Tesis Sobre la Primavera

09.05.2015 02:40

Tesis Sobre La Primavera

 

El aroma a sopa casera envolvía todo el interior de la modesta vivienda. Los cubos de colores perfectamente cortados, de todas las verduras que la componían, dibujaban un círculo danzante alrededor de la cuchara de madera, con la cual el solitario cocinero revolvía la cacerola. Un plato hueco y un vaso, aguardaban impacientes sobre la mesa.

Acercó la cacerola vieja hacia la mesa, y cuando con todo el entusiasmo reflejado en su rostro, se disponía a darle la primera probada, a la estupenda sopa, lo interrumpe el ladrido insistente de los perros afuera – ¡Justo ahora! - Se lamenta en silencio, imaginando el arribo de visitas inoportunas. Luego el sonido de palmas de mano, le avisan el llamado por parte de alguna persona en el exterior. Un poco molesto se pone de pie y se dirige hacia la puerta de entrada.

-¡Voy! – Exclama llevando energía en la voz – ¡Ya voy! - vuelve a decir y luego de tomar la llave del candado, depositada sobre una mesita cercana a la entrada y de abrir la puerta, llama a los perros a silencio y observa con la mirada a otro hombre menor en edad a él, de barba pronunciada. El cual se encontraba con ambas manos en los bolsillos de su chaqueta blanca y detenido frente al portón de ingreso.

-¿Usted es Julio?- interroga el extraño visitante.

-Si, soy Julio. – Responde, mientras intenta olvidarse del plato abandonado de sopa humeante sobre la mesa.

-Me llamo Pedro. – Dice dándose a conocer, el extraño visitante. – Perdóneme por venir a molestarlo a estas horas de la noche. Pero aproveché mi paso por la zona.- Agrega.

-No, está bien. Si me trae buenas noticias, entonces no se haga problema.- Julio mientras habla abre el candado y quita la pesada cadena metálica, con la cual impide la entrada.

-Creo que sí.- Responde Pedro enseñando una sonrisa en su rostro. –A pesar de la noche fresca, hoy regreso nuevamente a recorrer el interior ¿Usted es el hijo del finado titiritero?-

–Si, también es mi oficio, al igual que lo era para mi padre. Tengo un pequeño taller donde enseño a las personas mi arte y por supuesto hago espectáculos callejeros.-

-Lo felicito. Yo era vecino suyo. Nací y viví aquí cerca durante mi niñez y recuerdo a su padre y su espectáculo teatral, el cual brindaba gratuitamente en el parque principal los fines de semana. En cierta forma, hago algo parecido a usted. Puesto que ando con una casa móvil, preparada especialmente para recorrer el país y con la cual, me detengo en algunos pueblos donde las bibliotecas no llegan y leo gratuitamente literatura y poesía. La gente en agradecimiento, me alimenta u otras veces también trabajo en la tierra o en lo que se precise. –

 

-Somos ambos artistas en cierta forma. Pero verdaderamente me intriga el motivo por el cual, esta noche fresca de primavera lo trajo hacia mi puerta.-

- Cierto, el motivo – responde Pedro. – Hace algunos meses atrás, en uno de esos pequeños pueblos perdidos existentes en el interior, los cuales continúan viviendo como a principios del siglo pasado. Me encontré para mi sorpresa, con muchas personas con las cuales compartíamos el gusto por la poesía, y sumado a otro motivo en especial, me ayudaron a decidir a quedarme y compartir mis conocimientos con ellos. Luego con el tiempo y ya en confianza, me contaron sobre quien les había inculcado el arte de la poesía antes de mi llegada. Una mujer que los visitaba con frecuencia y la cual además poseía un taller lejos de ahí, en donde enseñaba artes plásticas gratuitamente, pero se encontraba enferma y a pesar de ser amante de la poesía y las artes, no podía acercarse a nuestras reuniones. Cuando me sugirieron el poder visitarla, sin dudarlo los acompañé.

Una tarde, luego de adentrarnos entre las montañas y manejar durante varios kilómetros finalmente divisamos su casa, la cual estaba casi en penumbras y era muy fría por dentro. En su interior atravesamos una larga galería sombría, utilizada como recepción. Haces de luz iluminaban el lugar, abriéndose paso entre las sombras de los árboles. Cuando mi vista se acomodó al lugar...comencé a ver, lienzos y pinturas, también acrílicos secos destapados sobre la mesa. Algunos cuadros en las paredes y otros como esperando su turno, se hallaban en el suelo. En un momento me detuve maravillado, al ver un cuadro sin terminar, en el cual ella trabajaba antes de enfermar, y que tenia un estilo vitreux, donde reflejaba en la gama de los rojizos, un corazón quebrado en pedazos. Luego de observarlo por unos momentos, me dirigí hacia el fondo de la casa y finalmente, me encontré con una bella mujer. Ella se puso muy contenta por nuestra visita y nos pidió por favor quedarnos, a lo cual todos aceptamos y para ello, acampamos en el exterior de la casa y nos repartimos tareas. Algunos salían de caza, otros levantaban los vegetales de la huerta sembrada y otros cocinaban.

A veces, la ayudábamos a salir al exterior y encendíamos grandes fogatas, buscando mantenernos calientes bajo la fría noche. Ella aprovechaba al vernos a todos reunidos y comenzaba a leernos poesía, mientras miles de pequeñas chispas disfrazadas como luciérnagas, escapaban hacia el cielo. Con los primeros versos, el timbre de su voz se iba encendiendo, como una estrella alumbrando un universo nuevo y luego, lograba mantener la atención y el silencio de todos los presentes, al volverse su voz fuego. Cerrando los ojos, algunos podíamos elevar nuestros sentidos y acariciar en ese vuelo, flores amarillas y rojas de texturas suaves, sembradas en las altas nubes y tendidas al sol naranja del atardecer, mientras el viento nos empujaba hacia el cielo infinito.

Flores con aroma a vida, las cuales cada uno de los que compartíamos esas maravillosas noches, cobijamos aún hoy en el suspiro de nuestro pecho, como nidos de gorriones pequeños.

Cada lectura echa por ella se volvía inolvidable, como sus ojos grises bañados por el brillo de la lejana luna.

Pero esas luces se perdían como un velero en la tormenta, cuando atravesábamos la sala y ella se encontraba, con ese corazón hecho trizas de su cuadro inconcluso.

Semanas después, mientras manteníamos los dos solos una charla sobre literatura universal y pintura, fue cuando finalmente me animé a preguntarle, mientras peinaba su largo cabello lacio y dorado, sobre el significado del cuadro y me explicó con un nudo en la garganta y sus ojos cristalizados, que en su interior ese corazón se había vuelto arena, producto de una prolongada ausencia.

Una ausencia bañada primero, en dolorosa soledad y luego, la causa verdadera de su enfermedad… – Pedro hace una larga pausa en el relato.

El semblante sombrío de Julio, comenzó a palidecer aún más...pero sus ojos, de mirada firme comenzaron a brillar...en su mente se agolparon varios recuerdos e imágenes...es ella...es ella...repetían los latidos de su corazón. Sus labios titubeaban, al no saber que preguntar primero

-¿Sabe? – Dijo finalmente - Es curioso, pero en el pasado conocí a una persona como la de su relato. Una mujer tan hermosa, a la cual el sol en cada amanecer, le depositaba un brillo especial en su ventana. Una mujer amante de la poesía como ninguna otra. -

- Es que los dos estamos hablando sobre la misma mujer. – Termina diciendo Pedro, mientras levanta su mirada hacia el cielo de estrellas intermitentes y quitando una mano del bolsillo de su chaqueta blanca, rasca su barba pronunciada.-

-¿Su nombre era Hebra? – Pregunta Julio disimulando su alegría al tener noticias sobre una mujer tan importante en su vida.

- Si, como olvidar su nombre. Ella fue el motivo por el cual regresé a mi lugar de origen, después de tantos años y por sobretodo, por el cual hoy me encuentro ante usted.- Respondió Pedro.

Le insistió durante varios días buscando conseguir su firma en la solicitud de inscripción. Finalmente, cuando Julio le explicó el porqué era tan imperioso para él, su padre con una enorme sonrisa en el rostro, la firmó y le dio unos consejos sobre el amor. Al otro día pasó por una librería y copiándose de ella, pidió un libro sobre poesía y un anotador en blanco, los cuales pagó con unas pocas monedas reunidas, haciendo teatro callejero de títeres en la puerta de una guardería de niños. Catorce años tenía en ese entonces y se había enamorado perdidamente de su vecina de cabellos dorados y ojos grises, un año menor en edad a él. Cruzó la calle y se detuvo con la solicitud de inscripción en su mano, frente al establecimiento donde se dictaba un taller literario gratuito de poesía.

Su rostro enseñaba nerviosismo y fue cuando escuchó a sus espaldas, la voz dulce de la niña, de la cual, mientras caminaba desde la librería hasta el taller literario ubicado a menos de cinco calles, Encerró su nombre dentro de cientos de corazones dibujados en gran parte del anotador nuevo.

- Julio ¿Sos vos? ¿Que haces acá?- Dijo Hebra sorprendida al verlo y Julio rápidamente antes de girar el

cuerpo hacia ella, antepuso el libro de poesía para que se observe claramente. –Hola – respondió, mientras tragaba saliva fuertemente - vine buscando aprender un poco sobre poesía… – Mientras señalaba hacia el libro -…para ver si puedo convencer a mi padre de utilizarla en los espectáculos de títeres.- pronunciando palabras ensayadas esa mañana, junto a dos títeres que los representaban a ellos, por si ella llegaba a preguntarle, el motivo por el cual estaba en ese taller.

-¡Genial! – Exclamó Hebra con alegría en la voz - entonces entremos juntos. -

Ingresaron al establecimiento y luego durante la duración del taller, Julio intentaba disimular su aburrimiento y solo pasaba el tiempo mirando en todo momento, hacia la hermosa niña de cabellos lacios y dorados hasta la cintura. Luego cuando se retiraron, la acompañó hasta la puerta de su casa y la despidió con un tímido beso en la mejilla. Durante varias semanas Julio llegaba primero de todos y aguardaba impaciente hasta encontrarse con ella. Uno de esos días de regreso del taller y sabiendo sobre la confesión de varios niños, en cuanto a su amor por la bella niña, la invitó al parque con una excusa y luego sentados en la banca, se animó finalmente y la besó en los labios. Hebra no se enojó y le pidió guardar el secreto. Así transcurrió un año, en el cual no dejaban de verse en ningún momento, incluso ella asistía los fines de semana al parque para ver los espectáculos de teatro, organizados por Julio y su padre, en los cuales ella también era invitada a participar. Pero los padres de Hebra enterados de su relación amorosa con Julio, le ordenaron terminarla, dado su condición de humildad, la cual no podía mezclarse con la de ellos. Con lágrimas en los ojos ella aceptó la decisión de sus mayores y luego, cuando lo cruzaba por la calle, bajaba la cabeza y pasaba por su lado, como si no existiera.

“Los sueños son un teatro y de la manera en que los actuemos, van definiendo nuestro destino” fueron las palabras dichas por su padre, ese día cuando Julio le confesó el amor naciente por la pequeña vecina, y le sirvieron para no abandonar la esperanza.

Cuando cumplió los veinte años, bajo una noche de primavera, volvió a cruzársela en una fiesta de cumpleaños de un vecino en común, y tuvieron su ansiada noche de besos y cabellos enredados, de caricias desesperadas y de amor desatado en lujuria.

Luego la familia de Hebra sospechando de su hija y su relación prohibida con el hijo del titiritero, decidieron partir llevándosela lejos. Al no tener una dirección donde siquiera poder empezar a buscarla, Julio se resignó a abandonar la esperanza definitivamente, pero en ningún momento de su vida, pudo realmente llegar a olvidarla.

- Ella cuando supo la ciudad donde nací, enseguida preguntó si conocía al titiritero y al dar mi respuesta afirmativa, me contó sobre ustedes.- Dijo Pedro, sin haberse percatado en ningún momento, de la mirada perdida de Julio viajando en el tiempo pasado.

- ¿Cómo se encuentra ella? – interroga Julio sintiendo en ese momento, como si el frio de la noche lo abrazara.

-Creo que esto le responderá su pregunta.- Dice Pedro y extrae un sobre blanco, el cual traía solamente el nombre de Julio escrito en su frente y en letra de mujer. - El corazón de una mujer, siempre será una barrera indescifrable para nosotros.- Agrega.

-¿Por que ahora? ¿Por que tuvimos esta mala suerte, volando siempre sobre nosotros y hemos perdido hasta la posibilidad de soñar con hijos? – Pregunta Julio con lágrimas en sus ojos, mientras recibe el sobre y se lamenta.

-Ella no podía morir, puesto que en cierta forma, estaba muerta desde la triste partida junto a su familia. Abrazando el dolor logró impedir que su corazón se vuelva negro y luego marchite. Fue la promesa pendiente y el amor por ti, los cuales la mantuvieron viva todo este tiempo.-

-La promesa hecha sabiendo que su familia nunca me aceptaría, y si alguna vez volvíamos a separarnos, ella volvería antes de finalizar la primavera.-

-Así es mi amigo, y hoy es el último día de primavera- dijo Pedro enseñando una sonrisa.

-Solía sonreír de esa manera al pensar en ella. – Dice Julio mientras alumbra también una sonrisa en su rostro.

-En la batalla que se sucederá dentro tuyo… – Con voz sincera responde Pedro –…para decidir sobre lo correcto. Solo piensa, en lo jóvenes e inexpertos que ambos eran en ese momento y si llegas a renunciar, perderás la oportunidad de responderte la pregunta, instalada desde hace tiempo en tu alma.-

-¿Realmente me amaba?- Piensa Julio en silencio.

-La vida es un gran ensayo, donde miles de personajes entran y salen, a veces en papeles pequeños y sin importancia. Esta tesis sobre la primavera, les tocó a ustedes representarla y darle vida, por ese motivo trae en blanco sus últimos párrafos y ahora es cuando, tienen la oportunidad de poder terminarla.-

-Gracias por todo – Dice Julio y se confunde en un abrazo de despedida. Luego se saludan con la mano y Pedro regresando a su casa-móvil, parte de nuevo hacia el interior del país.

Julio ingresa nuevamente al interior de la casa. Se sienta en una silla sin prestarle importancia, al plato de sopa ya fría, servido sobre la mesa. Comienza a romper el sobre mientras sus manos tiemblan. En un momento titubea y estrecha el sobre en su pecho, sus latidos envolvieron la habitación silenciosa...."calma" se dijo así mismo...calma. Decidió abrir el sobre, y desplegó el papel, reconoció enseguida la letra de Hebra y para sus adentros, mientras suspiraba profundo, comenzó a leer...Varias primaveras han pasado desde aquellos tiempos, en las cuales nuestras almas eran una sola...primaveras sin el perfume de piel, el encanto de tu sonrisa y tu dulce mirada...el destino marcó el surco más profundo dividiendo el oasis que creamos para nosotros dos…la distancia y no saber de ti fueron mi peor tortura, solo la esperanza de un "quizá con el pasar del tiempo pueda volver a ti" fue mi aliciente para seguir sintiéndome amada y el hilo fuerte de ese amor, me ayudó a aferrarme a este mundo...leer cientos de veces, miles de poesías dedicadas a ti, me sostenían y sumergían en el mundo imaginario donde tú y yo éramos los más cálidos amantes.

Solo resta pedirte perdón...por la cobardía de no poder enfrentar la situación, de no haber podido levantar la voz y gritar a los cuatro vientos cuanto te amaba, y que no quería dejarte…Quizás una vorágine de versos me dieron el coraje y ayudó a derribar los muros construidos por causas ajenas...anticipo tu perdón, y pese a los años transcurridos presiento tu amor aún latente, lo he sentido en todos los amaneceres...Ojalá recuerdes la escalinata de la estación de tren, en la cual solíamos cuando niños escondernos de la mirada de todos, para poder estar juntos... allí quedó nuestro mudo amor y su llama que nunca murió…allí quiero volver a tener tu mano acariciando mi rostro…allí te espero hoy...el último día de la primavera... y quizás sea la última primavera vacía de nuestras vidas…Te espero...antes de medianoche.

El corazón de Julio, dio un vuelco...había anochecido hacía rato...y no tenía noción de cuanto tiempo había pasado, desde el comienzo de la lectura de la carta...miró angustiado el reloj negro de pared, y lo descubrió marcando cinco minutos antes de las once de la noche... si me apuro...llego...pero ¿Que le diré?

En minutos, recobró la fuerza de los años pasados...se miró al espejo y alejó los miedos, acomodó su cabello y su ropa, tomó el chaleco y salió caminando...la brisa fresca invadía su rostro...sentía como si sus pies, no tocaban tierra, sino que iban por un colchón de flores aterciopeladas...pronto divisó las luces de la estación, hilvanó miles de frases para el encuentro ¿Cual...cual sería la adecuada? el pasillo del andén se tornó más largo aún. Las luces de los carteles y sus lágrimas, no lo dejaban ver bien, solo divisaba parte del muro del costado de la escalinata. ” No veo nada...no hay nadie...será mentira...ella no estará...”

Miró la hora...faltaba media hora para medianoche...cuando de pronto la brisa fresca, ya no era tal...un viento cálido invadió su cuerpo...la silueta de una mujer apoyada en la baranda lo hizo detenerse en seco.

Ella esperando, miraba para el otro lado...se acercó…dudaba...el viento sopló mas fuerte e hizo correr la pañoleta usada por la mujer, y dejó ver un largo cabello rubio y lacio...el se acercó, la tomó suavemente y la llevó con desesperación a sus labios. Hebra, antes del beso…solo pudo exclamar...Amor...y con su delicada mano, acariciar el rostro ahora con signos del paso del tiempo, del hombre que había amado en silencio durante tantos años, Julio tomó las manos de Hebra, las llenó de besos...fue el momento en que la poesía quedó muda...no había palabras para describir ese bello momento...en aquella fría estación se sentía viva, la llama nuevamente…las luces flotaban, el amor danzaba, las manos se unieron y terminaron de crear ese vitraeux inconcluso...ambos podían sentir que ni el capricho del mas obscuro de los dioses podría volver a separarlos.

Pedro se encontraba a lo lejos, sentado y atrincherado detrás de un periódico. Secaba sus lágrimas...mientras su alma descifraba los versos vertidos al aire, en la escena que observaba.

 

La primavera llegaba a su fin...la última de tantas primaveras sombrías, el verano se abría paso trayendo la madurez al amor de Hebra y Julio. El estío dejó sellado el punto final, de la tesis sobre la primavera.

 

F I N

 

© Claudio Alejandro Castro