Violeta
Violeta
Puntual, como cada sábado, se acercaba lentamente y se detenía frente a la florería. A través del cristal de la vidriera, podía verla, tan hermosa como siempre. La muchacha andaba envuelta en sus tareas, por lo cual no le prestaba atención en lo más mínimo, pero él igual la imaginaba, hablándole del amor en el silencio de una caricia o en la noche, atrapando estrellas con su pelo moreno.
Cuando llegaba la hora de cerrar, ella tomaba unos libros y apuntes, bajaba la persiana metálica y luego se atropellaba con la multitud. Que apurada, pujaba por volver rápido al calor de su hogar.
Caminaba unos pasos detrás de ella, buscando que el viento le acerque su perfume y luego, se detenía a verla subir al autobús y mientras la veía alejarse, se preguntaba, cuándo finalmente se animaría a hablarle.
La descubrió por casualidad hace unas semanas. Cuando el autobús en el que viajaba habitualmente, tuvo un desvío del recorrido. Le sirvió haber llegado varias veces tarde a su trabajo, para enterarse de más datos sobre ella (solo acudía ese día de la semana, porque debía reemplazar a la propietaria, que era su tía).
Todos los sábados lograba salir un rato antes del trabajo, usando por excusa, el asistir a un tratamiento médico y de esta manera, llegar a verla aunque sea por unos minutos.
Sin buscar llamar la atención, continuó visitando el lugar, pero uno de esos sábados, se encontró con la florería completamente deshabitada, y en el centro del cristal de la vidriera, un cartel anunciando la venta del lugar.
El sabor agrio del lamento, lo invadió por completo, al comprender que en una ciudad tan grande, era casi imposible volver a verla. Seguía frecuentemente visitando el lugar, pero solo observaba, la suciedad cubriendo gran parte del interior del negocio vacio, y los sobres dejados por el cartero acumulándose bajo la puerta. Finalmente cuando se apagó la luz de esperanza que traían sus ojos, entendió lo inútil de seguir acudiendo al lugar y cansado, dejó al tiempo la tarea de encargarse de quitarla de su corazón.
El emigrar del hogar paterno, de sus hijos ya crecidos, la ayudó para terminar de decidirse a pedir el divorcio, él cual le llevó unos años más poder lograrlo. Al repartir los bienes, la casa donde vivía fue lo que le correspondió. Luego de remodelarla por completo, comenzó a sentirse más cómoda y en paz con su interior. Contaba ya con 50 años de vida, y el promedio entre las mujeres, para volver a enamorarse a esa edad, le indicaba la probabilidad de continuar en soledad, en la nueva etapa por vivir.
Como de costumbre, esa mañana subió a su automóvil y encendió el motor, el cual rugió suavemente. Puso primera y salió en dirección hacia el hospital donde trabajaba desde hacía 20 años, pero luego al detenerse en un semáforo, recordó su juventud y la florería donde ayudaba a su fallecida tía, a la cual por problemas de la vida, no pudo volver a visitar. Pensó que pasar por allí, no la demoraría mucho y solo le costaba una pequeña desviación en el camino.
Llegó a la calle donde se hallaba el viejo negocio y sus ojos se llenaron de emoción, al verlo nuevamente abierto, notó que a pesar del tiempo, el mismo presentaba muy pocos cambios. Recuerdos felices del pasado, le invadieron la memoria.
Se detuvo y apagó el motor del automóvil. Por unos momentos permaneció sentada y observando en silencio, mientras pequeñas lágrimas de alegría recorrían sus mejillas. Cuando se decidió, descendió y se acercó hacia el negocio, algunas personas salían llevando ramos de flores del mismo. Pero lo que más le llamó la atención, fue ver en mitad del cristal de la vidriera, su nombre grabado en letras grandes y blancas, pensó en la casualidad y luego entró al negocio.
En el interior se encontró con enormes variedades de plantas y flores, las cuales se hallaban en venta, cuando llegó al mostrador, observó a un hombre un poco mayor a ella, el cual llevaba puesto un guardapolvo blanco y que atendía amablemente a unos clientes. Aguardó con paciencia, mientras continuaba observando el lugar y lo encontraba, como cuando ella trabajaba allí en el pasado. Finalmente cuando los clientes se retiraron, se acercó hacia el hombre.
-Buenos días – fue lo primero que dijo,- ¿Usted es el dueño del lugar?- Interrogó con deseos de averiguar un poco más. El hombre la revisó con la mirada antes de hablar y disimuló cuando la reconoció.- Buenos días. Si, soy el dueño del establecimiento, me llamo Julián- dijo y luego agregó con voz sincera - lo adquirí hace muchos años. Recuerdo que mi padre era dueño de una importante empresa y yo, como su sucesor, contaba con una prometedora carrera por delante, pero a pesar de tenerlo todo, me sentía vacio. La casualidad quiso traerme a este barrio y esta calle, y luego pude entender, al ver a través del cristal de la vidriera de esta florería, que por dentro, solo deseaba volverme un simple hombre, el cual podía a llegar a conformarse, con mucho menos. Así fue como contando con 25 años de edad, me decidí a abandonar todo. Luego hablé con la anterior propietaria y le conté sobre mis planes de comprar el lugar y volver a abrirlo, pero dejando conservar su esencia de origen, la cual aun flotaba en su interior, como el perfume de la bella criatura, que aquí trabajaba, la cual podía volver el aire más puro y llenar de vida, todo lo que roce con sus delicadas manos. –
-¿Usted conocía a esa muchacha y por eso le puso su nombre al lugar?- dijo curiosa la mujer, mientras revisaba al apuesto hombre con la mirada, el cual estaba vestido elegantemente, por debajo del guardapolvo que llevaba. Ella buscaba mientras en su mente, intentando recordar si lo conocía con anterioridad.
-“Violeta” el nombre que pertenecía a la muchacha, lo sugirió su tía, dado que la extrañaba mucho.- contestó Julián y siguió relatando – yo no sabía nada sobre jardinería y mucho menos sobre atender una florería. Sin embargo, la propietaria, estaba tan contenta por mi idea, que me permitió ir haciendo los primeros pagos, con lo poco ganado en la venta. A veces ella venía a visitarme o yo acudía a su domicilio, buscando escuchar sus sugerencias y consejos sobre plantas y flores, así fue como aprendí verdaderamente a atender este negocio, con el justo cariño y amor que precisa.-
Violeta extrajo un sobre con pañuelos de su bolsillo y limpió algunas lágrimas, las cuales comenzaban a bañar sus ojos. Ahogó un grito de sorpresa, cuando observó a unos metros por detrás de Julián, una especie de jardín de invierno, el cual contaba con infinitas macetas con cientos de radiantes Violetas plantadas en ellas. – Podría verlas – dijo con emoción en la voz. –Por supuesto – Respondió Julián, invitándola con su mano a pasar. Los dos se dirigieron hacia el interior del jardín de invierno y por un pequeño pasillo ubicado al centro, lo recorrieron. Ella maravillada y no pudiendo creer lo que veía, se encontró con más de doscientas especies distintas de violetas y de las cuales, algunas eran hasta exóticas. Cada una de ellas se encontraba perfectamente cuidada.
-¿Puedo hacerte una pregunta?-dijo Violeta con intriga en su voz.
-Adelante- Contestó Julián.
- ¿Pudiste hablar con la muchacha que trabajaba aquí y expresarle tus sentimientos?- Finalmente interrogó Violeta que pese a los intentos, no podía recordar al hombre.
-No,- contestó Julián comenzando a sentir un alivio, al poder luego de tantos años, quitarse la espina seca de lo profundo de su pecho y agregó – tuve miedo de hacerlo y me apené cuando ella dejó de trabajar en este lugar. Comencé a odiar mi destino, pero luego me di cuenta, que en ningún momento, la vida nunca me había impedido hablarle y fue entonces cuando comprendí, que ella se había vuelto mi verbo del principio y su aroma vivía dentro de mí. Entonces abandoné la cobardía y pensé en honrarla y cambiar mi vida, la cual era gris hasta ese momento.-
-¿Volviste a encontrarla?-
-No,- Julián suspiraba mientras hablaba. –Ella sin saberlo, me encontró a mí. Pero puedo ver, que a pesar de los años, aún continúa atrapando estrellas, con su pelo moreno. – Dijo mientras la miraba fijamente a los ojos y continúo diciendo con ternura en su voz. -Finalmente con el tiempo, me di cuenta de lo único que me arrepiento en la vida y fue, de no haberte dicho lo que en ese momento sentía. Gracias a ti, comprendí que ser valiente, es la única manera de hacer posible, lo imposible.-
Violeta confundida ante todo lo bello que le estaba sucediendo, no volvió a hacer otra pregunta. Terminaron la recorrida del lugar y luego ambos se dirigieron hacia la puerta principal en silencio, se despidieron con la mano y ella subió al automóvil. Luego encendió el motor y pensativa, esperó unos minutos mientras lo veía a Julián a través del cristal de la vidriera.
Apagó el motor y nuevamente bajó del vehículo, al recordar que lo había visto en el pasado caminar detrás de ella, y se preguntaba cuando ese chico tímido y tan lindo, se animaría a hablarle.
En el interior de la florería, lo encontró a Julián mirando hacia el jardín de invierno, ella se acercó y le dijo mientras sonreía – ¿Te molestaría si alguna vez paso por aquí y vamos a tomar un café? -
Julián sorprendido, contestó –No, no me molestaría.- Sin dejar a los miedos desnudarle el alma nuevamente y permitirle robar sus deseos. Luego Violeta subió al automóvil y abandonó la zona donde estaba ubicada la florería, para retomar el camino hacia el hospital donde ella trabajaba.
Julián con alegría en su rostro, mientras la veía partir, pensaba en la certeza de las palabras, que alguna vez escuchó de boca de la anterior propietaria del lugar. “Durante toda tu vida puedes ver cientos de flores, pero solo veras el amor que dentro de ellas se encierra, cuando las mires, a través del prisma de tu corazón.”
F I N
© Claudio Alejandro Castro
![]()