiles contra tantos enemigos tan fuertes.- Hacía falta un líder y Kwan y sus palabras de aliento eran las necesarias para motivar a todos los presentes. -Sin importar lo que suceda intentaremos destruir lo que genera la niebla y de esa manera corromperemos su línea de mando. Vamos a detenerlos o a sacrificar nuestras vidas en el intento de salvar a nuestros hermanos y vecinos. Pero si nos mantenemos unidos y nos ayudamos tengo fe de que nuestro triunfo será inevitable. Ese es el plan, evitar a toda costa su avance hasta que lleguen las autoridades. –

Cuando terminó de hablar miró a su alrededor y notó que las miradas de las personas habían cambiado por completo dejando atrás sus semblantes de miedo. Algunos de ellos comenzaron a abrazarse fuertemente y otros sonriendo se daban mutua esperanza. Las valientes palabras del joven Kwan habían logrado llenar de confianza el corazón de todos los presentes.

Cruzamos todo el pueblo amparados en las sombras sabiendo que disponíamos de un corto plazo antes de la transformación de Kwan y los últimos chicos infectados. Como cien metros después de sortear una tranquera en medio de un campo, situado al pie de un monte, fueron apareciendo los restos de lo que alguna vez fue una bella iglesia con su techo a dos aguas semiderrumbado y sus paredes mayormente agrietadas.

-Los curas que en el pasado la ocupaban – dijo Kwan y continuó hablando mientras nos ocultábamos detrás de un tronco caído -huyeron temerosos cuando sucedieron las primeras manifestaciones de espíritus en los niños de Odisea. La iglesia al quedar librada a su suerte fue perdiendo la atención requerida para su mantenimiento. Esos monjes con hábito no son de aquí, creo que mí supuesto hermano finalmente logró a su manera conquistar el monasterio donde fue enviado por mis padres –

Una gran cantidad de antorchas iluminaban la estructura por completo. La alta torre en punta que sostenía la enorme campana con la cual daban aviso a todos los vecinos ante alguna emergencia, aun se mantenía erguida a pesar del notorio paso del tiempo.

-Sea lo que sea su origen está aquí – dije viendo hacia un haz de luz verde que escapaba hacia el cielo por el hueco inmenso del techo.

-Mira- continué hablando al volver a escuchar el susurro de la misteriosa voz que ahora podía ubicar a quien correspondía - allí…sobre la loma del monte podríamos entrar sin ser detectados utilizando el agujero del techo –

-Pero no podremos acercarnos más de este punto sin ser descubiertos – dijo con cierto desánimo Kwan, a quien quizás, el temor haya comenzado a invadir su corazón por lo sucedido en el cementerio al ver a los peligrosos hombres lobo patrullando los alrededores de la iglesia.

- A través de ellos si…- señalé hacia unos monjes miembros de la secta quienes caminaban en dirección a la iglesia -...son la clave, recuerda que los peludos no los tocan.-

  -Probaremos tu teoría - dijo Kwan mientras colocaba una flecha en la cuerda del arco. – ¿Estas recibiendo mensajes de una voz, eso es lo que quisiste decirme antes?-

-Si – respondí – al principio no sabía de quién se trataba. Pero al encontrar a Sam me di cuenta de que era él con quien tenía esa conexión.-  

-Como tú y yo, por eso yo solo puedo verte – dijo Kwan mientras apuntaba hacia el último de los monjes quien iba bastante separado de los otros, por eso nadie se percató de su falta cuando cayó alcanzado por la silenciosa flecha.   

No voy a mentir pero el impacto por esa inesperada noticia me trajo un cierto miedo que me paralizó por completo y luego todo a mí alrededor pareció ponerse fuera de foco. Las escenas vividas en mi regreso a Odisea comenzaron un viaje hacia atrás, como si alguien hubiera puesto  a rebobinar una vieja cinta de vídeo de los 90. Primero se congeló en el momento de conocer a su madre moribunda en la escuela y su voz resonaba diciendo “Siento una presencia extraña” que se repetía una y mil veces en fuertes ecos superpuestos. Luego aumentaba la velocidad hasta el momento del bosque y mi encuentro con esos chicos. Kwan era la única persona que hablaba conmigo. Lo hizo siempre desde mi llegada al igual que en el cementerio. Nadie más sabe de mi existencia. El aire de pronto parece faltarme.

-Señora, disculpe – dijo una persona llevando un delantal blanco quien traía unos papeles en su mano - pero necesitamos su firma para poder desconectar los aparatos, hemos intentado todo pero contra el golpe en la cabeza que recibió al tocar el fondo del río no podemos hacer más nada. -

-¿Doctor, hasta cuando tengo para decidirlo?- Preguntó una mujer que estaba de espaldas la cual reconocí cuando giró su cuerpo. Era mi madre quien traía lágrimas en sus ojos.

-No más de esta noche…- respondió el médico mientras se retiraba.

-Hija- dijo mi madre viéndome postrada en la cama de la sala. La mitad de mi rostro estaba cubierta por vendajes y tenía puesta una mascarilla con la cual me suministraban oxigeno. A mi lado había varios aparatos que me mantenían con vida y se podía escuchar claramente mi respiración –No puedo evitar a veces pensar que todo esto es mi culpa – decía mi madre mientras tomaba fuertemente mi mano - y que yo debería estar en tu lugar, por haberte convencido que tu vida era muy sedentaria y aburrida y que deberías probar cosas nuevas. Quizás si en ese momento me hubiera callado otra sería nuestra realidad y lo que hoy quisiera con todo mi corazón es verte despertar, aunque por dentro el miedo de que nunca puedas perdonarme por eso queme todas mis entrañas…- suplicó antes de que todo el cuarto como si fuera un vidrio resquebrajándose, de adentro hacia afuera, se partiera en cientos de fragmentos y que yo en lo que dura un parpadeo regrese nuevamente al campo de Odisea.

- Enviaron noticias sobre Sam, está respondiendo favorablemente y dice mi abuelo que sus probabilidades de salvarse son muy altas. Tu voz es diferente ¿Qué te sucede?-Preguntó Kwan quien se encontraba recostado sobre una ladera del monte desde donde podía verse casi todo el interior del templo y traía puesto el traje de monje. Venía armado con el arco y el estuche de flechas de Sam.

Muy inquieta caminaba a su alrededor -Tuve un pequeño viaje que me ayudó a entender que me sucedió antes de llegar aquí - respondí – estoy en una cama de hospital y mi madre culpándose por mi situación continúa a mi lado sin perder las esperanzas de que alguna vez despertaré.-

-Lamento escuchar eso aunque lo bueno es saber que aun no estás muerta. –

- Me temo que eso puede llegar a suceder si no despierto esta noche. Pero dejaré lo de regresar a mi cuerpo para otro momento, ahora debemos planear como entrar a la iglesia. Es increíble imaginar que a los niños de este pueblo puedan constantemente caerles encima todo tipo de desgracias.-

-Hace como cien años visitó Odisea – comenzó a relatar Kwan – un circo itinerante de esos que siempre llevan animales para sus actos. Los habitantes estaban completamente fascinados pues era el primero que arribaba por estos lados. Pero sucedió algo que dio un giro totalmente inesperado con los planes de sus dueños. Durante un nuevo acto que incluía un disparo falso de cañón y por efecto del fuerte sonido de la explosión, una de sus elefantas corrió atemorizada con tanta mala suerte que eligió un sendero el cual daba directo hacia el centro del pueblo. Era pleno mediodía por lo que toda la gente sin algún conocimiento sobre la tragedia que se venía, se encontraba circulando por sus calles de tierra y piedra. Una niña resultó aplastada durante el escape de la elefanta y esa niña muerta resultó ser la hija del comisario. Rápidamente apresaron a la bestia y como no existían leyes que protegieran a los animales ni tribunales que puedan enjuiciarla por asesinato, fue por eso que los dueños del circo buscando enmendar su culpa decidieron ayudar a que de alguna manera se imparta justicia con el paquidermo. Cómo ninguno de todos los presentes era un experto cazador y no tenían por lo tanto la menor idea de donde efectuar un disparo que mate a semejante animal, por su gruesa piel, vieron que lo único disponible para soportar varias toneladas de peso era la grúa que servía para levantar la pesada carpa del circo, se resolvió entonces utilizarla para algo completamente insólito: para poder ahorcar a la elefanta asesina.   

Calcularon que por el peso del animal este moriría rápidamente pero no tuvieron en cuenta otros factores y por eso cuando la grúa estaba llegando a la mitad, la cadena que enrollaba su cuello se partió en dos y la elefanta cayó al suelo. Luego consiguieron otra y esta vez sí, la grúa pudo llegar hasta arriba y sádicamente pudieron darse el gusto de acabar con la vida del pobre animal, quien realmente fue la verdadera víctima inocente en todo esto. Terminado el macabro espectáculo y antes de que los vecinos se retiren a sus granjas y mientras otros enterraban el cuerpo sin vida de la elefanta en ese mismo lugar, hicieron una última asamblea general y buscando evitar ser marcados por algo que no llenaba de orgullo a nadie. Estuvieron de acuerdo primero en expulsar al circo de nuestras tierras y luego hacer silencio de toda esta historia bochornosa. Pero una gitana que viajaba con el circo como una vidente que tiraba las cartas adivinando el futuro, fue quien hecho la maldición para todos los hijos del pueblo. Las personas rieron creyendo que se trataba de una burla, pero con los años cada acontecimiento que sucede en este condenado pueblo por más extraño que parezca, nos recuerda donde tuvo su origen -Kwan hizo una pausa interminable. Comenzó a toser pero por más insistencia que le ponía no encontraba manera de despejar el nudo que se le había formado en su garganta.

No era fácil saber que todo hijo de Odisea nacía condenado a pagar por los pecados del pasado.

-Mira- dijo Kwan intentando cambiar de tema. En el interior de la iglesia había movimiento, el general Wolford caminaba junto a unos monjes. Detuvo su marcha al llegar frente a unas inmensas puertas blancas y con un rostro como enfadado impartió órdenes a dos ellos a quienes los dejó custodiando el lugar y luego continuó camino junto a los otros.

 -Ya tienes la frecuencia del radio de mi madre –dije y agregué señalando hacia las puertas– envíale el mensaje, luego nos reuniremos en ese lugar –

-¿Y tú que harás?- Preguntó Kwan con curiosidad al tiempo que iba desenrollando una cuerda, la cual, atando uno de sus extremos a un árbol, serviría para poder efectuar el descenso en forma vertical.

-Lo que hacen todos los espíritus…atormentar a los vivos.-  Dije antes de que nos separemos.   

Mientras me acercaba a mi objetivo pensando de que manera iba a asustar a los monjes que custodiaban las puertas, iba escuchando como mantenían entre ellos un dialogo –ciertamente no creo del todo en las palabras del general-

-Cállate y no cuestiones su autoridad – respondía el otro monje quien traía puesto unos lentes con vidrios gruesos – no estamos en posición de intentar alguna rebelión  o ¿Acaso no viste de lo que es capaz su ejército de lobos?-

-Eso es lo que más me preocupa, hemos sido muy débiles para no darnos cuenta que todo lo que nos ha dicho era pura mentira, no piensa salvar a nadie ni mucho menos a nosotros. Me temo que al acompañarlo hemos sido cómplices al sembrar la semilla para la aniquilación de la humanidad- agregó el otro monje que traía puesta una máscara con filtros de aire a los costados.

-No hables más- imploró con firmeza en la voz mientras tomaba su cabeza con ambas manos y daba unos pasos hacia adelante  –ya no podemos echarnos atrás-

-Prefiero morir intentando abandonarlo que continuar ayudando con su macabro plan de conquista y muerte…-

-¡Silencio!- Exclamo – haz silencio y escucha…- Dijo cuando notó algo que llamó su atención. Sus miradas recorrieron todos los sectores poco iluminados que se encontraban en gran parte cubiertos de moho, un fuerte olor a humedad envolvía el aire. Algunas de sus largas paredes corroídas y sucias permitían ver los ladrillos de color rojo con los cuales fueron construidos. Junto a la puerta había varias cajas conteniendo restos de velas blancas utilizadas alguna vez durante las misas. Las altas columnas de mármol estaban adornadas en su mitad con figuras angelicales y tenebrosas gárgolas de piedra con ojos grandes, que parecían sostenerlas con sus alas demoníacas mientras vigilaban desde la altura como esperando algún descuido para caerte encima.  

Una pisada y otra y otra acompañando rápidamente a la última y aproximándose cada vez más hacia ellos. El piso estaba completamente cubierto por raíces de arboles y ramas secas. Los pasos podían escucharse claramente y esa fue la primer parte de todo lo extraño que estaba sucediendo a su alrededor.

-No veo a nadie – dijo el monje de lentes gruesos quien había tomado una antorcha procurando ver mejor.

-Yo tampoco- dijo el compañero y agregó con su respiración algo agitada mientras echaba a temblar– ¿Sabías que esta iglesia fue construida sobre la tumba de una elefanta que fue asesinada por los pobladores del lugar? ¿Y que también dicen que los curas que la habitaban huyeron muertos de miedo luego de presenciar espeluznantes apariciones de espíritus? -   

-¿Estás intentando asustarme? Porque no vas a lograrlo.-

-No, solo estoy intentando darle explicación a lo que está sucediendo aquí. Pisadas cerca nuestro y donde debería haber alguien no hay nadie. Tu mismo puedes ver que tengo razón-

-Solo creo que deberías callarte- respondió antes que la antorcha que tenía en su mano expulse una larga lengua de fuego la cual fue tomando una forma femenina. Todo eso fue suficiente para que sin dudarlo ambos monjes corran a toda velocidad mientras gritaban pidiendo auxilio.

-Que susto les diste a esos monjes- dijo Kwan quien regresaba de cumplir con su parte de la misión – huyeron despavoridos y en su fuga se les fueron sumando otros al verlos tan asustados. Espero que queden muy pocos.-

-Es que yo no lo hice- mi voz sonaba algo desorientada por lo que acababa de ocurrir. -¿Pudiste enviar el mensaje?-

-Sea quien sea que lo haya hecho nos despejó la entrada. Si, el mensaje pudo ser recibido por tu madre quien al principio no podía creer en mis palabras, pero finalmente dijo que no firmaría los papeles y que avisaría a las autoridades para que vengan a ayudarnos. Aún podremos salvar el pueblo.-

Kwan abrió las dos puertas en forma completa y frente a nosotros estaba lo que alguna vez fue la nave central de una bella iglesia. Un panorama totalmente devastado parecido al de una explosión nuclear podía verse claramente.

Los bancos largos de madera estaban amontonados uno encima del otro hacia nuestro lado y la mayor parte de ellos mostraban señales de haberse quemado, como si de pronto se hubiera generado una violenta liberación de energía con mucho calor intenso y sus ondas de choque hayan tenido un gran poder destructivo, afectando todo lo que había a su alrededor.

Al otro extremo de la sala, tras subir una escalera de cuatro peldaños, fluía una especie de luz intensa de color verde y su fuerte luz iba en forma directa hacia el cielo. Algo que estaba ubicado sobre el atril del altar, que parecía ser un libro abierto con tapas de cuero, era la misteriosa fuente desde donde se iniciaba.  

Los vitreux en lo alto de las ventanas estaban completamente destruidos y por uno de esos huecos en forma sorpresiva, quizás alertado por el escape de los monjes, el general Wolford hizo su entrada tras un fenomenal salto, cayendo justo frente al altar.

-Kwan hermano mío. Ya deberías haberte refugiado en algún lado pero eres tan testarudo que sigues intentando detener la aniquilación de tu pueblo. Algo inevitable si mides la fuerza de su creador.- Dijo quitándose la parte superior de su ropa dejando a la vista un pálido cuerpo musculoso cubierto de cicatrices y con muchos tatuajes. – Lo que tú más temes está parado frente a ti y lo que puede volverte el más valiente de todos los hombres, también. Simplemente debes elegir, venganza o miedo eterno y para que no te sientas en desventaja voy a brindarte un poco de ayuda– con sus manos cubiertas con unos guantes levantó por encima suyo una funda metálica – te entrego una espada cuya hoja está hecha de la más pura plata, con ella puedes matarme, pero te advierto que debes venir a buscarme si quieres lograrlo – cuando terminó de hablar la arrojó hacia adelante. La funda por el peso se arqueó en el aire y luego rebotó varias veces hasta quedar tirada a mitad del salón.

 Kwan se quitó sus lentes de sol y permaneció pensativo por unos momentos mientras enseñaba mucha ira en sus ojos. Frente a él en cierta forma se presentaba una solución para calmar el dolor por la reciente pérdida de su madre. -Algo está mal – dije intentando detener su inminente acción al dudar un poco de lo que estaba observando, pero lejos de querer entrar en razón, comenzó una veloz carrera en dirección hacia la espada bajo la atenta mirada del general. 

Kwan como recibiendo un impacto primero abrió ambos brazos y luego bajando su cabeza se desplomó de rodillas. La espada estaba apenas a unos pasos de distancia. El general contento de haberlo engañado comenzó a reír y reír sin parar.

- Caíste en una trampa y ahora, por haberte acercado directamente a la fuente de la niebla, aceleraste el proceso para volverte una de mis bellas bestias y, para cuando termine tu transformación, ciegamente obedecerás mis órdenes sin poder recordar nada de tu pasado, como uno más de mi ejercito.- Dijo y agregó – en el pasado fui un soldado que peleó defendiendo nuestro país. Pero una mala jugada del destino me llevó a ser capturado por el enemigo, quien aprovechó para efectuar conmigo intensos ensayos de laboratorio que me dieron una poderosa fuerza sobre humana la cual posteriormente me sirvió para poder escapar de ellos, pero no sin antes obtener la razón por la que estamos aquí. La llave de una nueva raza obtenida de una milenaria pirámide egipcia. El libro maldito de los niños lobo. Algo que los mismos faraones quisieron enterrar en el olvido pero que ahora servirá para mi propósito personal de conquistar el mundo.  Esperaba mi querido hermano que pudieras cumplir el rol del enemigo que no tuve desde que llegué. Pero dadas las circunstancias no creo que sea posible.- Terminó diciendo seguro de haber resultado vencedor.

Kwan cuando comprendió que había acudido en su ayuda, subió su cabeza, abrió la boca y tomó aire inflando su pecho. Lejos de lo que pensaba Wolford en ese momento se estaba desarrollando lo que comúnmente se llama una integración, una fusión de un alma con un espíritu. Luego utilizando una mezcla de dos tonos de voces juntas, la mía y la suya, dijo mientras sus ojos se teñían en dos colores diferentes y se ponía de pie colocando la funda de la espada en su cintura y de arma de apoyo traía el arco y las flechas de Sam. – No deberías festejar por anticipado pues aún no me has doblegado, voy por ti y quizás te arrepientas de haberme elegido como enemigo.-

-¡Voy a darme el gusto de poder matarte con mis propias manos!- Exclamó el general enloquecido de entusiasmo ante el desafío inmediato que le presentaba su hermano Kwan.

-No disponemos de mucho tiempo- dijo Kwan dirigiéndose hacia mí, que en ese momento me había vuelto su mitad.- ¿Algún plan?-

-Comencemos con las flechas, si la plata mata al lobo, el mismo efecto debería ocurrir con el libro– comenté mientras nos aproximábamos al general quien nos doblaba en altura y tamaño. Kwan tensó la cuerda y luego disparó una flecha dirigida hacia el libro la cual fue desviada por Wolford en un movimiento rápido. Algo que resultó en nuestro beneficio, ya que Kwan disparó una segunda flecha que esta vez hizo blanco en una pierna del general. El aullido de dolor que emitió debe haberse podido escuchar a una lejana distancia. Ahora debíamos desestabilizarlo por lo que el siguiente movimiento fue saltar con los dos pies hacia adelante buscando golpearlo en el pecho y estábamos con suerte, pues retrocedió hasta chocar contra el atril y el libro al moverse de su eje produjo una leve desconexión deteniendo el flujo continuo de niebla verde.

La primera parte había sido exitosa pero era el tiempo de la respuesta, al ver al general abriendo sus poderosas garras Kwan tomó la espada, pero en una acción totalmente inesperada este saltó por encima de nosotros cayendo a nuestra espalda.

Kwan giró el cuerpo y arremetió con renovada furia buscando golpear al general, pero adivinando el movimiento lo esquivó y luego lo tomó del cuello. Sus pies colgaban a más de 30 centímetros del suelo.  

- La humanidad ya tuvo su tiempo pero no lo aprovechó en lo más mínimo – dijo en tono amenazante - y solamente lo usaron para vivir divididos, como lo estaban en la era de piedra. Voy a fundar una nueva civilización y las bestias unidas lograremos finalmente el orden dentro del caos.-

Utilizando su afilada garra derecha hirió en el pecho a Kwan y luego lo arrojó lejos, hacia el otro lado del salón. Kwan malherido rebotó contra los bancos y luego cayó pesadamente contra el suelo.

-Demás está decir que tuviste tu oportunidad, pero no supiste aprovecharla. Lamento que esto termine así hermano mío. – Dijo el general sonriendo irónicamente mientras tomaba el libro y volvía a ubicarlo sobre el atril y de esa manera continuaba con su ritual de envenenamiento de los niños de Odisea.

Kwan se tomó el pecho envuelto por esa sensación que te dice todo acabó. Se lamentaba por su destino totalmente irreversible al igual que el de todos sus amigos del pueblo sabiendo que ya no tenía posibilidades de efectuar un nuevo contra ataque.

Estando a su lado también me sentía fracasada, por sentir que ya no podría ayudarlo en nada y mucho menos de poder regresar a mi cuerpo. Extrañaba a mi madre.

El monje de lentes gruesos, aquel que antes había huido asustado, entró en ese momento al salón y recogió la espada del suelo.

-Has vuelto mi amigo – Dijo el general contento de verlo y le solicitó – ¿Puedes ayudarme dándole muerte? Ya no lo necesito –

 El monje miró hacia Kwan, pero lo más curioso es que también miró hacia donde estaba  yo – puede verme – pensé y vi que sus ojos eran blancos, como si fuera víctima de una fusión con algún espíritu, igual a la que tuvimos Kwan y yo momentos antes.

-Eres muy valiente y por tu sacrificio reconsideré la maldición…así de necio como eres para rendirte, también lo eres para morir. Vas a sobrevivir a esa herida- Dijo el monje llevando una voz mezcla entre hombre y mujer con ecos susurrantes que provocarían terror.

El general sintió ruidos de grandes pisadas que sacudían los cimientos por lo que buscó con la mirada el lugar donde estaba ubicado el libro -¿Qué sucede? ¿Quién está haciendo esto?- Preguntó con asombro viendo como inexplicablemente el atril comenzó a elevarse en el aire. 

Entre los tres podíamos ver el espíritu de la elefanta vestida con ropa de circo quien corría trayendo en su trompa el libro maldito. A medida que se alejaba la niebla iba cediendo.

-Terminemos con todo esto. Quitémosle el poder a quien no lo merece- dijo el misterioso espíritu subiendo la espada. La elefanta abriendo su trompa arrojó el libro y el monje de un corte perfecto lo dividió en dos pedazos que luego se incendiaron y acabaron volviéndose cenizas.

Kwan aprovechó la distracción creada para tomar el arco y apuntar con una flecha hacia la cúspide de la iglesia, hacia el lugar más alto, que era donde reposaba la enorme campana de varias toneladas de peso. Con un disparo certero logró soltarla.

Ladeándose en la caída y con un ruido parecido al de una cadena de explosiones, la campana destruyó la monumental arcada que sostenía el techo y también hizo desplomar las columnas hechas en mármol blanco. Luego quedó incrustada en el suelo del altar dejando un cráter de varios metros de profundidad. El despiadado general con la destrucción del libro perdió toda su fuerza sobre humana y desapareció debajo de la campana y de todos los escombros que por un rato largo siguieron cayendo.  

-Es tiempo de anular mi maldición.- Dijo el monje girando el cuerpo hacia nosotros. O mejor dicho quien lo ocupaba en ese momento. La gitana que había comenzado todo – ya no veremos por aquí más niños pagando culpas por los errores de los adultos y tú también serás liberada. – Agregó mientras me señalaba. Un extraño brillo comenzó a envolver mi cuerpo – ¿Qué sucede?- Pregunté…

Sentía mi boca seca – mamá…agua – fue lo primero que dije.

Sus ojos se volvieron un mar de lágrimas al escuchar mi voz. Se levantó de la silla en la cual acostumbraba a hacer guardia y se desplomó sobre mi llenando de besos mis manos –hola hija – no paraba de repetir – aquí estoy, toma agua despacio – dijo acercándome un vaso…esa parte y que luego un ejército de médicos corrió a verme es todo lo que recuerdo de ese día.

El viaje en auto nos llevó un par de horas. Las dos efigies de la entrada hechas en piedra bajo el sol radiante, parecían tener más color a vida. –Tú debes ser Kwan -  dije sonriendo mientras cerraba la puerta del auto. -Hola Lara- respondió contento de verme mientras estrechaba mi mano. – Es mi mamá, Sara.- Dije presentándola. El fuerte ruido de la sirena del carro de bomberos nos sorprendió a todos. Sam descendió y nos abrazo a las dos. Mamá estaba muy feliz de volver a verlo, quizás por la emoción del reencuentro fui la única que se percató, que a metros de nosotros, una misteriosa elefanta se paraba en sus patas traseras y erguía su cuerpo buscando saludarnos sacudiendo alegremente su trompa ¿O sólo yo la veía?

                                               F I N

© Claudio Alejandro Castro