Resplandor

09.05.2015 02:39

Resplandor

Ana termina de preparar las valijas y sin darse vuelta, las toma y se dirige rápidamente hacia la entrada.

Elías intenta decir algo, pero se detiene y se queda en silencio. El sonido de la puerta al cerrarse, le avisa que ya se encuentra solo dentro de la casa. Baja las persianas buscando quedarse en penumbras pero el resplandor lo molesta y entonces tapando el sol con su mano izquierda continúa la acción, hasta que la casa queda completamente a obscuras.

 

Dos días después, el teléfono suena en todos los rincones de la casa, Elías acostado en la cama, corre con su mano las botellas de alcohol y atiende. Del otro lado la voz de su jefe, pregunta si tiene intenciones de ir a trabajar, pero Elías da excusas y dice estar enfermo. Su jefe le avisa que le enviará un medico laboral a lo que el accede, pero no le abrirá la puerta a nadie.

Quiere mirar la hora, pero recuerda que todos los relojes acabaron en el tacho de basura. Levanta la persiana y otra vez el resplandor inunda sus ojos, un ligero mareo producto de la resaca y de tantos días sin moverse lo envuelve. Tapando con sus manos la visión, desiste de la idea de mirar hacia afuera y bajando nuevamente las persianas, regresa a las penumbras toda la casa. Las botellas tiradas en el piso fueron ordenadas a un costado evitando que lo molesten al caminar hacia el baño. Días de borrachera han pasado y el teléfono ha dejado de sonar. Solo camina hacia la cocina y come lo que encuentra. Cuando sale de compras, sus bolsas traen puro sonido de vidrio al golpearse las botellas entre sí.

 

Una semana después tocan a la puerta, barbudo y sin bañarse, sale a contestar. Su hermana esta frente a él y la deja entrar.

- Te estaba esperando – Dice Elías y agrega – tengo algo para que me guardes- retira de un cajón un paquete envuelto en papel madera y se lo entrega.

- ¿Qué es esto? – pregunta su hermana (Cecilia), que pone cara de asco por el olor a encierro que inunda la casa.

- Un seguro por si acaso.-

- ¿Si acaso qué? - Vuelve a preguntar Cecilia pero ya su rostro demuestra más preocupación que al principio.

Elías enciende un cigarrillo y fuma dos veces, luego contesta.

- Voy a hacer un viaje, necesito que me guardes eso, por si alguna vez vuelvo.-

- Entiendo que estés así por Ana, pero me llamaron de tu trabajo, van a despedirte por faltar.-

- Lo sé y no me importa, por favor guárdame eso, ahora debes irte.-

- ¿Cuando volveré a verte? – Pregunta por última vez su hermana.

- Cuando pueda volver a respirar libremente, no antes de eso.-

 

Su hermana se pone de pie, toma el sobre y sale de la casa con lágrimas en sus ojos. Elías se levanta de la silla, va hacia la habitación y arma un bolso. Toma la foto que tiene de Ana y él en la mesita de luz y la observa por unos minutos. Luego la pone boca abajo sobre la mesita y se retira. Al salir a la calle lo recibe el resplandor del sol, pero esta vez viene preparado, saca unos lentes de sol que se coloca en su rostro y cierra la puerta del frente. Tirando las llaves en un cantero al costado.

 

- Qué hermoso lugar - piensa Elías. Semanas después, se encuentra en Dique la Angostura (Tucumán, a más de 1300 kilómetros de Buenos Aires, su ciudad natal) entre las montañas se asoma un lago artificial de casi 800 hectáreas ubicado a 2000 metros de altura y sus aguas claras

reflejan el cielo desde la cima donde él observa. Cuando llega al pueblo pregunta por trabajo, le señalan el campo de un hacendado y se dirige hacia allí.

 

Luego de hablar unos minutos con el terrateniente, este antes de contratarlo como peón de campo le pregunta - ¿Que te trae por estas tierras, tan lejos de tu casa? –

- Olvidar – contesta Elías con la mirada perdida. – Este es un hermoso paraje, - continua hablando el terrateniente - tan cercano al paraíso que te hará sentir cerca del cielo, aquí podrás olvidar fácilmente, solo recuerda mirar el lago cada vez que puedas y verás que con el tiempo tus ojos renovaran su brillo. –

- Gracias - contesta Elías.

Trabaja al principio con desgano, pero con el tiempo su dolor se va mitigando. Hasta que tímidamente comienza a enseñar una sonrisa de alegría todas las mañanas, sin importarle la tarea que le encomienden. Se siente bien al efectuarla, como hace tiempo no lo hacía. Ya no le teme al resplandor del sol y cuando puede levanta la frente buscando que el astro rey, lo inunde con su calor.

 

Días después bajo el sol suave de la mañana, llega a la cima de la montaña que lo recibió en su primera visita al lugar. Debajo se encuentra el lago y su espejo de agua, Elías decide acercarse a la orilla. Olor a flores frescas y el canto de los pájaros envolvían el entorno, Elías arrodillado observa su imagen reflejada en las tranquilas aguas, los pequeños reflejos del sol danzan en su rostro y se pierden multiplicado por millones en su mirada, entonces el comprende que por fin después de tanto tiempo, se siente listo para volver.

 

Un año ha pasado y suena el timbre en casa de Cecilia. Ella sale a ver quién es y encuentra a su hermano parado en el umbral. Con una cálida sonrisa en su rostro, le dice –Hola- y en silencio los dos se abrazan y lloran. Luego entran en la casa y ella trae el sobre de papel madera y se lo entrega. Esta sin abrir.

 

- ¿Pudiste con tu curiosidad? – Pregunta Elías. Mientras abre el sobre

- Sabía que volverías. Hace unas semanas un ángel me lo dijo en un sueño, descendía de un resplandor del sol.-

Elías la mira extrañado. –Tuve un sueño parecido – Dice - un ángel estando en Dique la Angostura, me pidió que vaya a la cima de una montaña y que observe sus aguas. Lo hice y observé un resplandor tan inmenso y hermoso a la vez. La paz reinaba en ese lugar tan tranquilo y fue cuando sentí que ya había terminado el luto en mi alma. Dándome cuenta que estaba preparado para volver.-

- ¿Que vas a hacer ahora? – Pregunta Cecilia.

- Comenzar de nuevo.- Abre el sobre y retira dinero de dentro y una foto de él sonriendo. – Comenzar de nuevo.- vuelve a decir mientras le enseña la foto a su hermana y sonríe de la misma manera, que cuando era feliz en esa foto.

 

Su hermana al otro día que Elías se fue, encontró las llaves que él había arrojado en el cantero y mantuvo la casa limpia y en orden, esperando la vuelta de su hermano. Elías meses después y luego de unos cursos de idiomas, sale a buscar trabajo, al tiempo lo llaman de un hotel de pasajeros, ubicado en el centro de Buenos Aires.

 

 

Elías se presenta y luego de algunas entrevistas, finalmente consigue el empleo y trabaja en la recepción del hotel, donde se siente bien al poder conversar con las personas en distintos idiomas y con costumbres diferentes a las suyas.

 

Todo parece en orden en su vida, pero siente que le falta algo. Alguien a quien escuchar y comprender, alguien a quien amar. El recuerdo de Ana continúa latente en su interior, si bien retiró sus fotos de la casa y las guardó en un cajón. Cada tanto lo abre y vuelve a suspirar al revisarlas una por una. Las imágenes de los momentos vuelven y tornan su mirada de nostalgia por ese amor. Decide hablar con Cecilia al respecto y ella lo escucha

- ¿Que fuiste a buscar a ese lugar? – Pregunta ella.

- A mí, al que gritaba desde mi interior por salir – dice Elías y continúa hablando – Siempre pensé que estaba amando a Ana, pero después de su partida, me quebré y llegue al fondo del abismo. Vagué por lugares donde no había una señal de vida, dormía en la calle y comía hasta de la basura. Lo que más lamento es haber sido egoísta con Ana, solo veía el mundo a través de mis ojos y no de los de ella. - Sus ojos se cristalizan al relatar los hechos recientes de su pasado, su hermana lo toma de la mano y acaricia su frente, buscando darle tranquilidad.

- Fue curioso darme cuenta que no es solo decir te amo a alguien, sin sentirlo por completo, sin abrir tu corazón. Por las noches tomaba una bolsa de dormir y me dirigía hacia la montaña. Una linda fogata y las estrellas que parecían pintadas a mano en el cielo me acompañaban, pero solo me hacían recordarla y pensar en ella; ansiarla; extrañarla. El día antes de partir, cuando los primeros rayos del sol asomaron, sentí una voz tranquila y angelical que me invitaba a ir al lago. Luego de recorrer ansioso la distancia que me separaba de la cima de la montaña, descendí y bañado en sudor, por fin llegue a su orilla. La misma voz vuelve a hablarme, pero esta vez la pude escuchar claramente diciéndome. – Al fin has despertado, has escuchado al hombre que grita en tu interior. Ya es tiempo, debes volver para completar tu destino.-

- ¿Pudiste saber de dónde provenía la voz?-

- Si, aunque parezca una locura, provenía de mi interior.-

- ¿Recuerdas - dice Cecilia - cuando te dije que había soñado con un ángel? ¿El que me anunció tu llegada?

- Si, lo recuerdo. -

- Bueno, días después del sueño, recibí con sorpresa el llamado de Ana. Ella había soñado también con un ángel y le decía en su sueño que alguien que ella espera, esta por regresar a su vida, pero solo lo reconocerá al verlo con su corazón. Ella enseguida pensó en ti y llamó preocupada buscando tener noticias tuyas, al enterarse por mi parte de tu partida, me dejó un número de teléfono.-

 

Sabiendo que era una excusa para que Elías se entere, ella lo guardó y se lo entrega anotado en un papel, con la esperanza de que su hermano la llame.

 

Elías con una sonrisa en su rostro, abandona el domicilio de su hermana. Lleva en su bolsillo el papel con el teléfono anotado de su Ana y esa noche duerme inquieto y nervioso, invadido por las ansias de volver a escuchar su voz. Por la mañana cuando suena el despertador, el toma una ducha y se dirige hacia su trabajo. Toma su turno y pasa la mayor parte del día sin ningún sobresalto, cada tanto revisa el papel con el número de Ana pero no se decide a llamar. Luego del almuerzo y ya entrada la tarde, fue entonces cuando algo sucedió, algo que lo llenó de luz y de amor.

 

El hotel se encuentra ubicado en un avenida principal del centro, su frente es completamente vidriado y permite ver hasta varias cuadras lejanas desde adentro. Una voz tímida se dirige hacia

Elías, que gira su mirada buscando el lugar de donde proviene. Tiene que tapar un poco con su mano el resplandor del sol y un joven de aproximadamente veinte años; Flaco; alto y desprolijo. Inundado bajo ese brillo del resplandor, era el que hablaba – Busco a una persona de nombre “Andar” – dice. Leyendo de un papel, Elías le pide si por favor le entrega el papel, a lo cual el joven accede. Este tímidamente baja la mirada cuando Elías lo mira a los ojos. Luego Elías sonríe al leer el papel y darse cuenta que estaba en lo correcto (“Andar” en portugués significa “piso”, tenía anotado en el papel cuarto ”Andar” y el nombre escrito se encontraba anotado debajo) sin decirle que estaba equivocado. Le pregunta si quiere hablar a la habitación, pero el joven sabiendo que no habla bien el idioma, le pide si le ofrece de traductor. Elías accede y llama a la habitación y le avisa a la muchacha que la estaban aguardando en la recepción del hotel, ella contesta con alegría que está descendiendo. Luego de cortar la llamada, Elías se dirige al joven devolviéndole el papel donde tenía anotado los datos de la muchacha y le explica que el nombre de ella era el que estaba por debajo, no donde decía “Andar”. El joven pide disculpas, Elías le dice que no debe pedirlas y que lo envidia. El joven desconcertado le pregunta el por qué.

- Porque – dice Elías - a pesar de no hablar su idioma, tuviste la valentía de cruzar la puerta del hotel y animarte a buscarla.-

El joven sonríe y Elías le señala una silla tipo Luis XV donde puede esperar a la señorita. El toma asiento y Elías observa que trae una rosa en su mano. Luego de unos minutos suena el aviso del elevador indicando que ha llegado a la recepción y la muchacha que estaba esperando llega, radiante y hermosa. Los dos al reconocerse sonríen y entonces algo mágico sucede, sus miradas de amor al encontrarse, brillan tanto que se vuelven un resplandor que inunda toda la recepción del hotel. Como si ellos solos existieran ocupando en ese tiempo y espacio. El - Hola - que pronuncia el joven al verla, sonaba a seguro de sí mismo, como si de repente al tenerla enfrente, sus miedos hayan desaparecido por completo. Elías observando lo que acontecía, sonríe y piensa en Ana. Con sorpresa mira a su alrededor notando que algo extraño estaba sucediendo, todo ha quedado congelado, los enamorados y su mirada de brillo, una paloma levantando vuelo en la vereda, los autos en la calle, un niño andando en bicicleta, todo está congelado.

Una voz dulce y tranquila se dirige hacia él, sin entender nada, Elías gira su mirada hacia ese lugar y encuentra a un ángel con el rostro sonriente. Su cabello era moreno hasta los hombros y sus ojos cafés regalaban paz, se encuentra ubicado del otro lado del mostrador de mármol de la recepción del hotel.

- Tú eres…- dice Elías señalándolo y quedando en silencio, el ángel asiente con la cabeza y contesta.

 

- Soy el que te habla desde tu interior. Aquel que cuando Ana se fue ese día, asomé por tu ventana, a través del resplandor del sol, pero tú no podías escucharme. Soy el que siempre estuvo contigo, pero tú no querías escucharme.-

- Eres el que me habló esa mañana en el lago.-

- Soy el que vive en la sonrisa de un niño, el que está presente cuando abrazas a un anciano.

El que cuando amaneces y despiertas a su lado, entonces te dice que estas enamorado. Soy el ángel del amor, aquel que algunos llaman “Cupido”. El que esa mañana en el lago, te habló desde el reflejo que envolvía tus ojos y que despertó en tu interior, al que eras realmente. –

 

- ¿También puedes detener el tiempo?-

- No, el tiempo sigue corriendo, solo que tú cerraste tus ojos por un segundo y la imagen que tienes es la última que guardaste en tus retinas, el tiempo en tu mente corre a manera distinta del reloj y es por eso, que tus pensamientos se disparan a velocidades increíbles.

 

Cuando vuelvas a abrirlos, deberás terminar lo que estas aplazando hace más de un año.-

 

El ángel termina de hablar. Elías abre nuevamente sus ojos y observa el final de un beso de la pareja, luego ellos se encaminan hacia la puerta de acceso del hotel y con la mano lo saludan despidiéndose. Afuera la paloma ya levantó vuelo, los autos siguen su marcha y el niño en la bicicleta está terminando de cruzar por frente al hotel. El ángel ya desapareció y Elías entendiendo al fin el mensaje, le pide a su compañero que lo reemplace por unos minutos. Luego se dirige hacia un sector de descanso donde tienen un pequeño patio el cual usan los fumadores. Sonríe con un brillo de esperanza y se permite soñar con Ana y aun más allá. En anillos, un vestido blanco, hijos y un futuro a su lado, saca el papel de su bolsillo, donde tiene anotado su teléfono e ingresa los números en su celular y escucha el tono de llamada. Luego de sonar varias veces, contestan y la voz dulce de Ana dice llevando alegría – Hola ¿Elías?-

 

 

 

F I N

 

 

© Claudio Alejandro Castro