Uvas Marchitas
Uvas Marchitas
- Uvas marchitas – leyó en la hoja amarilla que llevaba impresa las bases del concurso sobre poesía, que había retirado minutos antes. – Tengo que imaginar un poema sobre estas dos palabras para graficarlo – se decía intentando no desanimarse ante el desafío. – Para un pintor creo que debe resultar más fácil – seguía pensando – pero para una escritora es no caer en la repetición, de la vid y el amor ¿Pero qué imagen distinta puede haber sobre una uva marchita? - Terminó de pensar.
Pasaron varios días, en los cuales el anotador personal de 48 hojas que siempre utilizaba, dormía sobre aquel escritorio de roble viejo, que había heredado de una tía fallecida hace algún tiempo. En ese lugar ella disfrutaba de pasar horas y horas creando poemas, pero todo ahora se volvía distinto e inclusive raro. Siendo la primera vez que ingresaba en un concurso y teniendo que escribir sobre un tema definido y con reglas impuestas, era como si la libertad de pensar tuviera un freno en su mente.
Inclusive cuando tomaba un baño, no podía despejarse de las palabras impuestas para el concurso. – Uvas marchitas. –
Una noche fría regresando a su hogar, traía la mirada fija al suelo y caminaba en silencio sin observar hacia los costados. Los pocos vecinos que andaban a esa hora por la calle, la reconocían y la saludaban, pero como si estuviera poseída por algo, ella continuaba su marcha rápidamente, sin percatarse de nada de lo que acontecía a su alrededor. Al observar que llegaba a su domicilio se sintió finalmente aliviada, abrió la puerta e ingresó sin quitarse el abrigo gris que traía puesto, como era su costumbre. A paso acelerado recorrió el pasillo apenas iluminado que la separaba del escritorio. Cuando lo encontró, se sentó y encendió una lámpara cuya pequeña luz, parecía desgarrar la obscuridad reinante a su alrededor. Tomó el anotador personal que descansaba sobre el escritorio de roble viejo y venciendo sus temores, comenzó a escribir una frase que parecía quemar su cabeza y la cual estuvo reteniendo durante todo el día en su mente.
Una pequeña composición de palabras siguió a otra y una hoja arrancada con furia del anotador a otra. El trazo de su escritura sobre la hoja, era el único sonido que podía percibirse en la quietud del hogar. Finalmente al cabo de unos minutos en las cuales no se movió de la silla, encontró la primera frase: “Vivir es intentarlo, pese a no tener éxito alguno.”
Una sonrisa de satisfacción comenzó a dibujarse en sus labios, al darse cuenta que finalmente había llegado la frase que tanto había imaginado. Luego de revisarla varias veces con su mirada, suspiró con cierta calma al sentir que nuevamente la inspiración despertaba en su interior y continuó escribiendo:
“Vivir es intentarlo, pese a no tener éxito alguno.
Intentar obtener cosas, hasta darte cuenta que no las necesitas.
Darte cuenta que te encuentras cansado por el esfuerzo, pero no quieres irte a dormir y así rendirte.
No rendirte cuando tu corazón está roto y algunos piensen que será fácil de reemplazar.
Reemplazar el amor, que cuando lloras como manantial y se seca la raíz, puedes ver el desierto que se vuelve tu interior, así como una uva marchita.
Como un racimo de uvas marchitas que te demuestran que realmente viviste sin dejar que el amor se desperdicie, aunque te duelan todos los huesos. Aunque sangres por mil heridas y sepas que vale la frase del comienzo: Vivir es intentarlo, pese a no tener éxito alguno.”
F I N
© Claudio Alejandro Castro
